Última actualizaciónDom, 12 Jul 2020 9pm

Opinión / Enrique Area Sacristán

La paganización de la sociedad cristiana

pesebre

Cercana la Navidad, voy a dar unas pinceladas de lo que ha significado el cristianismo hasta nuestros días y en nuestros días, cuna cultural de la civilización occidental.

El cristianismo situó sus dos grandes fiestas de Jesucristo en ambos solsticios: la luz del mundo nace en Navidad; en Pascua, cuando rebrota la naturaleza, se celebra la resurrección, la victoria definitiva de la luz sobre las tinieblas y de la vida sobre la muerte. La fe cristiana inserta una afirmación histórica sobre un ciclo natural y se expresa a través de unos símbolos ancestrales que pueden encontrar eco en lo más profundo del ser humano.

¿No asistimos en esta sociedad secularizada, y en buena medida poscristiana, al vaciamiento de sentido de los viejos ritos y símbolos cristianos?, ¿no vuelve a repaganizarse unas fiestas que en su día, el cristianismo moduló a la luz de la fe? La Navidad, en pleno invierno, con frío y días cortos, es una fiesta centrada en la casa, alrededor de la mesa donde se reúne la familia. Es, por tanto una fiesta de evocaciones y recuerdos, en la que se mezclan la alegría del encuentro con la nostalgia por las ausencias, que se hacen más presentes que nunca. La Pascua, convertida en fiesta de primavera de la sociedad de consumo, es la búsqueda del contacto con la naturaleza que revive con fuerza, la fiesta de los viajes, del sol, de la playa y del monte. Nuestra sociedad es muy plural y a las fiestas se les atribuye sentidos muy distintos, pero parece claro que socialmente hay una repaganización de lo que hasta hace no mucho tiempo eran fiestas cristianas.

Rafael Aguirre, se pregunta si no estaremos asistiendo a un empobrecimiento notable del contenido humano de algunas de nuestras mejores tradiciones sociales. Pone un ejemplo esclarecedor: afortunadamente se ha tomado conciencia de la necesidad de conservar dignamente el gran patrimonio cultural e histórico que suponen nuestras catedrales. No siempre ha sido así. Un amigo de Rafael Aguirre, que ha asistido desde el inicio de la democracia, a las reuniones de la comisión Gobierno-Iglesia para asuntos del patrimonio cultural le contaba, que algún representante gubernamental, para dejar muy claro su laicismo, evitaba siempre la palabra “Catedral”, que la sustituía por la expresión “contenedor de bienes artísticos". Pero una Catedral es una Catedral y no un contenedor cualquiera, es un templo muy especial, la expresión de una cultura, de un mundo simbólico y hasta un poso de fe y esperanza. Nadie está obligado a hacer suyo lo que una catedral significa, pero es penosa la desarticulación simbólica de nuestra sociedad; hay recursos ridículos a tradiciones sin arraigo; hay sectarismos y, sobre todo, hay ignorancias lamentables.

Otras religiones con sus culturas invaden los templos que antaño fueron ejemplo de nuestra civilización y nuestros símbolos, hoy utilizados en algunas ocasiones por el Islam. Debemos reconocer que la fuerza moral del Islam, el rearme de este modo de entender la vida y el espíritu esta teniendo una gran aceptación en Occidente gracias a que la Iglesia no ha sabido transmitir y mantener sus valores, a la secularización de la sociedad producto del ataque tan tremendo a que ha sido mantenida por la izquierda política y los progres anticlericales, a los que les gustaría ver en la cruz, quemados o mutilados como los mártires de 1936 a todos los curas y monjas que se reafirman en el amor a Jesucristo y a sus discípulos.

No quiero con esto más que reafirmar nuestra cultura occidental basada en los valores cristianos, cuna de la misma.

Enrique Area Sacristán

Doctor en Sociología por la Universidad de Salamanca y Teniente Coronel de Infantería de la Escala Superior de Oficiales. Cursó sus estudios militares en la Academia General de Zaragoza y la Academia de Infantería de Toledo. Es Diplomado en Mando de Unidades Acorazadas, de Unidades de Operaciones Especiales, de Unidades Paracaidistas en España y del Ejército Francés. Ha realizado diferentes cursos y masters: Curso de Derecho Internacional y de la Guerra, postgrado en Ingeniería de Calidad, Master en Dirección de Recursos Humanos

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Enrique Area Sacristán
Autor: Enrique Area SacristánWebsite: https://www.defensa-nacional.com/blog/
Enrique F. Area Sacristán (Vitoria 1960), Doctor en Sociología por la Universidad de Salamanca y Teniente Coronel de Infantería de la Escala Superior de Oficiales. Cursó sus estudios militares en la Academia General de Zaragoza y la Academia de Infantería de Toledo. Es Diplomado en Mando de Unidades Acorazadas, de Unidades de Operaciones Especiales, de Unidades Paracaidistas en España y del Ejército Francés. Ha realizado diferentes cursos y masters: Curso de Derecho Internacional y de la Guerra, postgrado en Ingeniería de Calidad, Master en Dirección de Recursos Humanos. Ha publicado varios trabajos relacionados con las Fuerzas Armadas y la Sociología, entre ellos destaca el estudio sociológico sobre 'Los Procesos de la Defensa Nacional en la Región Militar Pirenaico-Occidental' (2003), 'Necesidades de especialización en las Fuerzas Armadas' (2005) y 'La profesionalización en el Ejército de Tierra' (2007). Publica en 2018 su tesis doctoral, leída en la Universidad de Salamanca en 2009, sobresaliente cum laude, 'La incidencia de los nacionalismos excluyentes en la profesionalización de las Fuerzas Armadas'. Articulista reconocido, ha publicado más de doscientos artículos relacionados con las Fuerzas Armadas y los nacionalismos. Es coautor del trabajo 'Milicia y Sanidad en Al-Andalus. La Taifa Zirí de Granada' junto con el Coronel D. Francisco Hervás Maldonado.
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