El síndrome de Estocolmo se instala en España

 cacerolada

Por supuesto que hemos perdido libertad, buena parte de la que nos quedaba que no era tanta como nos decían, ya que el sistema antes de la pandemia te decía lo que tenías qué consumir, qué hacer, qué leer, qué ver, qué escuchar, qué decir y hasta qué pensar, pero al menos había cierto margen para la disidencia, disidencia que ya era satanizada, censurada y reprimida pero con cierta libertad de movimientos que aún no eran considerados ilegales, aunque cada vez había más legislación represora contra los de siempre, más jueces dispuestos a aplicarla y más prensa del sistema servil y lacayuna encantada de jalearlo para que el pueblo reconociera como muy peligrosos y como sus enemigos a compatriotas que usaban romper los dogmas de lo políticamente correcto.

Todo lo relacionado con la ideología de género, quien se opone a ella automáticamente era etiquetado ya para siempre de machista y homófobo y hay leyes que lo castigan.

Todo lo relacionado con la inmigración-invasión quien se oponía a ello inmediatamente era tildado de racista y xenófobo y hay leyes que lo castigan.

Y todo lo relacionado con la defensa de ciertas ideologías, ideologías socialpatriotas, en España falangismo, franquismo, etc, y fuera de España fascismo o nacionalsocialismo y la prueba es que la ley de memoria histórica está vigente y quien dice verdades históricas será catalogado como fascista y la ley lo persigue. De hecho, no nos extrañaría nada que pronto haya una nueva ley de memoria histórica que diga que el Gobierno frentepopulista del año 2020 gestionó maravillosamente la crisis de la pandemia y esa será la verdad oficial como nos han impuesto su verdad en otros temas históricos, en casi todos los del siglo XX.

Pero con la pandemia la pérdida de libertades se ha extendido a límites que nos parecían imposibles de admitir hace solo dos meses y que el pueblo español ha tragado como traga con todo. Nos han regalado miedo y ahora nos venden seguridad, pero esa seguridad ficticia hay que comprarla no sólo con dinero, que también, sino con libertad. El control absoluto en algunos aspectos ha venido para quedarse mientras en otros irán soltando la cadena poco a poco para que creamos que somos libres y sigamos aplaudiendo a este régimen de libertades que nos hemos dado.

Si hace dos meses alguien nos dijera, a cualquiera de nosotros, que un gobierno con el apoyo de TODO, repito, TODO el sistema nos iba a impedir salir a la calle, ver a nuestra familia, ir a la Iglesia, bueno, a las mezquitas sí se puede ir, ir a trabajar, visitar a nuestros enfermos, acudir a los entierros de nuestros muertos precisamente por coronavirus o por otras causas, que nos iban a obligar a cerrar negocios, a suspender actividades de todo tipo, a delatar a quien se revela contra este liberticidio, a bloquear nuestras redes sociales… y todo esto con más de 25.000 muertos oficiales que parece que no son culpa de nadie, y una España destrozada social y económicamente y mientras están modificando leyes a su antojo a golpe de decreto ley, si nos dijeran en febrero que todo esto iba a ocurrir, a quien simplemente lo insinuara, le llamaríamos loco peligroso, lo tildaríamos de conspiranoico y posiblemente le encerrarían.

Este control absoluto que nos han impuesto ha venido para quedarse con ciertos matices y lo que es peor, con la connivencia de la inmensa mayoría del pueblo español cuyo parecido con el pueblo español del Dos de Mayo es mera coincidencia. Y el pueblo lo aceptará porque le dirán que es por su bien y ante todo hay que hacer lo que nos dice nuestra democracia y nuestra globalización, y porque lo contrario a esta democracia y esta globalización es barbarie, aunque sea evidente que esta pandemia ha llegado, se ha quedado, y ha destrozado, por ejemplo, España por culpa de esta democracia y de esta globalización.

Han practicado un experimento que les ha salido perfecto, nos van a tener al menos dos meses en arresto domiciliario y la gente sigue aplaudiendo a las 8 de la tarde, aplaudiendo no sólo a los sanitarios que ya han pedido en infinidad de veces que menos aplausos y más denuncia de la pésima y criminal gestión del Gobierno y todos sus cómplices de los que ellos también son víctimas, sino aplaudiendo a sus secuestradores.

Si alguien no sabía lo que se siente cuando se padece el síndrome de Estocolmo que se mire en el espejo, porque la inmensa mayoría del pueblo español hoy tiene síndrome de Estocolmo.

Y recordemos lo ocurrido esta misma semana con el acto que la Falange, apoyado por otras organizaciones, quería celebrar este Dos de Mayo para comprobar el doble rasero del sistema. Un acto para homenajear a nuestros muertos y acusar a los culpables. Se prohibió por Delegación de Gobierno con razones peregrinas, se recurrió ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid que aunque reconoció que el Estado de Alarma no puede impedir las manifestaciones, de hecho se han celebrado otras, eso sí, de la izquierda y de la extrema izquierda, pero le da la razón al Gobierno por “nuestra seguridad sanitaria”, la de los que íbamos a acudir, de nuestras familias y de nuestros amigos el mismo día que a millones de españoles se les dejaba salir a la calle prácticamente todos a la vez, sin ningún tipo de control y sin cumplir ningún tipo de medidas sanitarias. Ahora bien, ayer, Dos de mayo, se vieron banderas de España con crespón negro por las calles españolas, y se vieron precisamente banderas con crespón negro en ese monumento a los Caídos que está en la Plaza de la Lealtad, lugar donde los falangistas y otros patriotas queríamos manifestarnos para luego ir al Ministerio de Sanidad.

Si se creen este Gobierno y sus cómplices que con su omisión de libertades van a silenciarnos a los que nos consideramos herederos del pueblo español del Dos de mayo, me parece que ni conocen lo que pasó el Dos de mayo, ni nos conocen a nosotros.


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