Última actualizaciónVie, 29 May 2020 7pm

Opinión / Enrique Area Sacristán

Esto no forma parte de la política más que por omisión de deberes; por el Teniente Coronel Enrique Area

pascua-militar

Leo, sin inmutarme, en el Confidencial Digital, que el Ministro ha dado ordenes a sus Generales de que callen en el problema Catalán como si no fuera con ellos, porque es responsabilidad de los políticos. Por poner un ejemplo folclórico del problema, que va más allá de la política, según explicaba Jesús Lainz, la sardana empezó a ser bailada en todas las localidades catalanas como acompañamiento de los actos del catalanismo político y cultural. En un principio, dice, causaba extrañeza entre la población que jamás había tenido conocimiento de su existencia. Ya en tiempos de la II República el escritor Julio Camba explicaba la celebración de la promulgación del Estatuto catalán a ritmo, como no, de sardana: "Hace veinte años, algunos naturales del Ampurdan solían reunirse los domingos para bailar la sardana, y los barceloneses se morían de risa contemplando el espectáculo de su futuro baile nacional".

Este es tan solo un ejemplo de cómo un hecho cultural practicado por una exigua minoría se convierte, por arte de la estrategía política del nacionalismo, en seña de identidad de un colectivo humano que nunca lo conoció y al que se logra convencer de que es parte indisoluble de su alma como pueblo, distinta de la de los pueblos de los alrededores. Y, simultaneamente, se hace olvidar, igúal o más autenticas tradiciones culturales, pero a las que no se ha conferido la virtud etnificadora: en el caso de Cataluña, la jota, por pecar de extendida por otras regiones españolas. Y lo mismo puede decirse de los muy conocidos y hermosos castellers, tradición propia de unas pocas comarcas de la provincia de Tarragona, totalmente ajena en la mayor parte de Cataluña, y que hoy se considera parte central del volkgeist de la nación catalana. Nadie en Cataluña ignora que en buen número de las asociaciones dedicadas al fomento de todas estas manifestaciones folclóricas hay un claro interés del nacionalismo político.

En otro lugar, Vascongadas, Estornés Lasa ve en las danzas y saltos de los habitantes del norte peninsular que describió Estrabón el origen de los actuales bailes vascos, y la flauta y trompeta del geógrafo griego son traducidos directamente por el autor como txistus. "Comen sentados en asientos construidos alrededor de las paredes, ocupando los puestos de más respeto a tenor de la edad y dignidad; los alimentos se hacen circular en derredor; mientras beben bailan los hombres en grupo al son de la flauta y trompeta, ya saltando en alto ya cayendo en genuflexión."

Pero como los nacionalismos son esencialmente irreflexivos y expansivos, la colisión está garantizada, pues galleguistas hay que en dicho párrafo estraboniano han descubierto el origen de la muñeira. Pero no se frena ahí la imaginación sino que cualquier manipulación es válida para afirmar la diferencia y, a ser posible, la superioridad cultural de las neonaciones ansiosas por demostrar su no españolidad. Y que mejor que tachar de africano a todo lo que no tenga que ver con ellas.

Éstos y otros muchos son ejemplos de la utilización del folclore y la cultura popular con fines políticos en la que los nacionalismos han demostrado con envidiable insistencia su maestría. Sólo una mentecata cortedad de miras con ínfulas políticas puede hacer de los cantos, las danzas, la indumentaria o las costumbres, elementos caracterizadores de naciones y exigencias de incompatibilidad con los de la comarca vecina, por bailar o vestirse diferente, por cocinar el pescado de un modo u otro, o por tener el santo más milagrero. ¿Dónde está el vínculo lógico entre estas características y la necesidad de un marco estatal propio? Pero lo peor de todo es que estos vínculos ilógicos creados por el nacionalismo no han tenido respuesta política-cultural por aquellas instituciones de la Nación cuya responsabilidad primera y última es mantener intacto el sentir y la historia de los españoles. Eso es hacer política y no hacer callar a quien tiene la responsabilidad última de defender la unidad de España.

Enrique Area Sacristán. Teniente Coronel de Infantería. Doctor por la Universidad de Salamanca.

Enrique Area Sacristán
Autor: Enrique Area SacristánWebsite: https://www.defensa-nacional.com/blog/
Enrique F. Area Sacristán (Vitoria 1960), Doctor en Sociología por la Universidad de Salamanca y Teniente Coronel de Infantería de la Escala Superior de Oficiales. Cursó sus estudios militares en la Academia General de Zaragoza y la Academia de Infantería de Toledo. Es Diplomado en Mando de Unidades Acorazadas, de Unidades de Operaciones Especiales, de Unidades Paracaidistas en España y del Ejército Francés. Ha realizado diferentes cursos y masters: Curso de Derecho Internacional y de la Guerra, postgrado en Ingeniería de Calidad, Master en Dirección de Recursos Humanos. Ha publicado varios trabajos relacionados con las Fuerzas Armadas y la Sociología, entre ellos destaca el estudio sociológico sobre 'Los Procesos de la Defensa Nacional en la Región Militar Pirenaico-Occidental' (2003), 'Necesidades de especialización en las Fuerzas Armadas' (2005) y 'La profesionalización en el Ejército de Tierra' (2007). Publica en 2018 su tesis doctoral, leída en la Universidad de Salamanca en 2009, sobresaliente cum laude, 'La incidencia de los nacionalismos excluyentes en la profesionalización de las Fuerzas Armadas'. Articulista reconocido, ha publicado más de doscientos artículos relacionados con las Fuerzas Armadas y los nacionalismos. Es coautor del trabajo 'Milicia y Sanidad en Al-Andalus. La Taifa Zirí de Granada' junto con el Coronel D. Francisco Hervás Maldonado.
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