Opinión | Jordi Garriga

El Planeta de los simios

colau manteros

El cambio de orientación en la política municipal del ayuntamiento de Barcelona, que consistía en tolerar a los manteros, e incluso, porque no, alentarles a mantener una actividad a todas luces ilegal y perjudicial para el comercio local, es otro síntoma más de la decadencia ideológica de la izquierda europea.

Su sueño de un mundo sin fronteras, donde exista una especie de autorregulación social, inspirada en una hipotética bondad natural humana… es en realidad, ni más ni menos, que el éxito de la colonización mental a la que ha sido sometida la izquierda por las élites financieras anacionales (que ya no multinacionales), porque esas ideas son exactamente las viejas ideas que siempre defendió el capitalismo del “dejad hacer, dejad pasar” y de la “mano invisible” que restablece el equilibrio económico, pese e incluso gracias a los egoísmos individuales.

Más de una vez se nos ha plantado en las narices el ejemplo de la policía inglesa, que iba sin armas por la calle, o de iniciativas municipales en las que se dejaba tal o cual asunto en manos de la ciudadanía anónima, y funcionaba todo perfectamente. Bien, seguramente eso fue posible en otro mundo, en otro planeta. Pero ahora mismo no. Ahora estamos al borde del Planeta de los simios.

En otros tiempos se asoció el uso de la fuerza policial o militar, las restricciones y ciertas leyes con regímenes e ideologías totalitarias. Se comprobó que una vez desaparecían, los ciudadanos se comportaban con responsabilidad, por lo que era posible una sociedad más agradable para vivir. Correcto. El caso es que nadie vio el porqué.

Y es que apenas hace medio siglo, no había gigantescos desplazamientos humanos; existía una autoridad a la que se respetaba; todos conocíamos a nuestros vecinos; las sociedades en cada nación compartían los mismos valores; había frenos sociales potentes contra la influencia de los Mercados… Todo esto desapareció.

Tal como dice Diego Fusaro, los inmigrantes no se adaptan a las sociedades donde aterrizan, sino que todos somos convertidos en migrantes sin ninguna estabilidad; la autoridad que apenas se discutió en siglos, ahora es una mera opinión entre otras, y sospechosa de ser inadecuada; había un sentimiento de pertenencia nacional, de ser miembros de una familia (hoy estorbo para una presunta “realización personal”); ya no conocemos a nuestros vecinos, los cuales como buenos nuevos migrantes, cambian de lugar constantemente… Y en medio de todo esto se nos lanza el mensaje de que todo va bien, y si alguien es culpable, es precisamente quien lo denuncia (la ultraderecha, los neonazis, los fachas… una manera de llamarte bruja en el s. XXI).

¿Conocen algo del comportamiento chimpancé? Es interesante en primer lugar saber que la comparativa que establece que humanos y chimpancés somos iguales genéticamente en un 99% es absolutamente falsa. Sólo lo somos en una tercera parte: Somos tan similares como un Ferrari y un Seat Panda. Y en este caso se está alentando a que el Ferrari (la filosofía, el arte renacentista, la ética social) sea un Seat Panda (los manuales de autoayuda, Guggenheim, la ley de la selva).

Los chimpancés… Tal como ha escrito Nicholas Wade*: “la mayoría de los experimentos demuestran que los chimpancés carecen totalmente de sentimientos altruistas hacia otros chimpancés. Si un chimpancé es introducido en una jaula desde la que puede alcanzar una bandeja de comida para él o, sin gran esfuerzo, una bandeja que también proporciona comida a un vecino en la jaula contigua, la agarrará de forma indiscriminada: simplemente, no le importa que su vecino pueda comer o no […] Los chimpancés son verdaderos egoístas.”

Esto es lo que la izquierda no entiende: desatando el saciamiento de los instintos, liberando el deseo, destruyendo los límites y las barreras, se llega al Planeta de los simios, donde realmente puede haber de todo menos libertad.

*Licenciado en ciencias naturales por Cambridge, ex editor de la revista Nature y colaborador en Science. Especialista científico en el New York Times. Cita del libro Una herencia incómoda. Genes, raza e historia humana, pp. 55-56.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escritor, articulista y traductor. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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