Última actualizaciónLun, 03 Ago 2020 7pm

Cayetana

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La política es un ámbito contradictorio, en no pocas ocasiones repulsivo, en el que se producen los fenómenos más extraños y enfocarla racionalmente equivale a no entenderla. De vez en cuando, sin embargo, en este barrizal de vanidad, codicia, mediocridad, ignorancia, cainismo e incompetencia, surge una figura exótica que no encaja con el paisaje desolado de la lucha despiadada por el poder, una voz resuena en llamativa disonancia por su vigor armónico y su timbre elegante con la desagradable cacofonía de un debate parlamentario que en España ha alcanzado cotas ofensivamente rastreras.


Pedro Sánchez y su aventura fáustica

iglesias sanchez

La gran literatura, Homero, Esquilo, Shakespeare, Cervantes, Goethe, Dostoievski, Flaubert, la que se alza en la cumbre de la cultura occidental, se caracteriza por su admirable capacidad de crear arquetipos, perfiles humanos que establecen unas categorías de tal alcance, riqueza y profundidad que definen para siempre aspectos esenciales de nuestra naturaleza y que son a partir de su aparición referencia obligada que ilumina el comportamiento de muchos hombres y mujeres reales para que los entendamos mejor. Entre estos personajes de ficción insoslayables figura, cómo no, el Doctor Fausto, figura atormentada como pocas, dispuesto a todo, al crimen violento, a la contradicción lacerante, a la alianza con seres nefandos, a la entrega de su alma al Maligno, con tal de satisfacer sus ambiciones y colmar sus apetitos.

España: un pronóstico

sanchez iglesias

La prospectiva, como la medicina, no es una ciencia exacta, pero dentro de sus amplios márgenes de imprecisión, puede también determinar el éxito o el fracaso. Los seres humanos han intentado durante miles de años discernir el futuro y un sinnúmero de augures, videntes, profetas y sacerdotes de las más diversas deidades han consolado o embaucado a los que se acercaban a sus transparentes esferas, humeantes pebeteros, animales sacrificados o naipes misteriosos para indagar que les deparaba el destino. Hoy los grandes ordenadores y sofisticados algoritmos permiten afinar bastante en algunas cuestiones relevantes sobre lo que sucederá en diez, veinte o cincuenta años.

El cisne negro que pudo ser blanco

bill gates

Cuando escribo esta columna, el número de muertos por coronavirus en España ha llegado ya a los once mil, los infectados se acercan a los ciento veinte mil y las personas que han cesado en su empleo, bien por despido o por ser objeto de un ERTE, son más de novecientas mil. La catástrofe sanitaria, humana y económica va adquiriendo proporciones sobrecogedoras y es natural preguntarse si podía haber sido evitada y si, una vez iniciado el contagio en la ciudad china de Wuhan, sus efectos globales hubieran podido contenerse en mayor medida. En estos días trágicos, ha sido obligado recordar a Nassim Taleb y su célebre pentalogía Incerto, en particular su segundo libro, El cisne negro. Esta hoy popular expresión alude a un acontecimiento que es simultáneamente imprevisible y terrible. Se puede tratar de un magnicidio, de un terremoto, de un tsunami, de una pandemia, de un atentado terrorista o de la quiebra de un banco sistémico, cualquier suceso de consecuencias devastadoras de enorme alcance que nadie podía imaginar o conjurar.

Solidaridad sí, pero a cambio de eficiencia y rigor

parlamento europeo

Con motivo de la previsible crisis económica y social que seguirá a la pandemia de coronavirus y que afectará profundamente a varios Estados Miembros de la Unión Europea, España entre ellos, ha surgido la polémica sobre el nivel de solidaridad que debe existir entre los socios de la UE en estas dramáticas circunstancias. No estamos hablando de un problema baladí si se tiene en cuenta que el PIB español puede caer entre 2 y 5 puntos, según sea la severidad de la recesión que se nos viene encima, y requerir varios años antes de volver a la normalidad. En números redondos, nuestro país necesitará financiación adicional del orden de 200.000 millones de euros para sortear esta tragedia sin que se produzca un colapso fatal. En análoga situación se verán Italia y Francia, por citar otras dos grandes economías de la zona euro.

Sánchez, Junqueras e Iceta tienen un plan

iceta sanchez

En estos días corre mucha tinta y abundan las declaraciones y contradeclaraciones del Gobierno y de los partidos de la oposición sobre la mesa de diálogo entre el Ejecutivo central y el de la Generalitat controlada por los separatistas. Si se analiza en términos estrictamente lógicos cuál puede ser el resultado de estas negociaciones bilaterales extraparlamentarias, la conclusión es que no existe margen para el acuerdo. Si la parte secesionista, presidida por un inhabilitado y compuesta por independentistas beligerantes, se empecina, como reiteradamente nos recuerda, en sus exigencias de autodeterminación y amnistía para todos los condenados por sedición, Pedro Sánchez, incluso si estuviera dispuesto a ceder, no podría hacerlo porque ni siquiera a una mentira bípeda como el actual inquilino de La Moncloa le está permitido saltarse la Constitución de manera pública y notoria.

Sánchez otorga al País Vasco el Estado Libre Asociado

urkullu sanchez

No existe otro Estado en todo el planeta que esté dedicado con tanto empeño como el español a su propio desmantelamiento. Normalmente, los Gobiernos, en la medida que se saben y se quieren guardianes de las naciones sobre las que ejercen su poder ejecutivo y en las democracias parlamentarias también en gran medida el legislativo, procuran mantener e incrementar su capacidad de dirigir los asuntos públicos y de hacer visible y efectiva su presencia dentro de sus fronteras. Sorprendentemente, nuestro sistema político e institucional fruto de la Transición y encarnado en la Constitución de 1978, ha tenido el efecto contrario. Desde el momento mismo del tránsito del autoritarismo a la democracia y a lo largo de cuatro décadas de forma ininterrumpida, con etapas de pausa y ralentización y otras de aceleración, pero siempre sin marcha atrás, los sucesivos inquilinos de La Moncloa han rivalizado en la cesión de competencias a las Comunidades Autónomas con especial atención a Cataluña y al País Vasco, precisamente los dos territorios con los que hubieran debido ser más cautos a la hora de proporcionarles instrumentos de autogobierno, como la experiencia ha demostrado amargamente.


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