Que siga la fiesta

desescalada barcelona

Sí, que siga la fiesta: tras 50 días de cuarentena, empieza lo que los medios y la clase política española llaman “desescalada”, término incorrecto de origen anglosajón. Con lo sencillo que era descenso… Pero a lo que vamos, la fiesta siguió desde entonces y no hay motivo para que pare ahora.

Leo que ha habido decenas de denuncias por “botellón” en las calles de Madrid. Pocas me parecen. Desde el primer día se ha tratado a los españoles como si fueran una panda de adolescentes: “venga chicos, que no pasa nada, disfrutad del momento”.

Se les han prometido ayudas que llegan, cuando llegan, tarde y mal; se han ocultado absolutamente todos los dramas familiares y cualquier imagen que pudiera perturbar las fiestas cotidianas desde los balcones; mensajes que no eran positivos, sino directamente infantilizantes. Luego, en cuanto se quiere aflojar la cuarentena, resulta que muchos no respetan la distancia aconsejada, que van (y siempre han ido) 20 veces a la calle a hacer algo, que se pasean a la hora que les da la gana, aunque no respete el descanso vecinal (“es mi derecho, ñiñiñi”). Aunque de poco les puedo culpar: si tratas a la gente como a niños, niños acaban siendo…

Todo en medio de la mayor hipocresía jamás vista: infantas de la realeza que viven en una mansión de más de 3.000 m2 hacen vídeos diciendo que ellas también “sufren” el confinamiento; ministras de Igualdad que han logrado su puesto gracias a ser las señoras de, se les hacen 3 test o más mientras que al personal sanitario alguno con suerte; un gobierno que siempre “hizo caso de los expertos” y que nos muestra cifras de compatriotas muertos como quien muestra cifras de una subasta…

Con empresarios y trabajadores arruinados, y bancos que no te van a perdonar un céntimo, el estallido social está a la vuelta de la esquina (¿cuántas familias dependían de la pensión de sus mayores fallecidos?). La receta del gobierno es clara: la policía se prepara para un aumento de los robos y de la ocupación de viviendas y no descarta patrullar con el ejército.

La costumbre de comer palomitas de maíz en el cine, ¿saben de dónde viene? De la Gran Depresión americana de 1929. En aquel entonces hubo un crac económico, pero tal como hoy no hubo ni escasez ni desabastecimiento, sino destrucción económica. Era tal la situación que el dueño de unos cines tuvo la idea de regalar una bolsa de palomitas con la entrada a sus cines. Fue un éxito, ya que para mucha gente esa era su única comida segura del día… Luego, la II Guerra Mundial.

¿Qué nos podría ayudar a mejorar la situación? Reestructurar el planeta mediante el reforzamiento de las fronteras, detener la inmigración descontrolada y establecer sistemas económicos y sanitarios que hicieran desaparecer paulatinamente esa necesidad migratoria de muchas personas en el mundo. ¿Qué van a hacer en realidad? Seguramente alargar estados de excepción, aumentar el control individual y la represión y, como colofón, una guerra mundial con la esperanza de reiniciar el sistema (destruir para luego construir, despoblar para luego poblar).

La fiesta seguirá hasta nueva orden, pero no lo duden: se acabará cuando ya no les interese.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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