Opinión | Erik Encinas

Los GDR son la peor pesadilla para CDR

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El vacío de las instituciones políticas y la continuidad del golpe de Estado perpetrado por los separatistas ha dado lugar a Grupos de Defensa y Resistencia, apodados también con el acrónimo GDR, en contraposición a los CDR, esos Cómites de Defensa de la República del nunca jamás que en sus filas tienen a las juventudes separatistas de Junts x Cat, ERC y la CUP.

Los GDR se caracterizan por ser pacíficos, constitucionalistas (a favor de las leyes que emanan en la Constitución Española), no desafían al Estado de Derecho, la democracia y la ley, mientras que los CDR son violentos tanto de manera dialéctica como física, muestran un odio aberrante frente aquellos que no quieren la independencia de Cataluña, es decir contra la mayoría de los catalanes y el resto de españoles. Además, los segundos quieren romper la unidad de Cataluña a través del enfrentamiento civil, y eso evidentemente comporta cargarse por la mitad el Estado de Derecho, la democracia y pasarse las leyes por el forro, aunque los muy cobardes se escurren dulcemente en una visión hacia fuera de no violencia, la defensa de la democracia y la República Catalana.

Por ejemplo, los más cuperos se meten con personas civiles de todo tipo que en la mayoría de ocasiones ni son políticos constitucionalistas, y a veces no son ni necesariamente de la CUP, sino que de las otras formaciones secesionistas que los respaldan abiertamente. A parte cortan carreteras y autopistas catalanas, queman contenedores y ruedas de vehículos, se encaran con la Policía, fuerzan peajes, cuelgan lazos amarillos a favor de golpistas fugados o encarcelados por sus graves delitos, pintan la calzada con simbología o insultos que descalifican a los patriotas españoles, vamos como si fuera la calle suya sin que lo sea en realidad, y eso les convierte en unos supremacistas descarados y sin escrúpulos.

En cambio, los Grupos de Defensa y Resistencia (GDR) están organizados voluntariamente por personas que ni siquiera están adscritas a partidos políticos, gente de la calle, trabajadores de toda condición y que engloban cualquier edad, y cabe destacar que muchos son personas jóvenes y de mediana edad que deciden salir de forma valiente y patriota cuando el sol desaparece en esta región española a limpiar las calles de la basura amarilla que cuelga de edificios públicos, mobiliario de zonas urbanas y rurales, eliminando contaminación física y mental de esteladas (banderas creadas por el separatismo), lacitos amarillos o cualquier otra perversión de la realidad. Resaltar que no son violentos y no se meten con la propiedad privada. Y sin la menor duda comprenden que la libertad de expresión les ampara, y creen que en su vestimenta, sus casas o sus negocios. Pero nunca en Ayuntamientos, centros públicos o farolas, porque ese espacio es de todos. Y si los separatistas colocan basuras, los demás pueden tirar.

En cualquier caso, en este contexto tan problemático y comparable a los años 30, es evidente que hay una gran violencia (física, verbal y psicológica) que va aumentando por momentos en Cataluña, y conviene recordar que las calles son de todos, y ningún supremacista separatista ganará si pretende imponer su fuerza frente a los demás, porque pese a que sean unos golpistas y hayan vivido mejor que muchos ciudadanos, la mayoría de los catalanes han dicho basta, y ya no van permitir por más tiempo que se ponga fin a sus libertades, DDHH y exista una enorme falta de oportunidades entre catalanes de primera y de segunda, a raíz de una cierta discriminación por razones políticas. Y por ello es indiscutible que estamos en una fase histórica y de cambios considerables en Cataluña.

Erik Encinas [Twitter: @ERIKEO5555]
Estudiante. Activista político y social. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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