La desagradable broma

Ha saltado a los medios que el pasado mes de junio un dúo de humoristas rusos, Vovan y Lexus, le gastaron una broma al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, cuando le hicieron creer que le estaba llamando el alcalde de Kiev.

Aprovecharon para hacerle preguntas y comentarios a todas luces incómodos, hasta que aquel decidió cortar la llamada. Lo interesante de esta broma telefónica han sido tanto algunas respuestas del alcalde, que creía estar manteniendo una conversación real con su homólogo ucraniano, así como algunas reacciones posteriores.

Por ejemplo, cuando el falso alcalde de Kiev lamenta que muchos hombres de allí han huido a Europa para eludir su obligación de ir al frente, y le pide ayuda a Almeida para poder deportarlos, el alcalde de Madrid no duda en decir que ello es perfectamente posible: cazar a ucranianos y llevarlos a las trincheras en contra de su voluntad, para que puedan morir por la OTAN.

O cuando le preguntan sobre cómo actuar contra los ciudadanos rusos en Madrid, literalmente afirma: "es necesario castigar a los bastardos rusos aquí en España y en Madrid. Y estamos haciendo todo lo posible para ello, tanto desde el Gobierno nacional como desde los gobiernos locales". A día de hoy (da igual cuando se lea esto) todavía estamos esperando que actúe la Fiscalía del Odio, SOS-Racismo o alguien ante semejante Discurso de Odio dirigido contra personas debido a su nacionalidad. Y por supuesto, no habrá ninguna disculpa.

Entre otras bromas y chascarrillos, sin duda la guinda del pastel fue este delirante diálogo:

- "Y también nos gustaría hacer un festival gay, un festival especial en apoyo de Ucrania, bajo el nombre de Bandera", le dice el supuesto alcalde de Kiev. Almedia no entiende bien y el bromista se lo repite: "Un festival gay con el nombre de Bandera, es nuestro héroe nacional".

- "¿Bandera?", pregunta el alcalde madrileño. "¿Un icono de la comunidad gay en Ucrania?”

- "Sí", le responde.

- "¿Y va a venir dentro de dos semanas a Madrid?", pregunta de nuevo Almeida.

- "No, ya está muerto, pero era un icono de la comunidad gay", le responde el bromista ruso.

- "Ah, lo siento, lo siento", lamenta Almeida.

- "Pero luchó contra la Unión Soviética".

- "Es una pena, es una pena, lo siento por usted", dice muy diplomáticamente el representante de todos los madrileños.

Almeida ni sabe quien era Bandera, ni si está vivo o muerto. En una época en la que una búsqueda en Internet de dos minutos te lo desvela, donde no hace falta ni tener enciclopedia en casa y ni tan siquiera haber abierto un libro en la vida. Pues ni eso.

Las reacciones de los medios españoles han sido las esperadas: lo han calificado de “desagradable broma” y han destacado el hecho de que le recordaran su famoso mote “carapolla”. También acusan a esos humoristas de estar al servicio del Kremlin. Supongo que les molesta mucho que no se pueda reír sólo desde un lado. Lo de deportar a gente y tratar de bastardos a los rusos es lo de menos, lo de su ignorancia también.

Gente como Almeida, claro ejemplo del político occidental medio con su ignorancia, servilismo y desprecio por los seres humanos, cuyo objetivo es hacer carrera entre la clase política (la aristocracia de la democracia liberal), es más que una desagradable broma para los pueblos de Europa: es una macabra realidad en la cual todos sus manejos, sus errores y sus ambiciones los pagaremos entre todos.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.

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