La abuela australiana que no quiere ser canguro

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Este pasado 15 de diciembre se ha hecho muy viral el caso de una abuela australiana que le ha exigido a su hija una remuneración a cambio de cuidar de su propio nieto, un pequeño de un año de edad, ya que su madre debe volver al trabajo.

En concreto, le pedía cobrar (en dólares australianos) 10 euros por hora los dos o tres días que debería atenderlo de la semana. Al final parece que se lo va a dejar en ocho, ya que el salario de la hija es de 18 euros a la hora…

El argumento de la abuela es que, en primer lugar, ella tiene una vida, y en segundo, que, al trabajar desde su casa, debe desatender sus negocios para atender a su nieto y que por eso mismo es justo que se le compense.

No me digan que no es triste: en una casa donde tanto el hombre como la mujer deben salir a trabajar todo el día, queda un hogar vacío donde ningún niño puede llegar a crecer. Porque aquí y en Australia ya apenas alcanza con dos sueldos para vivir y los matrimonios con niños pequeños han de solicitar el auxilio de los abuelos, los cuales, ciertamente, ya bastante han tenido que trabajar y luchar en esta vida.

Es evidente que un sistema político y social en el cual lo más importante es el éxito y la realización personal, la familia es un tremendo estorbo, y, sin embargo, precisamente gracias a la existencia de la familia los avances actuales han sido posibles. ¿Por qué? Porque es la base solidaria desde la cual el individuo se puede construir como tal.

Desde luego, nadie puede negarle a esta abuela lo que está haciendo, pero… es moralmente muy reprobable. Cobrarle a su propia hija por cuidar de su propio nieto es el colmo del éxito del sistema económico actual: la desaparición del DON, de la cultura económica basada en la reciprocidad, donde se aporta en una comunidad dada (en este caso la familia) la mano de obra y los conocimientos de cada cual y luego se reciben. Si los miembros de una misma familia empiezan a cobrarse, a monetizar sus relaciones… ¿qué les diferencia de una sociedad anónima? Nada.

La hija, en un futuro no muy lejano, podrá aparcar a su madre en un asilo, ya que su casa “no es un geriátrico” y ella debe disfrutar de la vida. El nieto creo que podrá estar de acuerdo: a fin de cuentas, le cuidó a cambio de dinero, por mucho que diga que le quiere. Es igual, también en las declaraciones de intenciones y los reglamentos corporativos se gasta un lenguaje correcto para las más repugnantes extorsiones.

Para esta abuela es mucho mejor y más ético decir NO. La familia, de cualquier tipo, debe ser un espacio donde el amor y el respeto sean el leitmotiv de las relaciones entre sus miembros, no una organización económica en la que, si en un momento dado, el dinero deja de entrar, se abandona como se abandona una empresa con la esperanza de abrir otra. Por supuesto, existen los abusos, pero un abuso no borra otro.

Cuando el dinero es lo más importante, nos acercamos peligrosamente a la deshumanización, a que el cuidado de cualquier miembro de la familia sea visto como fácilmente esquivable mediante aborto o eutanasia, métodos moralmente dignificados por aquellos que no desean que los esfuerzos de esa abuela se pierdan en su, por ahora, poco productivo nieto.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.
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