La horripilante dictadura de Corea del Norte

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Corea del Norte ciertamente debe ser un lugar horripilante en todos los sentidos. Según nuestros medios (o miedos) de información es una dictadura donde un partido único con un líder único controla a una población seguramente atemorizada. Lo que se le reprocha a ese régimen, en líneas generales, es no ser plural políticamente, no dejar que se desarrolle una economía de mercado libre, no respetar los derechos humanos, tener armas nucleares sin control y que no haya libertad de prensa. Más o menos.

Desde luego, y a pesar del título de este artículo, no quiero hablarles de Corea del Norte. No porque no me crea lo que dicen nuestros periodistas al respecto, eso ya sería materia para otro texto, sino porque considero que somos víctimas de una manipulación muy descarada: información es poder, y una de las claves para controlar lo que se llama la opinión pública es ofrecer una panorámica enfocada hacia lo que interesa y desenfocada hacia los “cadáveres en el armario” de nuestras orgullosas democracias. Lo confieso, el titular era un gancho.

Normalmente apenas llegan informaciones del África negra y es normal, ya que allí la democracia occidental tiene un patio trasero que no se suele enseñar mucho. Y lo que se enseña es muy pedagógico: películas como El último rey de Escocia, donde se retrata al dictador de Uganda de los años 1970, Idi Amin, como a un psicópata. Casualmente, estuvo apoyado por Gaddafi y fue enemigo de los USA e Israel. Es decir, era de los malos…

No obstante, hay un país cuyo presidente no nos suena de nada. Y seguramente no será objeto de películas o series melodramáticas. Se trata de Paul Biya, presidente de Camerún desde 1982…

Camerún es un país que se independizó en 1960 de Francia, durante el proceso de descolonización que se produjo en aquella época. Su primer presidente, Ahmadou Ahidjo, mantuvo su cargo de 1960 a 1982 (sin contar que ya era primer ministro de la colonia desde 1958). Es decir, en 60 años, Camerún ha tenido 2 presidentes.

En los primeros años Francia ayuda muy amablemente a ese nuevo país: el embajador francés controla a los asesores de cada ministro, se firman “acuerdos de cooperación” por los que Francia controla todos los sectores del país, explota todos sus recursos y mantiene tropas allí. De hecho, los oficiales del ejército, incluido el Jefe de Estado Mayor, son franceses. Una gran independencia…

Pero claro, se tiene que ayudar a esa joven democracia, por lo cual el gobierno camerunés pone en marcha disposiciones legales un tanto dudosas: hay censura previa, se prohíben reuniones y manifestaciones, detenciones arbitrarias, toques de queda, salvoconductos para desplazarse, problemas para sindicarse… Hay cadena perpetua y pena de muerte. En 1966 ya solo hay un partido político legal: la Unión Nacional del Camerún.

En 1977 se convierte en país productor de petróleo. Todas sus ganancias tienen un destino oscuro, y también claro gracias a los blanquísimos franceses que gestionan los recursos de allí y las compañías petrolíferas.

En 1982 el presidente dimite, no por haber perdido unas elecciones, ya que eso allí sería como hacerse trampas al solitario, sino por problemas de salud. Paul Biya le sucede.

Paul Biya (1933), en los años 1980 adoptó un programa de ajuste preparado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, consistente en lo de siempre: privatizaciones, reducción del gasto social, reducción de salarios, etc., que solamente afectaron, también, a los de siempre: a día de hoy la mitad de sus habitantes vive bajo el umbral de la pobreza y la esperanza de vida es de 54 años, de las más bajas del planeta. Su sistema sanitario es prácticamente inexistente.

Desde 1982 Biya ha ido ganando todas las elecciones de chichinabo, contando con el apoyo incondicional de Francia, la cual entrena a sus fuerzas militares y policiales y le vende armas. Tiene su lógica, pues las más de 100 filiales empresariales francesas extraen a precios bajísimos cacao, café, petróleo, madera y controlan el sector inmobiliario, telefonía, banca, transportes… Me pregunto dónde está la independencia de ese país.

Durante todos estos años se han producido cientos de muertos y miles de heridos en la represión, sin que ninguno de nosotros sepa siquiera situar a ese lugar en el mapa… Enfoque, desenfoque…

Qué sí, qué sí, qué en Corea, Bielorrusia, Irán, Venezuela, etc., debe haber un gobierno muy malo. En Rusia y China también. Pero ¿acaso nuestras democracias merecen ser consideradas buenas?

- No hay partido único, pero hay varios partidos cuyo ideario apenas difiere en dos o tres puntos secundarios.
- Se respetan los derechos humanos, excepto si los servicios secretos consideran lo contrario, hay países africanos de por medio o sitios como Guantánamo.
- Hay una economía de libre mercado donde el pez grande se come al chico, nuestro país ha perdido su soberanía y la clase media ha sido destruida.
- Hay libertad de expresión y no hay censura previa, siempre y cuando digas cosas buenas, democráticas, según un código cada vez más estrecho y arbitrario.

No, no somos Corea del Norte, pero nos vamos acercando a Camerún

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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