Esclavos, mascotas y obreros

cola inmigrantes

“El sueño de la razón produce monstruos”. Francisco de Goya.

A muchos de nosotros nos agrada tener una mascota en casa: un perro, un gato, un hámster, un pez… Es un miembro más de la familia a quien le damos un nombre, cuidamos y de algún modo nos reconforta su presencia, a menudo preferible a la de ciertos humanos. También es cierto, en la inmensa mayoría de los casos, que al formar parte de nuestra casa, no forma una casa aparte, no suele formar su propia familia, no le buscamos pareja. En definitiva, no deja descendencia propia. Si muere, y deseamos seguir teniendo un amigo leal en nuestro hogar, simplemente compramos o, mejor, adoptamos otro animal.

Para que haya más perros o gatos, hay dos vías: o bien criaderos que seleccionan las razas más buscadas y comerciales (cada época tiene su bicho de moda), o bien los animales callejeros. No es normal que en una casa asuman el coste de la crianza de unos animales, tal cual, si no es para vender, para hacer negocio.

Del mismo modo, en la Antigüedad, durante muchos siglos en Roma los esclavos eran propiedad absoluta de su dueño. No tenían personalidad jurídica, ni posesiones, ni familia. El esclavo no tenía derecho al matrimonio ni a ejercer de padre o madre, ya que, si tenía hijos por alguna circunstancia, éstos eran vendidos tal como hacemos con las mascotas. Su función era la que hoy asignamos en buena parte a los actuales electrodomésticos: incluso en las subastas de esclavos había un periodo de garantía y los vendedores estaban obligados a dar al comprador otro esclavo si el anterior tenía algún defecto oculto…

La economía romana y buena parte de la antigua funcionó perfectamente mediante la esclavitud. Las conquistas de territorios significaban remesas nuevas de mano de obra que enriquecía al Imperio, hasta que ese sistema colapsó, claro. Porque tal como pasa con los animales, el único modo de remplazar a los esclavos era con otros capturados manu militari.

Actualmente, algo de eso está sucediendo en Occidente. La familia, que era el sostén y el refugio del individuo, ya ha quedado atrás en nuestras sociedades modernas: se alaba y se alienta la vida solitaria y los métodos que mantienen ese estatus (aborto). La economía se vuelve despiadada y los mercados presionan y presionan para que los beneficios no paren nunca de crecer, lo que se traduce en que cada vez es más difícil formar una familia, tener hijos, tener una casa propia… tal como esclavos, tal como mascotas, nos convertimos en seres aislados que tienen que luchar, todos contra todos, para sobrevivir. La productividad no nos da más felicidad ni tiempo libre, sino que nos la quita, al tiempo que nos convencen de que ello es producto de nuestra torpeza individual…

Que la familia y la comunidad se destruyan no inquieta lo más mínimo a los gobernantes, ya que una sociedad sin vínculos identitarios, históricos o culturales es perfecta para ellos, un agregado de personas aisladas luchando entre ellas para poder vivir. Y en cuanto al recambio generacional, no hay problema: en la periferia, en las afueras de Occidente, el llamado tercer mundo proporcionará masas y masas de trabajadores ansiosos y agradecidos de poder escapar de allí, sin parar, como una parturienta infinita. No es una trama para aniquilar a Europa, sino algo peor: una economía de rendimiento total que lo engulle todo, hasta que el planeta acabe colapsando.

Los habitantes de Occidente, otrora guerreros y artistas y ahora reducidos a su condición económica, tal como los esclavos perdían su condición humana, tal como las mascotas pierden su condición animal (domesticación), estamos abocados a la extinción en cumplimiento de los sueños de la Razón: cuando la bondad y la maldad, los sentimientos, los deseos y la ética se racionalizan, contabilizan y numeran, el ser humano dueño del mundo desaparece, y aparece el ser humano esclavizado y cosificado por sus propias creaciones.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escritor, articulista y traductor. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
Últimos artículos publicados

Titulares de portada

Los más leídos del mes

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y poder ofrecerle contenidos o publicidad de su interés. Si continúa en la página, consideraremos que acepta su uso.