Opinión | Erik Encinas

La Iglesia Católica es la más perseguida con diferencia

notre dame en llamas

Ser católico en pleno siglo XXI, no es tarea fácil. En muchos países te lleva hasta la muerte, porque los intolerantes pueden llegar a matarte brutalmente por practicar la fe cristiana. Así que prácticamente es otro acto revolucionario. España es un país mayoritariamente apostólico, católico y romano, sin embargo, en la última década ha habido un cierto retroceso en materia de libertades y respeto a la religión católica, ya que pese a permanecer en el primer puesto del ranking, ha recibido ataques de todo tipo de la izquierda radical y de la kale borroka separatista. Una situación ciertamente alarmante y que pone tela de juicio a la democracia española, sino se frena tampoco esa violencia y odio al cristianismo.

Somos muy pocos los que decimos que se ha declarado una guerra abierta al cristianismo con propaganda bien pagada de por medio, que interesa a determinados poderes fácticos, quienes son los que financian de manera directa o indirecta los ataques a la Iglesia Católica. Por ello, el apoyo entre cristianos se vuelto algo cotidiano dentro de la rutina eclesiástica y cada vez son más creyentes los que no dudan en defender su fe católica sin tapujos ante la opresión sinrazón.

En países como Nicaragua, el régimen opresor y genocida de Daniel Ortega ha aumentado la persecución a la religión católica por ponerse está institución al lado de las víctimas del pueblo nicaragüense. El propio cardenal Leopoldo Brenes afirmó rotundamente que “la Iglesia Católica es perseguida por el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua”, un país afectado por una tremenda crisis que ha dejado centenares de asesinados desde abril pasado, y que se extiende, al igual que las protestas, pese a la violenta represión.

En España, el bando anticatólico lleva tiempo cociéndose en la cocina con suculentos fondos de un lobby concreto, algo que no es nuevo, porque existen numerosos antecedentes en la historia de la nación, como por ejemplo los ataques a la Iglesia Católica en la Segunda República, donde se empezó amenazando, pintando y quemando iglesias, para posteriormente terminar violando y matando a monjas y curas.

Erik Encinas [Twitter: @ERIKEO5555]
Estudiante. Activista político y social. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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