El puñal de papel

♦ #StopCensura ¡Síguenos en Telegram!

El resultado de las elecciones regionales catalanas de este domingo 14 de febrero han sido las más extrañas desde las primeras tras el franquismo, en 1980.

Sí, buena parte de culpa la ha tenido la actual pandemia, que hizo votar a mucha gente mediante correo (un aumento de un 350% con respecto a otros años) y una abstención también muy abultada (46% de abstención). La mayoría de los colegios electorales dispusieron de muchos guardias de seguridad, recorridos habilitados para la entrada y salida, un horario especial para contagiados…

El resultado fue muy similar al que anunciaron algunas encuestas: el llamado “efecto Illa” efectivamente tuvo lugar, consiguiendo el partido socialista la mayoría de los votos y 33 diputados (antes 16), empatado con ERC, que solamente subió un diputado hasta los también 33. En tercer lugar, ha quedado la candidatura respaldada por el prófugo Puigdemont, JXCAT, con 32 diputados. En un inédito cuarto lugar ha llegado la candidatura de VOX, con 11 diputados (siendo la primera vez que se presentaba a estas elecciones) y más de 200.000 votos. Quinto lugar para la candidatura de extrema izquierda separatista CUP, que pasa de cuatro a nueve diputados, favorecida también por la gran abstención registrada. En el puesto seis queda la candidatura de PODEMOS que repite con ocho diputados. Las dos últimas candidaturas son el gran perdedor CIUDADANOS, que en 2017 quedó en primer lugar con 36 diputados y ahora se ha quedado a seis… El Partido Popular baja de cuatro a tres.

¿Y ahora qué? Solamente hay dos opciones claras de gobierno, y una más que la otra, de un parlamento con 135 diputados, estando la mayoría en 68. Por un lado, los nacionalistas podrían formar gobierno ERC + JXCAT (65 diputados) con el apoyo de los votos de la CUP (es muy improbable que entrasen en un gobierno). El punto débil de este gobierno es que ambos grupos compiten por el mismo segmento electoral, sus fuerzas están muy igualadas y, lo peor, es que no podrían cumplir con sus promesas de independencia catalana, que solamente engañan a los suyos y claro, pasar de las palabras a los hechos revelaría su enorme estafa moral (y además, estarían presionados por la CUP). La otra candidatura es más realista y puede presentarse como “un pacto de izquierda, progreso, etc”. Formada por el PSC + ERC + ECP, es decir, los socialistas, los nacionalistas de izquierda y los excomunistas. Su mayor debilidad estaría en los equilibrios de tal alianza: los socialistas serían acusados de vincularse con uno de los partidos con dirigentes encarcelados por haber querido proclamar una república catalana. Los nacionalistas de ERC serían acusados de aliarse con los “carceleros y represores españoles”… Y los de PODEMOS, de ser la mera comparsa de unos y otros.

La enorme abstención y el ascenso de VOX como voto protesta son una señal más de la degradación del Sistema. El voto individual ya no es percibido como algo útil, una aportación a las decisiones comunitarias, sino que se ha transformado en aquello que los ciudadanos ven: un arma contra esto o aquello sin más recorrido que la ocasión propicia para dañar. Ya hace tiempo que las opciones alternativas son percibidas como oportunistas o negocio de algunos, y las opciones “oficialistas” como mera institución donde habitan apparatchiks que gestionan los asuntos públicos de manera automática. El Sr Salvador Illa, la gran novedad de estas elecciones, es el típico ejemplo de político gris, correcto, que jamás se desvía un milímetro de la línea del partido y que tanto puede ser alcalde como ministro de sanidad como presidente de una región, eficaz y obediente.

Los dos millones y medio de abstenciones y los 200.000 votos a VOX son un síntoma. El Sistema político, económico y social actual parece haber convencido a la mayoría de su inevitabilidad, lo cual provoca la adhesión pasiva dentro de un juego reconocido de intereses cínicos entre grupos de poder y sus correspondientes hooligans acríticos (los partidos democráticos clásicos y sus votantes más o menos fluctuantes); la desafección pasiva de los abstencionistas que nada esperan y por eso nada desean de nadie; y finalmente aquellos que usan su voto como un puñal de papel, votando sin rubor alguno a candidaturas demonizadas, aunque sin más recorrido que el hacer daño sin demasiado riesgo personal.

Es decir, el mejor escenario que podría desear cualquier dictador.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.

Titulares de portada

Los más leídos del mes

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y poder ofrecerle contenidos o publicidad de su interés. Si continúa en la página, consideraremos que acepta su uso.