Opinión | Jordi Garriga

Buenismo: herramienta de control social

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Cada vez que un atentado yihadista sucede en Europa, se pone en marcha un mecanismo de control social al que podemos llamar BUENISMO.

Consiste en desactivar todas las emociones que una matanza de seres humanos cercanos provoca. Todos sabemos que no es lo mismo un atentado en Bagdad que en París. El de Bagdad apenas lo miramos y comentamos. El de París nos asusta, indigna, enfada... porque a pesar de ser españoles, a la gente que vive en París los vemos "de los nuestros". Pero... ¿Por qué es tan importante esa desactivación?

Por un lado, siempre hay que recordar lo mismo: el monopolio de la violencia pertenece al poder, al gobierno, a los cuerpos policiales y militares. Por eso los ciudadanos europeos estamos desarmados y podemos acabar en la cárcel si nos atrevemos a tocar a un ladrón que haya entrado en nuestra casa. No se nos permite defendernos, ni del gobierno, ni del delincuente.

La oleada emocional que nos recorre a todos en un momento así tiene una salida ritual. Tal como si se tratara de una religión, hay establecidas una serie inevitable de pautas para canalizar y matar esos sentimientos, que deben estar bajo control en la religión buenista.

Primero la apelación y la llamada de las autoridades a la no-violencia. La no-violencia distingue a los buenos de los malos. Los buenos somos nosotros, de ahí lo de buenismo, que somos los que no reaccionamos ante la agresión y dejamos que otros, los que crearon el problema, sigan creándolo precisamente por nuestra pasividad. En los atentados sólo mueren civiles desprevenidos y desarmados, y ocasionalmente algún policía de a pie, mientras que los responsables de la situación, políticos, militares, periodistas, grandes empresarios, que no sufren ni el rozamiento de un pelo, son los que nos dicen que no hagamos nada. Sobre todo contra ellos...

Segundo, la exhibición del dolor mediante la colocación de velas, iluminación de edificios, banderas con crespón negro, minutos de silencio, conciertos de música, etc... Todo ello como sabemos ni incomoda ni interesa a los autores directos del atentado, sino que su único fin es apaciguar los ánimos de la población. Son rituales religiosos milenarios adaptados para involucrar tanto a creyentes como no. La famosa consigna "Pray for..." simplemente significa "quédate ahí meditando y no actúes".

Y tercero la llamada a la vuelta a la normalidad, Item misa est, el espectáculo se ha terminado: recojan todo y que los muertos entierren a sus muertos.

El buenismo es la religión prêt-à-porter de los Estados laicos, impulsada por los gobiernos liberales para someter a sus ciudadanos a un consenso y una paz sociales. Uno nunca debe ser contrario a algo, debe tolerarlo todo, debe ser un hombre que siempre dice sí por temor a que alguna vez se le diga que no.

Si el planeta fuera una ciudad, Occidente es algo así como el centro financiero, que mueve poblaciones y recursos a su antojo independientemente de las consecuencias para las personas. Necesita un orden a su alrededor y el buenismo se lo proporciona. Ese buenismo nos dice que todos los pueblos no-occidentales necesitan ser civilizados, y que esos atentados son obra de unos bárbaros primitivos que no desean ser civilizados, y que el crecimiento político de la ultraderecha es consecuencia de la barbarie y primitivismo que todavía campan por Europa. Da igual que esos bárbaros estuvieran protegidos y armados por nuestros propios gobiernos. Da igual la cantidad de muerte que provoquen entre ciudadanos desarmados.

Lo único importante, en este momento histórico actual, es que los negocios no se detengan. Y nunca se detendrán ante nuestros charcos de sangre. Nunca.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para 
MEDITERRÁNEO DIGITAL

 

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