Opinión | Jordi Garriga

Dignidad de alquiler

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Los vientres de alquiler, que es un tema más conocido ahora con el menos escandaloso término de "gestación subrogada", es a día de hoy un paso más en el camino hacia la esclavitud de los cuerpos como última frontera del capitalismo.

Básicamente consiste en que una persona o pareja contrata los servicios de una mujer para que haga de contenedor de un embrión, previamente engendrado por fecundación in vitro, pase el correspondiente embarazo y dé a luz para esa persona o pareja. En España este tipo de "negocios" están prohibidos, pero siempre se hallan algunas "lagunas" legales.

Este asunto hace de las mujeres, y de las mujeres pobres, un objeto, un mero recipiente que se puede alquilar para el trabajo de gestar. Los partidarios de esta opción normalmente dicen que es una manera de ayudar a las parejas que no pueden tener hijos, y que no tiene porqué ser de pago. Vayamos por partes.

En primer lugar, aunque ser padre no es un derecho, es comprensible el deseo de muchas personas por vivir la paternidad. En este caso, en el mundo hay millones y millones de huérfanos que no tienen padres. Y que un niño tenga a quien se ocupe de él, eso sí que es un derecho. Adoptar a un huérfano no tan solo nos hace ser padres, sino que además hemos salvado una vida de la miseria de no tener a nadie que le cuide.

El asunto de que la gestación subrogada pueda ser altruista es un cuento. Ninguna mujer va a pasar un embarazo y un parto por ayudar, a no ser que se trate de un familiar o de alguien que realmente valga todo ese trabajo. Lo habitual será que una persona o pareja con suficiente dinero (ricos, vaya) contrate a una mujer por catálogo (existen) que se ha ofrecido a ello. Y no creo que voluntariamente: hacerlo es tanto como admitir una gran necesidad de dinero hasta el punto de ser un recipiente humano. El concepto "ayudar a los ricos" simplemente es de risa.

Además, ¿quién nos asegura que la gestación subrogada se hace como último recurso? Nada más fácil para mujeres adineradas que contratar a otras mujeres pobres para que gesten y den a luz en su lugar, mientras ellas van al gym y de vacaciones a las Bahamas. Usarlas para su primer hijo, y el segundo, y los que desee. Pagando, todo se compra y se vende, dignidad incluida. No sé qué pensarán los hijos de esas familias de todo ello, y no sé las consecuencias físicas y psicológicas que puede acarrear esa falta de intimidad y calor con una madre de verdad...

Vender el cuerpo por necesidad tiene un nombre muy concreto, y casi siempre es el de la mujer. Es necesario defender la dignidad de la mujer, y sobre todo el concepto de maternidad. Algunas feministas (no todas, afortunadamente) y bastantes homosexuales aplauden todo esto. Es triste observar que vean como un avance algo que no es más que una marcha atrás hacia los tiempos en los que se concertaban los matrimonios sin que las mujeres (y también los hombres) pudieran dar su opinión o negarse a ello. Es triste ver como colectivos que lloran por la opresión, la represión, la liberación... luego se alineen con esclavistas que seleccionan por catálogo a mujeres-recipiente, ejerciendo un acto de machismo y clasismo con su aplauso. Porque la libertad, para muchos grupos en occidente, no es más que hacer lo que te dé la gana si tienes dinero para ello.

La esclavitud vuelve a las mujeres: si no pueden ser esposas y madres, serán gestantes por catálogo. Resulta que el derecho a disponer del propio cuerpo hace, de ese cuerpo, un objeto de compra-venta. ¿Eso era el progreso?

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para 
MEDITERRÁNEO DIGITAL

 

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