Opinión | Jordi Garriga

El Islam y la izquierda

musulmanes

Hace algunos años, casi ninguno de nosotros en España sabía cuándo se celebraba el Ramadán, ni en qué consistía exactamente. Ahora, sabemos perfectamente cuando empieza y cuando acaba.

Hace más años todavía, en los pueblos había el "moro del pueblo", el "negro del pueblo"... Ahora en algunos barrios ya se debe hablar del "blanco del barrio". Es más que evidente que estamos asistiendo a una transformación de nuestra sociedad, aquí y en Europa en general.

Los más entusiastas con los "recién llegados", con los inmigrantes, es la izquierda política actual. Poco tiene ya que ver con el viejo marxismo, leninismo, estalinismo, etc. La izquierda hace muchos años que es "ecologista", "antirracista", "tercermundista", y lo que es peor: socialdemócrata y progresista. Los cipayos del sistema neoliberal.

Digo esto a cuento de las actitudes de condescendencia, tolerancia e incluso entusiasmo que líderes autoproclamados socialistas o comunistas, devotos del Estado laico, ateos fervientes, profesan abiertamente por la religión musulmana. Aparte de las facilidades habituales para que puedan practicar su fe, hallamos no sin asombro que les felicitan públicamente sin ningún reparo con motivo de su festividad principal, el Ramadán, que es un equivalente a nuestra Navidad en cuanto a la emoción con la que lo viven. Nada se debería criticar si no fuera porque solamente felicitan a una religión, la musulmana, y se dejan a la otra, la cristiana, contra la cual y principalmente contra sus representantes no dudan en airear su rencor congénito.

Claro, es muy tentador suponer que pueda existir un plan para islamizar a nuestro país, y que esa islamización paradójicamente vaya de la mano de ateos militantes. Muy extraño, ¿no os parece? Para esto yo tengo mi propia teoría, de una lógica muy sencilla.

La izquierda odia la religión en su conjunto, ya sea cristiana o musulmana o cualquier otra. Su meta es el individuo emancipado en la Tierra como único valor trascendental, y fin. La religión musulmana defiende unos valores y conceptos absolutamente contrarios a la ideología progresista izquierdista (y más cercanos a la derecha clásica), por lo que ver a feministas radicales alinearse junto a señoras con pañuelo parece un chiste. La contradicción se resuelve cuando observamos que nuestra sociedad actual, si bien se basa en una herencia cultural católica, ha adoptado una mentalidad cada vez más laica, más terrenal, más individualista, más utilitarista, donde los valores familiares, heroicos, religiosos, patrióticos, o bien desaparecen o bien han sufrido una tremenda mutación.

Cuando la izquierda apoya y da carta de naturalidad a la religión musulmana en nuestra sociedad actual, no lo hace teniendo una simpatía real hacia esa religión, a la cual también odian en realidad, sino que su interés se centra en la fragmentación social, el enfrentamiento entre dos instituciones religiosas que compiten por el mismo espacio, en hacer que el cristianismo, que ya es una opinión más entre otras muchas, reciba otro golpe mortal. La sociedad multicultural es el ideal utópico de la izquierda: individuos que ya no forman naciones o religiones fuertes, sino seres aislados unos de otros, con opiniones igual de válidas unas de otras, aunque sean verdaderas majaderías.

El problema, a largo plazo, es cómo la izquierda podría gestionar un crecimiento rápido del Islam, cómo podría pararle los pies a aquello que ha alimentado, cómo podría evolucionar nuestra sociedad con valores tan diferentes y contradictorios. Las respuestas podrían ser el caos, la guerra, o el desierto cultural y social más absoluto, con humanos idiotizados sometidos al único dios verdadero de nuestra época: el Mercado.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para 
MEDITERRÁNEO DIGITAL

 

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y poder ofrecerle contenidos o publicidad de su interés. Si continúa en la página, consideraremos que acepta su uso.