Opinión | Jordi Garriga

Agárrate que vienen curvies

curvies

Hace años que observo la tendencia de algunas marcas a promocionar la obesidad como algo normal e incluso algo de lo cual enorgullecerse. La excusa es que los modelos ideales que se visualizan habitualmente en las pasarelas son algo irreal y un generador de frustraciones entre mujeres y adolescentes principalmente.

La excusa para ello tiene un buen fundamento: da grima ver a mujeres en los desfiles que parecen fugitivas muy estilosas de un campo de concentración. Eso es verdad. No es un buen ejemplo de salud física para nadie. Dicho lo cual, los promotores de la obesidad como antídoto de los complejos ante el espejo, simplemente caen en el exceso contrario.

La obesidad no debe ser normalizada: hay muchos tipos de obesidad, y algunos casos necesitan tratamiento médico y no pueden ser tratados con un mero cambio de dieta. Pero… esa insistencia en realidad esconde un designio más oscuro. Los obesos son el paradigma del ser humano ideal en la sociedad capitalista.

Son consumidores: consumen gran cantidad de alimentos a todas horas y en todo momento. Mientras trabajan, mientras conducen, mientras ven la TV, etc. Importa más la cantidad que la calidad en su dieta y son drogadictos de sustancias adictivas como el azúcar.

Carecen de autocontrol: No son capaces de autodisciplinarse, su meta es el placer inmediato, la recompensa oral por encima de todo. Gastan mucho dinero en el sistema sanitario.

Son individualistas: No comprenden las consecuencias de su alto nivel de consumo para su entorno social. Derrochan dinero de los contribuyentes, generan más residuos, aparte de su estómago, nada más nos aportan.

Los obesos ya forman parte de nuestro paisaje, cuando hace medio siglo o menos incluso, era raro verlos. Por eso se nos engaña diciendo que son algo normal. No lo son.

Veo a esas pobres chicas obesas, a las que llaman “curvies” porque en inglés todo suena mejor, y en vez de apelarlas que intenten cuidarse, solamente se nos ocurre alabarlas por su falta de resistencia (la inmensa mayoría de veces) y, lo que es peor, animarlas a que desfilen en bañador. Me pregunto qué tipo de preocupaciones tendrá una modelo de estas características antes de un desfile: ¿comerá un poco más? ¿estará más rato en el sofá? Porque no logro entenderlo.

Para terminar: la obesidad en sí solamente era vista como algo saludable cuando en tiempos muy antiguos el hambre era lo habitual. Luego fue vista como despreciable cuando el nivel calórico de la población en nuestras sociedades subió. Ahora parece que la tendencia es verlo como algo bueno o por lo menos no tan malo. El motivo: hay que justificar el estilo consumista de vida, porque, aparte de dar dinero, la obesidad es una de sus inevitables consecuencias.

Jordi Garriga Clavé [Twitter: @Jordigave]
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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