Opinión | Javier García Isac

Ana Julia Quezada y la fascinación de la izquierda por sus asesinos de cabecera

ana julia quezada

A Ana Julia Quezada no se la odia por ser mujer, negra o inmigrante. A Ana Julia Quezada se la odia por ser una asesina de niños, concretamente del pequeño Gabriel de ocho años. Su raza, sexo o nacionalidad, nada tienen que ver con la repulsión y el asco que produce. Se la odia por su sangre fría y la maldad que demostró, en los doce días de búsqueda del menor, y también por las dudas que existen respecto a la muerte de su propia hija de cuatro años, al tirarse por una ventana cuyo cierre era complejo como para que una niña tan pequeña pudiera abrirla. Escucho tonterías e imbecilidades que intentan justificar lo injustificable, que tratan de culpabilizar a los medios del trato que se le está dando a este caso.

Ana Julia Quezada podría ser la primera mujer condenada a prisión permanente revisable, la máxima pena que contempla nuestro ordenamiento jurídico y que la izquierda lleva años intentando derogar. Es difícil de entender la postura de la izquierda de este país, cuando tratamos cuestiones sobre penas y condenas a delincuentes y asesinos. Pareciera que siempre están más cerca de los criminales y los asesinos que de las víctimas, más cerca de los verdugos que de aquellos que sufren. Siempre más preocupados en hechos acontecidos hace más de ochenta años que en resolver los crímenes más recientes. Hablan de Derechos Humanos, pero solo para "sus asesinos más cercanos" o para víctimas que ellos entienden entran dentro de su espectro ideológico, y niegan crímenes y matanzas masivas, sin han sido sus correligionarios los autores. Es muy difícil dar lecciones de moral y combatir tal o cual delito, cuando a la vez pides reducción de penas y condenas. No se puede estar en Misa y repicando. No puedes estar en concentraciones contra maltratadores y luego pedir condenas y penas más laxas de lo habitual.

La doble vara de medir de la izquierda, les hace ser sumamente contradictorios y sectarios. Reivindican la memoria de grandes criminales históricos, negando reconocimiento y honores a las víctimas de los genocidios cometidos. Exageran hasta lo obsceno episodios tristes de nuestra historia, minimizando sus grandes matanzas. Las "carnicerías" producidas en Paracuellos o Montjuic, son negadas de forma sistemática, humillando a las víctimas que allí perecieron y "genocidas" como Santiago Carrillo o Luis Companys, son tratados como héroes en la nueva historiografía que se están inventando, en el nuevo relato donde la verdad no tiene cabida.

La izquierda miente y lo sabe, y en esta labor de desinformación y falseamiento, cuenta con un aliado inestimable, con un colaborador necesario que les sirve de coartada para la construcción del nuevo relato que se impone, cuenta con la cobardía y la tibieza de lo que conocemos como centro reformista. Muy digno a la hora de exigir el cumplimiento íntegro de las condenas, muy firme a la hora de modificar el código penal, pero ningún empacho en liberar masivamente criminales y violadores en cumplimiento de una sentencia de un tribunal extranjero, que nunca debió ser reconocida. Esta derecha o centro reformista, que es como les gusta ser llamados, es la misma que asume gustosa la nueva ley de memoria histórica y se abstiene en lo que ellos llaman reconocimiento a las víctimas del franquismo, considerando a víctimas a muchos de los asesinos que fueron ejecutados por sus gravísimos delitos de sangre y equiparando a los asesinos con los inocentes.

Lo que sigo sin entender, lo que sigo sin ver, es que pedir reducciones de condenas e incluso que desaparezca la figura de la prisión permanente revisable de votos, a no ser que uno piense, que el objeto de esas condenas y esas penas, sean allegados o simpatizantes míos, a no ser que mis filas estén llenos de sujetos a los que se les pudiera aplicar esas condenas y penas, a no ser que imagine que mi partido este plagado de "supuestos" delincuentes.

Javier García Isac [@Javiergaciaisac]
Director de RADIO YA

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