¿Morir por Estonia?

Nirvana

Estonia es uno de los tres Estados europeos conocidos colectivamente como “las tres repúblicas bálticas”. Situado cerca de Finlandia, ha conocido junto a sus vecinas territoriales una historia convulsa, siendo tierra de asentamiento y conquista para alemanes, suecos y rusos principalmente.

El primer periodo de independencia política como tal lo vivió de 1918 a 1940. Cuando dejó de formar parte del antiguo imperio ruso (ya que en ese momento la naciente Unión Soviética estaba reorganizándose) hasta que fue reocupada por la URSS. Con la invasión alemana de 1941, que fue recibida como una liberación, estuvieron sometidos bajo el III Reich hasta 1944, con la entrada nuevamente de las tropas rusas. Así hasta el año 1991 cuando una nueva desintegración política en Rusia les dio la anhelada independencia hasta el momento actual.

Honey Girls Club

Para un Estado pequeño, que normalmente suele subsistir con permiso de sus vecinos más grandes, o bajo el amparo de alguna potencia con intereses en la zona, la vida transcurre en medio de una gran inquietud y alerta constantes. La historia de Estonia, en su último siglo, ha generado un sentimiento de incertidumbre que les posiciona contra Rusia.

Se puede entender, pero es necesario para cualquier pueblo entender y superar sus traumas históricos. Que los estonios, tras más de 30 años de independencia, siendo miembros de la UE y de la OTAN, integrados plenamente en la Europa liberal, en su economía, en su modelo político… Sigan creyendo que en cualquier momento pueden ser invadidos por Rusia, revela lo que el escritor y filósofo vasco Jon Juaristi llama “el bucle melancólico”, es decir, adelantarse a la pérdida para justificar su papel de víctimas eternas de un enemigo poderoso y malvado, también eterno: una situación en bucle.

Tal y como los nacionalistas catalanes frente al gobierno español, tal y como el pueblo elegido ante sus vecinos árabes, tal y como los afroamericanos ante el privilegio blanco… Hay en países como Estonia grupos y personas encargadas de cerrarle el paso al correr de la historia, de apelar a las emociones y, también, de atizar el fuego para que todos seamos reducidos a cenizas.

La actual primera ministra de Estonia, Kaja Kallas (1977), es un buen ejemplo de ello. Descendiente de deportados estonios a Siberia tras la Segunda Guerra Mundial, hija del antiguo presidente del Banco nacional de Estonia y ex primer ministro, hace poco declaró que Europa no debería repetir los errores de Estonia en los años 1930, animando a una mayor financiación e inversión en armamento.

El 25 de marzo esta política de derecha liberal homenajeó a los 20.000 estonios, entre ellos su madre y su abuela, que fueron víctimas en 1949 de una deportación masiva a Siberia. En una alocución emotiva se olvidó del motivo de esa deportación, con lo sencillo que hubiera sido decir que por oponerse a la política soviética. Pero no, tal parece un mero acto de maldad tal cual.

The Play Clubs

Cuando el 9 de marzo de 2023 rememora los bombardeos soviéticos sobre Tallin (la capital) en 1944, equiparándolos a “las tácticas de terror que usa hoy Rusia en Ucrania”, no hace más que fomentar cierta propaganda rusa que hace de Ucrania un seudo Estado nazi.

Cuando lo calla todo sobre la ocupación alemana de 1941-44, nuevamente fomenta esa identificación entre Unión Europea y nazismo contra Federación Rusa y comunismo. Creo que un simple vistazo a nuestras sociedades y a nuestra época debería desengañarnos: Kallas habla para los estonios, maneja emocionalmente sus miedos y no duda en implicar a toda Europa para que entremos en un conflicto abierto y armado, con sus muertos y destrucción, contra Rusia.

Cuando la Rusia post-soviética, ya dentro de la economía liberal, solicitó en los años 1990 su entrada en la OTAN, se vio rechazada. El motivo fundamental es que seguían siendo y son el enemigo de Occidente: su destino es el de convertirse en un territorio desmembrado, repleto de pequeñas Estonias; con identidades enfrentadas entre sí, como los microestados del tamaño de Estonia y, sobre todo, saqueados y manejados como marionetas de la medida de Estonia por parte de potencias que nada tienen que temer, y mucho que ganar, de una futura guerra.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.

Últimas noticias