Opinión | Alejo Vidal-Quadras

Sánchez entre Escila y Caribdis

presidente sanchez

Un Gobierno cuyo partido tiene la cuarta parte de los escaños de la Cámara Baja y que se sostiene gracias al apoyo de grupos cuyo objetivo es liquidar el orden constitucional, acabar con España como Nación de ciudadanos libres e iguales y poner en solfa el marco conceptual y económico de la Unión Europea, no puede disfrutar, en principio, de un largo recorrido. Sin embargo, Pedro Sánchez espera realizar el milagro de durar hasta el final de la presente legislatura en junio de 2020. Su plan para conseguir tan difícil objetivo está a la vista: prodigar los gestos efectistas sin mayores consecuencias reales, entretener a los separatistas catalanes mediante concesiones que no alteren las bases del sistema político y halagos apaciguadores que calmen su agresividad, y mantener a su lado a Podemos estirando hasta el límite que tolere Bruselas el déficit y el endeudamiento para poner en marcha medidas “sociales” que permitan a las huestes de Pablo Iglesias apuntarse tantos frente a su parroquia. Como estrategia dadas las circunstancias no parece irracional y el Secretario General del PSOE está convencido de que le va a funcionar y de que le colocará en buena posición en el momento de llamar a las urnas dentro de veintiún meses. Además, la fragilidad del líder de la primera fuerza de la oposición por el procedimiento judicial en marcha sobre sus discutibles logros académicos dibuja un escenario también a su favor y, en caso de que el Tribunal Supremo decidiese imputarlo por los delitos señalados por la jueza de instrucción, el horizonte del actual inquilino de La Moncloa se despejaría considerablemente.

Ahora bien, el hombre propone y Dios o el destino o los acontecimientos disponen. En este diseño de tránsito por el alambre hay demasiados obstáculos como para que sea viable. Hay dos elementos en particular del cuaderno de bitácora de Sánchez que se alzan en su camino como escollos prácticamente insuperables. El primero es el golpismo secesionista que está hundiendo a Cataluña en el desastre y perjudicando gravemente el prestigio internacional de nuestro país en su conjunto. Si hay algo que una amplia mayoría de españoles, incluidos muchos simpatizantes y votantes socialistas, no están dispuestos a tolerar, es que una minoría fanatizada de una parte del territorio dinamite un valioso patrimonio histórico, cultural, económico y sentimental que es de todos. Existe hoy en nuestra sociedad una aversión profunda a lo que representan y pretenden Torra, Puigdemont, Junqueras y resto de la banda que va más allá de lo político y que entra de lleno en lo emocional. Si Sánchez cruza la delgada línea roja que separa lo que su electorado percibe como maniobras tácticas para contener a los nacionalistas para pisar el terreno de lo que sea interpretado como colaboración con el enemigo, es decir, traición, no quedarán de él ni las pavesas. Las últimas declaraciones de Susana Díaz, Javier Lambán y Emiliano García-Page al respecto dan pistas esclarecedoras sobre esta cuestión.

El segundo es el espinoso tema de la inmigración. La operación publicitaria del Aquarius ha sido la espoleta que ha encendido la avalancha de inmigrantes irregulares que estamos sufriendo en estos días. Más de veinte mil han llegado a nuestras costas meridionales en lo que va de año y un 40 % del total europeo tiene a España como destino. La impresión de muchos de nuestros compatriotas es que estamos siendo invadidos por un alud de individuos desesperados, hostiles y violentos que amenazan nuestra seguridad, que colapsan nuestros servicios sociales y que son tratados de manera más favorable que los propios nacionales en bastantes aspectos sensibles. La indignación y el miedo que este fenómeno despierta en extensas capas de la población tampoco admite un enfoque objetivo y desapasionado porque trabaja en el plano visceral y si la conclusión de millones de ciudadanos es que es la irresponsabilidad demagógica de Sánchez la que nos pone en peligro de ser engullidos por una ola humana de creencias no sólo distintas sino incompatibles con nuestro modo de vida y con necesidades que no podemos satisfacer sin sufrir una fuerte merma de nuestro bienestar, ya se puede olvidar el Gobierno de conseguir una ampliación de su peso parlamentario en 2020.

La devolución inmediata a Marruecos del último centenar de asaltantes a la valla de Ceuta y el recurso contra la reapertura de media docena de pseudoembajadas de la Generalitat separatista clausuradas en la etapa de aplicación del artículo 155, indican que en el equipo gubernamental se empieza a oler el peligro y se intenta conjurarlo.

Por otra parte, por condenable que sea en términos morales que a uno le regalen un grado o un máster, es dudoso que sea un ilícito penal y si Pablo Casado sale al final judicialmente indemne de sus peripecias universitarias, el tándem PP-Ciudadanos es muy posible que articule una mayoría absoluta en las próximas elecciones generales. Si no es así y Casado sucumbe, entonces serán los naranjas los que arrasarán ante la perspectiva de que España se deshaga y el multiculturalismo nos destruya.

Sánchez debiera saber que, al igual que sucede en el campo en el que parece que se doctoró, en los comportamientos electorales cuando los fundamentales se mueven en una dirección, es muy arduo cambiarla. Entre la Escila de sus deseos de contentar a sus insaciables socios y la Caribdis de que lo que sus compatriotas consideran son cosas de comer y de querer con las que no se juega, el apolíneo y vacuo Presidente del Gobierno naufragará en la tormenta flamígera que ha desatado su incontenible ambición.

Alejo Vidal-Quadras [Twitter: @VidalQuadras]
Exvicepresidente del Parlamento Europeo | VozPópuli

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