Quien quiera votos, que se los compre

Nirvana

Uno de los momentos de la campaña electoral del 28 de mayo de 2023 que será más recordado en el futuro, seguramente será el del fraude de los votos comprados en Melilla. Resulta que había enormes colas para votar por correo, y al destaparse el tinglado, han desaparecido… Al mismo tiempo que desde una oficina de Correos de una capital de provincias me comentaban que en un solo día habían despachado unos 800 votos por correo, una auténtica animalada para su pequeña ciudad…

Aquello que por activa y por pasiva los grandes medios, los verificadores de noticias y toda la estructura de propaganda del Régimen, autodenominada informativa, nos vendía como imposible o poco probable, se revelaba cierta y muy cierta: el falseamiento de votaciones mediante el voto a distancia. Existe. Y la prueba es que se han visto obligados ¡a solicitar el DNI como una norma nueva! Caramba, de lo que se entera uno.

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Sin embargo, lo que me llama la atención es que a la compra de votos le llamen fraude. Es decir, y perdonen mi ingenuidad: ¿acaso una compraventa entre personas adultas, libres e iguales, puede ser censurable? Es decir, el voto a fin de cuentas es una papeleta de curso legal que metes en un sobre y adiós muy buenas, ya que luego con ese papelito hacen lo que les da la gana, pactan, gobiernan, se compran chalets de un millón de euros y oye, que ese trozo de papel se lo dieron gratis.

Si ahora el aborto resulta que es un derecho humano, que prostituirse es considerado por cierto feminismo como una opción válida, así como en algunos países se pueden comprar seres humanos (gestación subrogada), ¿por qué no vender el voto? ¿Acaso no lo compran ya con fiestas y promesas?

Además, si los candidatos a ser políticos pudieran demostrar que son capaces de comprar muchos votos, entonces quedaría evidente su capacidad para gestionar el actual sistema democrático, basado en comprar y vender absolutamente todo, incluido el propio país con su industria y su agricultura, así como servir en guerras ajenas y financiar a regímenes de cualquier calaña. Eficiencia, productividad, viabilidad, es el trilema de nuestra época.

Sería una fantástica idea que hubiera en España y en todos los países democráticos, unas asociaciones de electores que ofrecieran sus votos al mejor postor, en subastas privadas ya que el voto es secreto. Sería un pacto de confianza entre votantes y cargos, porque claro… se podría dar el caso de que algunos de aquellos ciudadanos luego no votasen lo acordado. Pero bueno, si los políticos obtienen ahora esos votos totalmente gratis a cambio de promesas incumplidas, cuando no directamente falsas, creo que no estarían en posición de censurar a su propia ética cuando la aplican los demás ¿verdad?

¿Eso sería falsear la democracia? Ay, es que eso que llaman democracia todos sabemos lo que es: un cortijo de oligarcas a quienes les puede molestar que alguien más se dedique al trapicheo de votos. Es hora de que los de abajo podamos acceder a una parte del pastel y poder decir, como culminación suprema de la democracia: Quien quiera votos, que se los compre.

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Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.

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