Opinión | Jordi Garriga

España a elecciones de nuevo

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En tiempos pasados se difundió la creencia de que si se mejoraban las condiciones materiales de existencia: vivienda segura, comida suficiente, alfabetización, higiene… la humanidad, entendida como un todo unitario, alcanzaría cotas de sabiduría y ética que transformarían este planeta en un paraíso terrenal. No podemos culpar a nadie de este error, ya que la norma en Europa era la miseria para la inmensa mayoría.

Lamentablemente, esos filósofos de antaño no vieron o no pudieron ver que precisamente los mejor alimentados simplemente reproducían, a otro nivel, la misma miseria mental de competencia despiadada entre ellos y contra otros, a pesar de gozar de mejores condiciones de vida. Extender la abundancia ciertamente alargaría la esperanza de vida de muchos, pero ese crecimiento no iba a producirse en otras áreas: el honrado siempre es honrado y el ladrón siempre es ladrón, naden en oro o vivan bajo un puente.

En nuestra España actual podemos constatar esto mediante varios ejemplos. En este siglo XXI se han alcanzado cotas de bienestar que nuestros abuelos no pudieron ni soñar, pero ello no ha producido una sociedad de ángeles, sino más bien de gentes ávidas de poder y dinero sin límite alguno.

La política de los últimos 40 años es una perfecta muestra. Todos los partidos políticos, sean del signo que sean, son las bandas en lucha por repartirse el pastel del gobierno sin vergüenza alguna. Cada partido lucha por su interés y se acabó: España existe como la gallina ponedora que les suministra los dividendos y nada más: si fuera necesario matarla, lo harían.

En la línea de su inexistente ética, que no va más allá del día a día, importando muy poco cualquier coherencia, no dudan en sacar rendimiento de los muertos mediante leyes de Memoria histórica, donde el respeto y el luto se sustituyen por odio y recuerdo permanente que nadie puede sanar (y nadie quiere sanar si la enfermedad da réditos). Esto lo hacen personas bien alimentadas y vestidas.

La violencia social es un caldo de cultivo adecuado para tener enfrentada a la sociedad eternamente: extranjeros violadores, mujeres con pañuelo, mujeres asesinadas, tiroteos, delincuentes impunes… Las grandes ciudades son ahora las urbes del miedo que rodean a una España vaciada ante la indiferencia de su clase política. Esto lo hacen personas bien alimentadas y vestidas.

Y ahora, la actualidad manda, se convocan elecciones generales nuevamente en España. Nuestra patria, que podría ser un lugar mejor para vivir, ha de ver como los políticos se enfrentan entre ellos como perros rabiosos en lugar de ser los, teóricos, servidores del pueblo. Porque hay que ser muy inocente para creerlo: a pesar de los conflictos sin resolver que nos asolan, la clase política sigue a lo suyo y vive realmente en otro mundo.

Nos regresa otro teatro político, en el que reina el poder de las encuestas, donde el bipartidismo nuevamente asoma la cabeza, tal y como pasaba con la Restauración, tal y como pasaba con la II República: el turismo entre derecha e izquierda para contentar a toda la oligarquía, bien alimentada siempre en todas las épocas… ¿O es que ahora iba a ser diferente? Bienvenidos a la rutina, voten con miedo y cierren bien la puerta de su casa.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escritor, articulista y traductor. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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