Opinión | Jordi Garriga

El bondadoso odio

indepes odio

Este pasado sábado las redes sociales iban llenas con dos noticias: La identificación de un famoso periodista, Arcadi Espada, por redecorar el lazo amarillo de una rotonda en L’Ametlla de Mar y la agresión a una mujer que retiraba lazos amarillos en el parque de la Ciudadela de Barcelona.

Por un lado, tenemos a una policía autonómica, que no tan sólo no impide la ocupación simbólica e ideológica del espacio público con la colocación de todo tipo de enseres de color amarillo, para reivindicar la liberación de unos golpistas, sino que además identifica a todos aquellos que retiran esos símbolos o los tunean (y cuyos datos son misteriosamente filtrados a la mafia CDR).

Por el otro, la agresión a una ciudadana que simplemente retiraba lazos en el parque de la Ciudadela de Barcelona, asistida por el mismo derecho de expresión del que alardean aquellos que los colocan. Aunque sin el apoyo explícito y activo de la Generalitat de Cataluña y de los principales medios de comunicación, TV pública incluida pagada con sus impuestos, y de toda la red de asociaciones subvencionadas de la Sicilia Occidental (Cataluña).

Siempre ha habido identificaciones y agresiones en Cataluña contra los disidentes que no aceptan el discurso del odio contra España, el discurso de la autocomplacencia, del supremacismo de una región excesivamente mimada por los Borbones y luego por Franco. La diferencia que se empieza a notar este verano es un paso más hacia la degradación lógica del pensamiento nacionalista cuando su centro es el racismo.

El núcleo del pensamiento catalanista siempre ha sido “Nosotros somos mejores”, incluso cuando no era separatista. Este lema necesita su oponente necesario, su comparación en negativo para autoafirmarse. Y ese es “España”.

El energúmeno que golpeó a la mujer que retiraba lazos, al decirle ésta que era española, le espetó un “extranjera de mierda, vete a tu país”. En el caso de la redecoración de la rotonda por Arcadi Espada y otros, el alcalde de la localidad de L’Ametlla de Mar, Jordi Gaseni, de ERC, les definió públicamente como “bichos” y “sucios”. Y es este discurso el interesante, ya que está abandonando el espacio privado de los corrillos separatistas para desplegarse sin miedo, sabiendo que tienen a la policía y al gobierno regional a su favor.

Llamar “bichos” a los adversarios políticos, es decir, ponerlos al nivel de los animales por una parte, y decir que son “sucios” o “de mierda” por la otra, abre la puerta al genocidio.

Animalizar al enemigo en nuestra cultura significa varias cosas:

- Afirmar que es inferior haga lo que haga, ya que el modelo ideal es la persona humana.
- Anular cualquier diálogo o empatía, ya que las comparaciones suelen ser con animales considerados repulsivos.
- Tal como sucede en la calle o en los mataderos, banalizar cualquier tipo de violencia contra él, ya que no son verdaderas personas.
- En suma, establecer una diferenciación física radical.

Apelar a la suciedad del contrario significa:

- Suciedad es sinónimo de impureza, y el enemigo es un agente contaminante de la bondad propia.
- Suciedad es sinónimo de malas costumbres, y representa una barbarie contra la civilización.
- Suciedad significa elementos que no deberían estar ahí, luego deben ser eliminados.
- Limpiar se convierte entonces en una bondadosa matanza que limpia el camino a la pureza y la salud.

La conciencia de estar del lado de la pureza y la humanidad está debidamente interiorizada entre los separatistas, sólo necesitan que alguien o algo les abra la puerta para que discurso cobre vida y el bondadoso odio tiña con sus colores nuestras calles y plazas.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y poder ofrecerle contenidos o publicidad de su interés. Si continúa en la página, consideraremos que acepta su uso.