Messi explota al ser retenido por dos inspectores de Hacienda en el aeropuerto

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Los episodios que se suceden alrededor de Leo Messi comienzan a ser cada vez más grotescos. Imposibles ya no sólo de asimilar, sino de interpretar. Ni siquiera la dimisión en bloque de la junta directiva que presidía Josep Maria Bartomeu, quien debía ser la principal fuente de disgustos del futbolista, ha anestesiado el suplicio. Casi tres meses después de que tratara de abandonar el Barcelona mediante un burofax y empleando una cláusula de salida que ya había expirado, el argentino ha vuelto a dejar claro que continúa a disgusto. En mes y medio estará en disposición de negociar libremente con cualquier club al concluir contrato el 30 de junio de 2021.

Decenas de periodistas aguardaban a Messi este miércoles en la terminal de vuelos privados del aeropuerto de Barcelona. Uno de los motivos, más allá de captar la imágenes de su regreso tras enfrentarse a Paraguay y Perú con la selección albiceleste, preguntarle por una de aquellas polémicas artificiales que sirven para aliñar los periodos de entreguerras. Resulta que un tío de Antoine Griezmann, Emmanuel Lopes, insinuó en un documental que los entrenamientos en el primer equipo azulgrana están diseñados "para complacer a ciertas personas". El destinatario del mensaje estaba claro. También se apuntó al guateque un ex agente de Griezmann, Éric Olhats, en France Football: "Leo es emperador y monarca. No vio con buenos ojos la llegada de Antoine. Su actitud fue deplorable (...). Es el régimen del terror. O estás con él, o estás contra él".

Y Messi, sin dique de contención ya alguno, decidió decir la suya por mucho que el escenario invitara a huir de allí cuanto antes: "Estoy cansado de ser siempre el problema de todo en el club".

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El futbolista argentino, mientras su escolta personal, Pepe Costa, trataba de abrir hueco entre la muchedumbre, fue incluso más allá: "Después de 15 horas de vuelo me encuentro con uno de Hacienda haciéndome una inspección". Se refería el jugador a que seis funcionarios de la Agencia Tributaria accedieron al vuelo privado del argentino reclamando documentación a todos los pasajeros por espacio de una hora.

Messi tenía motivos para torcer el gesto. En 2017, la Audiencia de Barcelona le condenó a 21 meses de cárcel por defraudar 4,1 millones de euros a Hacienda durante los ejercicios 2007, 2008 y 2009. Una sentencia que meses después ratificó el Tribunal Supremo. A su padre, Jorge, el alto tribunal le rebajó la pena de 21 a 15 meses de prisión al devolver el jugador al fisco el dinero defraudado. Ni uno ni otro tuvieron que entrar en prisión. La pena fue conmutada a cambio de 252.000 euros de multa.

Hace ya tiempo que Messi no disimula su disgusto. Y aún debe decidir qué hacer con su futuro, a la espera de que el presidente que gane las elecciones presidenciales del próximo 24 de enero le proponga o no ampliar su vinculación con el Barcelona. No será fácil ante el desplome del 41% del límite salarial impuesto por La Liga (el techo es ahora de 382,72 millones de euros), y la necesidad urgente por parte del club de arrancar 190 millones de euros a la masa salarial del primer equipo si pretende espantar el fantasma del concurso de acreedores.

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