Opinión | Jordi Garriga

Auge y caída de Pablo Iglesias

pablo iglesias triste

Podemos (nunca mejor dicho) ver cómo la figura de Pablo Iglesias ya se va difuminando desde su estrellato mediático de hace tan sólo cinco años, cuando su recién nacido partido político logró 5 escaños en las elecciones europeas de 2014, y recogió el acta de eurodiputado acatando la Constitución española mediante la fórmula: “sí, prometo hasta que los ciudadanos de mi país la cambien para recuperar la soberanía y los derechos sociales”.

Hoy Pablo Iglesias ya es un líder como cualquier otro, con un partido totalmente manejado por él y su entorno, después de haber apartado a todos los que podían hacerle sombra, así como haber encumbrado alternativamente a sus respectivas parejas. Nada puede ya diferenciarle de alguien “de la casta”.

El chalet de Galapagar, al que ha llegado tras abandonar el obrero barrio de Vallecas, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Es la confirmación de que por encima de su ego, nada hay: se tuvieron que repetir las elecciones generales de 2015 por su negativa a apoyar a un gobierno de izquierdas, lo que prolongó el gobierno de Mariano Rajoy hasta la moción de censura de junio de 2018; ha dejado salir de PODEMOS a todas las figuras de peso, debilitando sobremanera al partido, que se halla estancado; ha apoyado la idea de un Estado plurinacional, los referéndums de autodeterminación, el desprecio a la rojigualda y el blanqueo de viejos etarras para no parecer demasiado “español”… Y ahora nuevamente bloquea un gobierno del PSOE ante la alegría de las derechas, porque quiere un asiento.

Lo comprendo: tras cinco años de vivir de la política, es duro pensar en volver a trabajar. No es de esperar que siga el ejemplo de otros históricos y más decentes dirigentes comunistas, como Gerardo Iglesias (secretario general del PCE de 1982 a 1988), que volvió a trabajar a la mina tras dimitir; Julio Anguita, que renunció a la pensión de jubilación como exdiputado y recibe la de maestro de escuela… Nuestro Pablo tiene que mantener un chalet y un estándar de vida, por eso PRECISAMENTE necesita el asiento.

¿Saben lo que cobra un exdiputado? Pues miren, todavía hay unos 100 exdiputados que cobran más de 1.000 euros mensuales (algunos más de 3.000), ya que en 2011 esa prestación fue abolida. Y a Pablo ya no le cubre, por lo que debe picar más alto y aspirar a un ministerio. He aquí todo el misterio de su cabezonería: o ministro o nada.

Un ministro español cobra un sueldo base de 71.424 euros. Tras abandonar su cargo, tiene derecho a cobrar el 80 % de TODAS sus asignaciones hasta un máximo de 24 mensualidades. Y ahí lo tienen: supongamos un mínimo de 4 años como ministro, más 2 como exministro. En total, tirando bajo, 6 años cobrando mucho más de 70.000 euros todos los meses… Esto es mejor que la lotería: puedes tener varias casas, colocar a amigos, tener muchas influencias y acabar en el consejo de administración de alguna compañía eléctrica, pero eso sí, que apueste por la energía renovable.

Y para este viaje, amigo Pablo, en el que prometiste hace tan solo 5 años que lucharías para… “recuperar la soberanía y los derechos sociales”, no hacían falta esas alforjas. Has hecho lo que todos, y acabarás como todos.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escritor, articulista y traductor. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL 

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