¿Conspiración o normalidad democrática?

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Puede parecer un genocidio visto desde afuera, ya que la crisis global del COVID19 desde marzo de 2020 está generando una profunda crisis económica y humanitaria como no se veía desde hace mucho tiempo.

En algunos meses he tenido noticia de personas de mi entorno fallecidas por diversas enfermedades, de diferentes edades, y todas ellas tenían una referencia común, y es que en condiciones normales no hubieran muerto tan rápidamente, habrían arrastrado un sufrimiento durante mucho tiempo, pero su final nunca se habría producido tan pronto. Ello puede conducirnos a sofismas engañosos, como la reducción de población.

Normalmente la realidad suele ser más simple y cruda.

Está generalmente aceptado que la Era Moderna es la era de la democracia, en la cual el pueblo es el protagonista y es el que decide a través de sus representantes políticos el destino de su nación. Nada más falso: la pirámide social del Antiguo Régimen, que estudiábamos en la escuela, pasó del nivel nacional al nivel planetario.

Hay una nobleza, un clero y el resto. El 1% y sus auxiliares y el restante de la población que queda a su merced. El clero ahora son los periodistas, filósofos, universitarios, científicos… que marcan lo que es bueno o malo. La nobleza es la clase política y las multinacionales, que se coordinan con ese moderno clero para imponer tal o cual política o producto a la masa de población y hacerle creer que eso es lo que realmente desea.

En el momento actual la brecha entre el 1 y el 99% se ha hecho cada vez mayor, de tal suerte que cualquier crisis es una oportunidad. Pero no para nosotros, sino para ellos, de acrecentar sus beneficios. Es un juego entre varios grupos de poder donde somos sus fichas.

La cuarentena se establece porque el virus y su peligrosidad son reales y nadie quiere sacrificar sus fichas. Pero si la cuarentena arruina negocios, la lógica del Mercado es apoderarse a bajo coste de esos negocios o eliminar competencia; si se colapsa la sanidad, se soluciona minimizando el gasto en recursos dejando de atender algunas áreas, lo que provoca más muertes pero a una escala asumible; entonces, el miedo a la muerte y el miedo a perderlo todo convierten a las personas, fichas, en seres muy vulnerables, fácilmente manejables como campo de batalla.

Si mueren más o menos personas, si se arruinan más o menos familias, si más o menos países quedan sumidos en el caos, eso solo son efectos colaterales para el mantenimiento del statu quo: no hay ningún plan demostrable que suponga un genocidio, sino la existencia de dos mundos paralelos, es decir, el de los señores que mediante lazos de cultura, sangre e ideología someten al resto, dividido y dispersado, sometido a un caos del que ya no entienden nada.

El coronavirus, repito, ha hecho que el tablero del planeta se tambalee y se creen nuevos conflictos, nuevas normas, nuevas crisis, nuevas alianzas y nuevos enemigos. No responde a ninguna conspiración, ya que esta es innecesaria: ¿contra quién estaría dirigida? ¿dónde hay un enemigo real que pueda oponerse a los conspiradores? Lo que algunos llaman conspiración es simplemente el funcionamiento normal de varias empresas, las cuales, no tienen por qué explicarnos lo que hacen.

Esta es la normalidad democrática que se encamina, por lo que adivino, hacia la desaparición total de la participación popular en las instituciones: al mismo tiempo que se le adula como soberano (porque va a votar tras haber sido desinformado a conciencia), se le culpa por ignorante cuando opina “sin saber”, se le culpa de “vivir por encima de sus posibilidades”, se le culpa de “populismo”, se le culpa, culpa, culpa… Por ello a la hora de ir a votar o hablar, quien lo hará en su lugar será la culpa que le han inculcado. Nada nuevo bajo el sol.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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