El suicidio político de Pablo Casado

Es sabido que la política, a diferencia de las ciencias de la naturaleza, no es el reino de lo racional, pero no necesariamente ha de ser el ámbito obligado de la estupidez. Los políticos se comportan muchas veces con maldad, egoísmo, venalidad, prodigalidad, deslealtad e incompetencia, aunque estos componentes negativos de su oficio no son lo peor con lo que pueden castigar a las sociedades en las que pululan. El máximo peligro que acecha a un país es estar en manos de tontos activos. El daño que inflige a la buena marcha de los asuntos públicos la falta de inteligencia de los elegidos en las urnas para gestionarlos alcanza casi siempre dimensiones inconmensurables.

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Extremismos

He seguido con divertido interés la polémica que iniciaron Arcadi Espada y Federico Jiménez Losantos sobre los extremismos patrios. Entrometerse en un choque argumental entre semejantes pesos pesados del panorama intelectual español equivale a intentar mediar en un combate entre un tigre de Bengala y un león del Serengueti, es decir, constituye a todas luces un ejercicio de alto riesgo, pero como los conozco muy bien a los dos desde hace muchos años y a ambos profeso un sincero y profundo afecto, al que ellos siempre muy amablemente han correspondido, me atrevo a echar mi cuarto a espadas en esta polémica. Hasta ahora, después de que Arcadi abriera el fuego con una columna titulada “Por el fin de la indecencia”, siguió una réplica de Federico en otra, situada en la misma página y misma colocación, de encabezamiento “Indecencia sin fin” a la que respondió Arcadi con una pieza denominada “No debería perder guapeza” y ha rematado hoy -escribo estas líneas el viernes- Federico con un texto al que ha bautizado con el ingenioso hallazgo “Ciudanaderías”. Veremos si el cruce de afiladas hojas dialécticas sigue o si los contendientes tras dos enérgicos mandobles cada uno dan el lance por zanjado.

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Carta a Pablo Casado

Querido Pablo:

Te escribo estas líneas porque encuestas de diversas procedencias -con la única excepción de las que falsifica La Moncloa por medio de Félix Tezanos- vienen reiterando desde hace semanas tu probable victoria en las próximas elecciones generales con un resultado que, si bien lejos de la mayoría absoluta, te garantizaría la condición de primera fuerza. A partir de aquí esos mismos sondeos dibujan también la clara posibilidad de que el voto favorable del partido que nació como una escisión del tuyo debido a la tórpida indolencia de tu predecesor, te haga presidente del Gobierno. Las consideraciones que te expondré a continuación no las consideres consejos porque nada más lejos de mi ánimo que darlos a quién seguramente no los necesita, pero sí léelas con la benevolencia que merecen las opiniones de alguien avalado por una dilatada experiencia de un cuarto de siglo de actividad política y que contempla desde la atalaya de su entrada en la tercera edad los aciertos y errores propios y ajenos con la intención de extraer de ellos algo de sabiduría y lúcido discernimiento.

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Sin prisa, sin pausa y sin vergüenza

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La imagen de un presidente del Gobierno de España inclinándose reverente ante la enseña de una parte de la Nación transformada por una caterva de delincuentes de baja estofa en emblema del peor ataque contra la unidad nacional desde la Transición, revolvió el estómago de millones de españoles hartos de tanta ignominia, tanta indignidad y tanta traición. La denominada "mesa de diálogo" por Pedro Sánchez y "mesa de negociación" por sus interlocutores separatistas es en sí misma un motivo de oprobio insoportable para cualquier ciudadano que no posea la pétrea faz del actual inquilino de La Moncloa. El encargado de defender el prestigio de España y la fortaleza de su orden constitucional acudió a Barcelona a humillarse y a humillarnos de paso al resto de sus compatriotas.

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Afganistán: ¿y ahora, qué?

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Una vez constatado el fracaso del programa de desarrollo social y de construcción de un Estado viable en Afganistán después de haber invertido durante veinte años dos billones de dólares y de la pérdida de cien mil vidas entre militares de la OTAN, talibán, cooperantes y población civil, se impone hacer frente a la nueva situación y diseñar una estrategia de cara a los próximos años. El planteamiento de los Estados Unidos y sus aliados ha sido simple y aparentemente racional: si movilizamos suficientes efectivos para derrotar a los extremistas, si aportamos financiación y conocimiento experto en la medida requerida para formar a un ejército nacional, implantar una burocracia eficaz e instalar las infraestructuras de transporte, sanidad y educación que permitan un progreso significativo de la población, llegará el día en que podremos retirarnos dejando tras de nosotros un país transformado y con el aplauso general tanto de la mayoría de los afganos como de la comunidad internacional.

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El Estado exprimidor

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La última polémica trucada con la que el peor Gobierno que ha padecido España por lo menos desde la Transición -no hay que remontarse a fechas anteriores para no desviar el tiro- nos está castigando, agravando así los rigores térmicos del estío, consiste en atribuir a la Comunidad de Madrid por una parte un beneficio indebido por albergar a la capital del Reino y por otra la perpetración de un maligno dumping fiscal, en detrimento ambas cosas del resto de España. El primero en blandir tan venenosos argumentos, impregnados los dos de envidia y de resentimiento por la comparación del fracaso propio con el éxito ajeno, fue el diputado Rufián, militante incongruente en un partido que desprecia a los que por sus orígenes geográficos y preferencias lingüísticas debería considerar compañeros oprimidos y no enemigos a reeducar o a expulsar de Cataluña.

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Madrid nos mata

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En la época de la famosa movida madrileña se hizo popular la frase 'Madrid me mata' entre los castizos de la contracultura musical que venía a significar los gratificantes excesos de la urbe.

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