Opinión | Erik Encinas

El régimen sandinista impone una dictadura en Nicaragua

nicaragua

Los nicaragüenses viven aterrados. Daniel Ortega es el máximo responsable del genocidio al que está siendo sometido el pueblo de Nicaragua por culpa del régimen sandinista de ideología izquierdista. Las violaciones y las matanzas son continuas y masivas, y ya se han encontrado hasta hoyos con decenas de muertos en ellos y centenares de heridos en todo el país.

Las imágenes de jóvenes luchando de forma valiente y pacífica en las calles contra el gobierno de Ortega y su familia, forman parte de una muestra bibliografía que representa el hundimiento total de las revoluciones latinoamericanas que no comprendieron practicar lo que sermoneaban y pervirtieron los sistemas políticos y sociales de sus naciones a su antojo con el paso de los años-como el caso de este déspota y asesino nicaragüense que lo niega todo llamado Ortega o el del venezolano Nicolás Maduro.

La oposición cuenta con el clamor popular y el respaldo de la iglesia, precisamente por esta razón de peso, el dictador Ortega se niega a convocar elecciones y ordena a paramilitares el trabajo sucio a cambio de grandes sumas de dinero provenientes de las arcas del régimen.

La represión es de una dureza impresionante, sobre todo en las protestas populares. Y además, tanto antes como después van dando volteos en vehículos blindados para advertir su presencia, señalando, amenazando, saqueando los negocios y las iglesias de la nación, quemando casas, violando a mujeres, incluso con sus esposos en casa, perpetrando asesinatos, entre otras tremendas barbaries.

Los asesinos del régimen sandinista no tienen escrúpulos y campan a sus anchas por todo el Estado, porque hasta disfrutan matando a gente, ya que después de ejecutar a alguien lo celebran bailando como si fuera un ritual. Y también se han hecho con casi la totalidad de las armas que se encontraban en las armerías de Nicaragua. Este país ubicado en el istmo centroamericano, ya vive un genocidio masivo ante las miradas del mundo. Y un silencio frente a esto es ser cómplice de esta gran masacre, así que debemos evitarlo a toda costa y condenar a este régimen sanguinario en bloque.

Por ello, la disidencia nicaragüense va a seguir está lucha sin descanso, esperanzada de contar también con un apoyo internacional, que devuelva al pueblo de Nicaragua la libertad y el retorno a una vida digna que les permita poder estudiar y trabajar sin grandes complicaciones, algo que desgraciadamente ahora sus ciudadanos no pueden realizar.

Erik Encinas [Twitter: @ERIKEO5555]
Estudiante. Activista político y social. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL

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