¡Vivan las cadenas!

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“¡Vivan las cadenas!” es un grito de origen desconocido, atribuido a los partidarios del rey Fernando VII, los cuales vitorearon a este rey tras su regreso a España en 1814. Al despreciar la Constitución de Cádiz de 1812 y restaurar el absolutismo, este lema haría referencia a los argumentos de los afrancesados y liberales, quienes proclamaban sus deseos de liberar al pueblo de la autocracia y establecer un Estado moderno, simbolizados como una rotura de cadenas…

Aunque realmente quienes más lo usaron y lo difundieron fueron los liberales, los enemigos del Absolutismo, de manera irónica y como retrato caricaturesco de sus oponentes, cavernícolas reaccionarios…

Del mismo modo, en el momento actual, a una mujer joven, de orígenes familiares comunistas, claramente de izquierdas, se la retrata también como a una reaccionaria inmadura, como a alguien que señala problemas claros, pero cuyos planteamientos son calificados de “autoficción neofascista” o “el discreto encanto del falangismo”. Hablo de Ana Iris Simón y su ya famoso libro “Feria”.

Es decir, se la acusa de gritar “¡Vivan las cadenas!” solo porque hace un retrato sociológico donde lamenta la pérdida de certezas y seguridades en un mundo donde ya no existen. Para la izquierda española es un pecado el anhelo de una estabilidad económica, el deseo de poder tener una familia o simplemente demostrar algo de amor al propio país (excepto si se trata de las pequeñas etno-taifas regionales). A poco que se investigue sobre esta mujer, es dudoso hallar algo que no hubiera firmado cualquier izquierdista hace 30 años. ¿Entonces?

A la izquierda actual lo que más le gusta es demonizar y lo que menos le gusta es la gente que dice la verdad. Que dos y dos son cuatro y que el emperador está desnudo. Si bien ya he hablado sobre ello en otro artículo (La tragedia de la izquierda española), es bueno recordar cómo el mundillo progre, tras Mayo del 68, se ha dedicado a copiar el modelo estadounidense de ensalzamiento de la diversidad, el deseo individual y el desprecio a lo antiguo, siempre superable e interpretable según la ocasión. La descripción de un tiempo nada lejano en el que hubo cosas buenas, rápidamente pone histéricos a los guardianes del futuro mejor. Ana Iris Simón es acusada de haber girado la vista atrás, cuando solamente es un lamento: el abandono del pueblo por parte de quienes ahora pretenden que nos guste comer gusanos, ir en bici a trabajar y pasar el fin de semana viendo maratones de series en una habitación alquilada, antes de volver el lunes a un empleo temporal tras otro, con suerte.

Lo cierto es que las cadenas, que simbolizan todos los vínculos familiares, sociales y comunitarios que debían romperse para emancipar al individuo y que éste pudiera alcanzar sus propios objetivos en la vida, sin condiciones ni obligaciones, se ha revelado que eran aquello que permitía vivir al sujeto. Pues, ¿cuál ha sido la alternativa a todo eso? Pues otras cadenas: encadenar contratos temporales, relaciones breves en cadena, trabajo en cadena, cadenas de supermercados…
Nadie en su sano juicio desea volver al pasado: Es el equivalente a vivir siempre en el futuro, esquivando el tiempo presente. Lo triste es que el mito del progreso ya ha caído del todo y parecería que el pasado no muy lejano nos aguarda de nuevo… Permitan una pequeña historia familiar.

Siempre he dicho que mi padre nació en la Edad Media. Nació en una casa sin agua corriente, gas y electricidad. En medio de una aldea, con aparejos de tracción animal, habiendo comido prácticamente de todo para vivir. Al llegar a la edad adulta emigró a la ciudad y al cabo de poco le siguió el resto de la familia. Un día, mi abuelo encontró un hueso en la basura y exclamó: “¿Por qué lo han tirado? Aún se podría haber aprovechado.”

Desde luego, nadie puede sentir nostalgia de eso, pero menos aún se puede acusar a nadie de gritar “¡Vivan las cadenas!” cuando el camino que se alienta a recorrer es precisamente el que lleva hasta mi abuelo lamentando, de forma proto-ecologista, el desperdicio de un hueso agusanado.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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