Opinión | Jordi Garriga

AQUARIUS: la mercancía humana

inmigrantes aquarius

Ante la inminente llegada del barco “Aquarius” con más de 600* seres humanos a bordo (y con la ayuda de dos barcos de la armada italiana, del mismo país que le ha negado la entrada) a Valencia, se constata una vez más que Europa va a la deriva.

Existe una Unión Europea, pero luego cada Estado miembro, por lo que se ve, puede aplicar la política de inmigración que más le convenga o apetezca… Que es tanto como decir que la autoridad europea en esta materia no existe. Húngaros y polacos restringen, Alemania deja entrar hasta que es políticamente costoso, ahora España parece querer ser una tierra prometida… Los pueblos europeos no podemos estar en manos de políticos así.

Unas veces toparemos con políticos verdaderamente patriotas que se preocupan del bienestar de su pueblo, y esos serán los que restrinjan y controlen la llegada de inmigrantes. En el resto de casos hallaremos los dos extremos que se tocan: los políticos al servicio de los Mercados y los políticos al servicio de la Utopía. Esos son los amantes de la inmigración y el nomadismo.

Desde sus inicios, el Estado moderno se caracterizó por el ideal de ser el representante político del pueblo, con el objetivo de servir a sus intereses. Conseguir mejoras sociales y laborales fue su gran tarea, gracias a la cual pudimos en buena parte de Europa lograr el sufragio universal, la jornada de ocho horas, derechos civiles amplios, etc. Todo ello fruto de una lucha interna entre diferentes intereses.

Las grandes empresas, por su necesidad de gran cantidad de mano de obra, en todo momento procuraron obtener las mejores condiciones para lograr beneficios. Y siempre, siempre, recurrieron a la mano de obra foránea y sumisa. Los obreros tuvieron pues que luchar duramente para arrancar derechos que hoy nos parecen naturales. Con el paso del tiempo se constituyó en Europa una clase trabajadora concienciada y sindicada.

Entonces, para que no disminuya el margen de beneficios y poder obtener materias primas y productos a bajo coste, el Capital inicia dos movimientos: instala explotaciones y fábricas en el llamado 3er Mundo con condiciones laborales dignas del s. XVIII y, por otro lado, llama e instala a inmigrantes en Europa como masa de gente dispuesta a someterse, sin tradición sindical y con el objetivo de destruir a la clase obrera europea desde su base misma.

Inciso: No existe ningún plan de sustitución: simplemente es un negocio. Tal y como sucede con el tráfico de droga, sólo que con personas. Lo malo es que si un fardo de droga puedes almacenarlo y destruirlo, no puedes hacer lo mismo con una persona. Bien saben los traficantes de mercancía humana que casi nunca hay marcha atrás en este caso. Quiero que quede claro: un racista piensa en términos raciales y cree que todo el mundo piensa así. Un negociante ávido de dinero cree por su parte que todo el mundo es así y le importa tres carajos el tema racial.

Actualmente, los partidos situados a la derecha lamentan el desorden que pueden causar los irregulares, pero aplauden la llegada de los inmigrantes a la “civilización” y al “menos malo de los sistemas posibles”. Los partidos situados a la izquierda lamentan que no lleguen más proletarios nuevos y que existan las fronteras. En ambos casos todos acuden a la lágrima ante “el drama humano”.

El chantaje está servido: debemos aceptar que lleguen barcos con cientos o miles de “refugiados” (nueva palabra para conmover) o si no somos inhumanos y dignos de desprecio, ya que esa pobre gente escapa de unas condiciones deplorables para intentar tener una vida digna. Ciertamente, nadie discute eso. Una persona que roba comida en una tienda seguramente pasa hambre y por eso mismo ¿le dejaremos robar siempre? ¿le daremos comida siempre? ¿nadie se parará a pensar el porqué de esa situación y simplemente le afearemos la conducta a quién se queje del robo?

Los gobiernos occidentales, las ONG y las grandes empresas colaboran con las mafias internacionales de contrabando de seres humanos ¿y quieren que colaboremos con ellos? ¿En serio? ¿Colaborar con un acto delictivo a gran escala? Y, sobre todo: desean que colaboremos en el desmantelamiento y destrucción del Estado del bienestar, para sustituirlo por un modelo de Estado del s. XIX, con sus salarios de mierda, sus sindicatos de pega, sus condiciones de trabajo rayanas en la prostitución y el trabajo infantil. Quieren que colaboremos con eso mediante chantaje emocional.

Un inmigrante ilegal posee una serie de desventajas: culturales por no saber el idioma y las costumbres. Política por no saber las leyes ni tener documentos. Económica por depender del Estado. Aceptará cualquier cosa para poder sobrevivir y también es más fácil que delinca. ¿Eso es ayudar? En cambio, los empresarios sin escrúpulos y las mafias son los beneficiados. Las ONG se encargan de proporcionar la materia prima para el gran negocio de la solidaridad. Y con eso se logra que poco a poco la diferencia entre un autóctono y un recién llegado acabará por ser ínfima.

Repartir comida o limosna no me hace más bueno: me hace complemento moral necesario para perpetuar una injusticia. Estar contra el capitalismo y aplaudir el tráfico de seres humanos (“refugiados”) es tan útil como apagar un fuego con gasolina. Y también, estar contra la inmigración y ser favorable al capitalismo es no entender el problema esencial: los seres humanos de todas las condiciones, a ojos del capitalismo, somos mercancía y nada más que mercancía.

*En el año 2017 España recogió a unos 20.000 inmigrantes ilegales… Es llamativo como se manipulan los sentimientos de una población profundamente desinformada.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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