Opinión | Jordi Garriga

El negocio de la solidaridad

intermon-oxfam

El reciente escándalo que ha tenido como protagonistas a empleados de Intermon Oxfam en Haití, donde parece ser que organizaron orgías con prostitutas a cargo de la organización humanitaria, es a todas luces un hecho vergonzoso y repugnante, por supuesto. Pero intentemos ir un poco más lejos.

Estas ONG, organizaciones no gubernamentales, realmente ¿para qué sirven? Normalmente se suele responder que se dedican a combatir el hambre en el mundo, a llevar medicinas y construir hospitales donde no hay, a proteger el medio ambiente, etcétera... Parece algo muy loable, pero tiene truco.

El hecho de que haya habido este abuso en Haití, junto a otros que ahora están saliendo a la luz incluso desde España, es un indicador de que las ONG son, sobre todo, un modo de vida que se perpetúa en el tiempo y que nada soluciona. A pesar de capitanear una presunta sensibilidad por los problemas del mundo, en realidad su comportamiento apenas dista de las multinacionales depredadoras.

En realidad, estas organizaciones tienen su estructura, sus trabajadores, sus subvenciones (quien paga, manda), y sobre todo sus objetivos. Sus objetivos normalmente no tienen en cuenta la verdadera problemática de la sociedad en la que operan. Habitualmente, sus actuaciones están subordinadas a unos intereses concretos. Por ejemplo:

-Suministrar alimentos con la excusa de las hambrunas, para impedir el desarrollo agrícola autóctono.
 Abrir hospitales y contratar a los mejores médicos locales para destruir la sanidad pública del país.
-Promover la paz social para mantener la estabilidad política, aunque se trate de una dictadura.
-Instalar ideas y métodos occidentales que sustituyan las concepciones propias de la identidad tradicional.

Es muy evidente y sencillo ver que las ONG son los perfectos sustitutos de las Misiones cristianas. Desde el siglo XV se expandieron las mismas junto a los ejércitos coloniales por todo el planeta, difundiendo la religión mediante la apertura no solamente de templos, sino escuelas, hospitales, centros de beneficencia... Ahora se trata de Misiones neoliberales.

Porque ya no se trata de solidaridad, sino de rentabilizar las poblaciones y los recursos del planeta. Pues allí donde conviene, se instalan estas organizaciones y empiezan a trabajar a todo ritmo, pues hay un programa y unos objetivos a cubrir: mantener o derrocar el gobierno local, occidentalizar tal o cual sociedad, controlar tal o cual zona estratégica. Todo con la mejor conciencia posible.

Mi padre, socarronamente, me comentó hace muchos años que los "pobres negros" ya pasaban hambre cuando él era pequeño. Y también que en su infancia pasó tantas privaciones como los africanos y que nadie vino a darle nada... Evidentemente, el problema es más complejo que esto, pero sí que está claro que un hospital o unos camiones con comida apenas solucionan nada. La mejor solidaridad siempre empieza en casa con nuestras manos, y no en nuestro bolsillo en lejanos países que, en realidad, ni siquiera nos importan.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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