¿El fin de las mascarillas?

Casi de manera generalizada, el pasado 20 de abril el gobierno español decretó el final de la obligatoriedad del uso de mascarillas en espacios interiores, debido al COVID-19. Sin embargo, pese a la evidente buena noticia, hay muchísimas personas que insisten en llevarla.

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¿Por qué? Decir que tienen miedo sería lo evidente, y aún más debido a que hace ya más de dos años que empezó una pandemia que ha tenido efectos devastadores en nuestra sociedad, por lo que un regreso a la normalidad debería ser el principal aliciente para los ciudadanos. Por lo visto, muchos prefieren seguir respirando su propio aliento.

Tal vez se trate de algo más profundo. Vivimos en una sociedad dirigida por la ideología individualista, donde lo importante es "realizarse", conseguir el éxito personal, lograr las propias metas. Todo eso no tiene que ser malo, pero es que se ha alzado hasta la cima de todos los valores, hasta teñirse de aspectos religiosos una vez que se ha descartado otra vida mejor que esta.

Para que el individuo no sea molestado en ese camino, una de las ventajas que le confiere la mascarilla, y la pandemia en general, es la "distancia social", es el anonimato aún mayor que da ese rostro enmascarado, el cual ya era casi irreconocible enmedio de las grandes ciudades, donde el rostro neutro sin expresar emociones ya era una especie de mascarilla... Ese quedarse aislado en casa, teletrabajar y realizar todo tipo de gestiones mediante la tecnología y los medios proporcionados por ese artefacto que ya hasta los ancianos llevan encima, es el sueño dorado de quienes quieren hacer de nuestras sociedades una suma de egoísmos que desembocarían, mágicamente y sin quererlo, en el bienestar de todos (la mano invisible del mercado). No querer deshacerse aún de la mascarilla es un fetichismo, es no querer desprenderse de algo que proporciona seguridad en un mundo que parece haber perdido toda cordura.

Además, otro mensaje implícito en el uso de la mascarilla es advertirnos unos a otros de la peligrosidad de acercarnos demasiado. La expresión "cordones sanitarios" ya forma parte del lenguaje político desde hace mucho tiempo y su realización práctica ha demostrado ser muy útil: ya no debe haber unidad popular o familiar sin el intermediario sanitario correspondiente, es decir, mediante la injerencia del poder político que apruebe o desapruebe tal o cual unidad.

El conformismo y el colaboracionismo social ante hechos tan terribles como la desaparición del dinero físico (gente que paga 1 euro mediante Bizum en la tienda), la censura de noticias no conformes con el discurso del gobierno (desconexión de medios rusos o simplemente alternativos), el consumo irreflexivo y rápido de datos y noticias (controlado científicamente), la aceptación de la precariedad como inevitable (del proletariado al precariado), la compraventa de seres humanos (gestación subrogada), la eliminación de seres humanos indeseables (aborto, eutanasia), hace del porte voluntario de mascarilla un perfecto símbolo del futuro: LA OBEDIENCIA LIBERA.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.

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