Opinión | Jordi Garriga

El posnacionalismo en Europa

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Una de las cosas más representativas de la Europa occidental es la cultura del Yo. Nada es más importante que la autorrealización de cada uno de nosotros: Eso lo logramos mediante un trabajo duro para lograr nuestros deseos y mediante la aceptación de los demás, lo cual hace engordar a nuestro Yo, que, repito, es lo más importante.

Esta cultura del individuo como medida de todas las cosas ha alcanzado en Occidente unos límites grotescos, ya que, si bien en el pasado el culto al desarrollo personal le permitió liberarse de dogmas y tiranías absurdas, vemos que este individualismo está generando a su vez nuevos dogmas y nuevas tiranías igualmente absurdas.

Podemos poner el ejemplo de aquellas personas que creen ser hombre o mujer independientemente de la biología; de esos pedagogos que instauran la tiranía infantil sobre unos padres esclavos de sus hijos; de ese feminismo que ya no pide la igualdad sino la disolución de toda diferencia real; de un arte que ya no expresa nada más allá del mundo subjetivo de su autor... Y esto también llega a la política, transformada en una autorrealización.

El caso del nacionalismo en Cataluña marca lo que es su nueva forma: El Yo es el rey de este mundo y todo debe plegarse a sus deseos y caprichos. Antaño, como era la norma, los individuos se sometían a un ideal superior, tal y como lo era la religión. Luego el nacionalismo pasó a ocupar en muchos casos el lugar de la religión, cuando se hacía de la nación un ídolo por el que se debía sacrificar todo.

Actualmente, tras el dramático siglo XX, con dos guerras mundiales, una guerra fría de 40 años, el hundimiento del comunismo y el triunfo del neoliberalismo, claramente se ha impuesto el Yo, autónomo y consumidor, como el centro de nuestra cultura, de nuestra sociedad.

Aquí es donde entra la actual forma de nacionalismo que impera en Europa, y de la cual el separatismo catalán no es más que una emanación radicalizada. Ya pocas personas están dispuestas a morir o matar por la idea de patria, porque eso haría desaparecer su Yo; las reivindicaciones nacionalistas están centradas totalmente en la economía y sus contrincantes usan también el mismo argumento. Todo el asunto catalán no ha generado en 7 años ni un solo muerto en ningún bando; la única reivindicación separatista se basa en el dinero. Es una ideología basada no en el sacrificio o la solidaridad, sino en la competitividad más grosera. Es un fin en sí mismo.

Pero lo peor no es esa nueva forma nacionalista que estaría basada en la cultura del dinero, sino que esa forma ha evolucionado hacia un posnacionalismo basado en el Yo. Es decir, los que hemos vivido de cerca este proceso hemos visto una evolución cuyas últimas formas nos recuerdan, o bien a un estado de histeria colectiva, o bien a un fenómeno religioso. Observando este asunto, creo que más bien se trata de una legitimación de los deseos del Yo.

El Yo es un ser moldeable y caprichoso, cuyos apetitos no tienen fin. Antiguamente, el militante nacionalista sabía perfectamente que debería matar o morir para alcanzar sus objetivos. Hoy, los nacionalistas catalanes desean hacer la revolución en horario de oficina, ir a la manifestación pacífica por la mañana y luego por la tarde regresar a su casa a cenar y el lunes a trabajar. Su deseo de independencia se basa en el capricho infantil del aquí y ahora, del porque yo lo valgo, de la desobediencia a todo aquello que obstaculiza sus deseos sean justos o no con la realidad, y por supuesto desean forzar la aceptación de sus tesis con las más desvergonzadas ilusiones y mentiras... El nacionalismo catalán es una destilación de la cultura occidental, su producto más y mejor acabado del Yo que persigue deseos mientras se mira el ombligo orgulloso de sí mismo, y que desprecia toda autoridad y toda norma que pueda impedir su narcisismo a toda costa.

Fácilmente manipulados y engañados por la adulación constante de una casta política, los egos buscan incesantemente la satisfacción egoísta dentro de una ideología que se supone perseguida y en poder de la verdad, y eso es el posnacionalismo: "mi Yo es bueno de nacimiento o adopción, ni siquiera debo pensar, sino integrarme en un grupo donde nos halagamos los unos a los otros mediante creencias ficticias."

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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