Opinión | Jordi Garriga

El buenismo y el tontismo

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Muchas veces se habla del buenismo como la tendencia a creer que con buenas palabras y buenas acciones, y confiando en la bondad natural de todos los seres humanos sin excepción, se pueden arreglar todos los problemas del mundo. Podemos decir que es una postura bastante inocente, ingenua y sobre todo, peligrosa para quien la ejerce y para los de su alrededor. La bondad como cualidad mágica que lo soluciona todo, superstición, en definitiva.

El pasado viernes 18 pude observar una variante chapucera del buenismo, a la que llamo tontismo, y que consiste en creer que el enfado y el cabreo ante una situación concreta nos va a dar mágicamente el apoyo de todo el mundo, de la noche a la mañana. Me refiero a la concentración de la ultraderecha ante La Boquería, que resultó ser todo un esperpento.

En primer lugar, sus organizadores la convocan de la noche a la mañana, cuando no se pueden hacer concentraciones de más de 20 personas sin autorización legal. En segundo lugar, se meten en uno de los santuarios de la extrema izquierda a bombo y platillo. En tercer lugar, tienen que salir de ahí escoltados por la policía severamente humillados.

Lo llamo tontismo porque los tontistas pretenden recoger los frutos sin plantar ninguna semilla; porque creen que el cabreo circunstancial es una adhesión a sus ideas; porque lo único que hacen es servir finalmente, y jugarse el pellejo inútilmente, a los intereses privados de un grupo de vecinos: ¿o es que creen que los habitantes de la calle Japón o de otros lugares están con ellos? Hay que ser tonto para creérselo. Más allá de su problema concreto, al ciudadano de a pie le estorbáis, sois la cara sucia de su existencia. Es decir: los tontos útiles.

Las manifestaciones callejeras son una demostración de fuerza, y allí demostraron tener la fuerza de una lombriz. No es un problema tener la fuerza de una lombriz si eres una lombriz: el problema es cuando lo demuestras en público.

Creen los tontistas que con simplemente decir que el Islam es caca, los votos y apoyos les van a caer del cielo. Y no. Hay mucha gente que odia al Islam, a los moros, a la religión en general, etc. Pero ese no es su modo de vida: muchas veces su odio se remite al vecino moro ruidoso y sucio, a lo que se dice de las ayudas sociales, etc. Pero nunca votarán ni se acercarán al tontista, porque no quieren que se les relacione con frikis, con violencia. El tontista, para empezar, ni siquiera es capaz de generar una definición propia: habla y actúa exactamente como se espera de él: como un intolerante.

Tontistas: espabilad o haréis buenos a los buenistas.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para
 MEDITERRÁNEO DIGITAL

 

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