La derrota de los indefinidos

pablo iglesias llorando

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“Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.” (Mateo, 6:24)

Los números no engañan: en las elecciones autonómicas de Galicia de 2016, la coalición vinculada al proyecto de Podemos obtuvo 14 diputados, mientras que en 2020 ha desaparecido por completo del parlamento de aquella región. Sus votantes parecen haber optado de manera masiva por el separatista Bloque Nacionalista Gallego, que ha ganado 13 diputados de golpe, mientras que el PSOE ha ganado uno y el PP ha obtenido el mismo número de asientos. Y con una participación más elevada, además.

En las Provincias Vascongadas, algo similar: de 11 escaños obtenidos en 2016 ha pasado a 5 y ha perdido la mitad de los votos, que, viendo los resultados, parecen haberse distribuido entre los separatistas de Bildu y en menor medida hacia los socialistas, como en el caso gallego. Debacle en ambos lugares.

¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? Por supuesto, hay varios factores como el desgaste por formar parte del gobierno español, los escándalos, la manifiesta falta de realismo de sus actuaciones y, sobre todo, la volatilidad de un electorado de izquierda que se halla mental y espiritualmente secuestrado por la mentalidad feudal. Porque lo que constituye un hecho innegable es que sus votantes, en esas regiones, no creen en ningún proyecto español, aunque diga que es “plurinacional” y se vista con los colores de la bandera tricolor.

En toda Europa los movimientos regionalistas y/o separatistas suelen ser conservadores, reaccionarios, cuando no veladamente etnicistas radicales. En España, es todo lo contrario: la izquierda se ha tragado por completo la propaganda franquista que ensalzaba al bando vencedor de 1939 como la verdadera España, siendo sus enemigos la “anti-España.” Resulta cómico que los autoproclamados campeones de la hegemonía cultural hayan asumido e interiorizado ese mensaje. Dicen ser multiculturalistas, y cosmopolitas, y ciudadanos del mundo, pero no tienen problema en afirmar que existen naciones intocables dentro de España

Su absoluta falta de originalidad les lleva a copiar el fracasado discurso leninista de las nacionalidades de 1917, aplicado al inmenso imperio ruso donde había decenas de naciones y razas. Es la creencia en la bondad del egoísmo de los pueblos, que les impulsará a buscar su mejor beneficio si se les ofrece un buen contrato (pero ¿esto no es liberalismo?) para permanecer dentro de un mismo Estado.

Los grupos de izquierda como Podemos carecen de futuro si no son capaces de ofrecer verdaderas alternativas. No se puede ofrecer “no-patriotismo” a una masa de electores que, o bien se siente española, o de su región, o cosmopolita.

Estos últimos, los “ciudadanos del mundo” ya cuentan con su propia ideología consumista, de disfrute, de buena conciencia planetaria ante el cambio climático o los pobres negritos… ¿Para qué molestarles con derechos sindicales, sociales o simplemente comunitarios o familiares?

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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