Desafío independentista

¡Toda la verdad! El Jefe de los Mossos destroza a 'los Jordis' en el juicio del procés

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El máximo responsable de los antidisturbios de los Mossos en Barcelona ha ofrecido este lunes al Supremo un relato de los incidentes de septiembre que parecía el escrito de acusación de la Fiscalía. El mando de la Brimo (Brigada Móvil) fue el encargado de intervenir cuando el 20 de septiembre de 2017 una multitud rodeó la sede de la Consejería de Economía, en la que una comitiva judicial practicaba varios registros vinculados al 1-O. Ese día estaba de libranza por un asunto familiar, pero viendo cómo discurrían los acontecimientos se presentó en el lugar.

Una de las disputas del juicio ha sido si aquello fue una concentración espontánea y pacífica, como sostienen las defensas, o una actuación tumultuaria y violenta controlada por los acusados, como mantiene la Fiscalía. El testimonio ha dado la razón a la acusación. La tesis de que la Guardia Civil ha venido exagerando los problemas que tuvo para salir de la Consejería se ha diluido cuando el intendente ha dicho que él mismo se vio incapaz de llegar a la puerta de entrada ante la resistencia de la multitud. "El mal sabor de boca que me queda es que no pude sacar antes a los compañeros", ha afirmado en referencia a los agentes de la Guardia Civil que estaban en la sede de Economía y que tuvieron que aguardar hasta la madrugada.

El responsable de seguridad en la zona ha explicado que él fracasó dos veces en su intento de llegar a la entrada principal. Primero discretamente y luego con sus agentes. "Le comunico a mi superior que no había podido acceder porque los ánimos de las personas no estaban para que yo pudiera acceder de forma pacífica a la Consejería", ha dicho tras relatar que cuando se aproximaron él y un subordinado a través de un aparente cordón de voluntarios empezaron a recibir "una lluvia" de objetos. Y que el cordón fue engullido por la multitud. "Cuando mi compañero recibió un botellazo, nos retiramos".

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Lo intentó más tarde ya con sus antidisturbios, pero tampoco. Él no quería ni probar, pero desde la central su superior se lo ordenó. "Tenemos una discusión y yo como técnico le le digo que lo que me está pidiendo no lo voy a poder cumplir, porque veo lo que tengo delante. Me ordenan que tire para delante. A la que pongo el pie, unos nos empujaban, nos abucheaban, nos gritaban. Empezamos a avanzar y nos bloqueamos, quedamos colapsados. Hubo enfrentamiento con diferentes personas, forcejeos empujones. Yo ya vi que no podíamos acceder".

Una de las piedras de toque para apreciar que hubo violencia -requisito para acusar por rebelión- es lo sucedido a los vehículos de la Guardia Civil que quedaron aparcados ante la Consejería y que nos propios guardias no pudieron proteger de la multitud. El testigo ofreció la versión más dura de lo sucedido. "Primero fueron violentados y luego saqueados". Dentro de los todoterreno había armas largas y eso lleva a que le ordenan, ya de noche, llegar hasta ellos, porque desde el helicóptero comprueban que hay gente accediendo a su interior.

La orden es "están saqueando vehículos, intervención inmediata, hay riesgo de que saquen armas'". Por primera vez decide usar las las defensas (las porras) contra quienes les impiden acercarse a los coches. "Hay mucha resistencia y mucho uso de las defensas". Tardan 10 minutos en abrirse paso y en comprobar que las armas siguen en los coches.

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El testigo había sido propuesto por la defensa del entonces conseller de Interior Joaquim Forn. Visto el cariz de la declaración favorable a las acusaciones, el abogado Xavier Melero ha intentado enmendarlo resaltando que no había pedido refuerzos a la Policía Nacional o la Guardia Civil. Tras resaltar que ese no era el quid del asunto porque él tenía a su disposición a todos los antidisturbios de Barcelona, el testigo ha rematado: "Ni aunque venga el séptimo de caballería entramos en la Consejería". El mando policial ha explicado que ante la cantidad y actitud de la gente era arriesgado enfrentarse a la multitud, ya que podría haberse generado "una avalancha".

"Trapero está loco"

El testimonio ha resultado desolador para uno de los acusados, Jordi Sànchez, que ha escuchado con cara muy seria cómo el mando policial describía el control que tenía sobre lo que estaba sucediendo. El presidente de la ANC es uno de los acusados de rebelión a los que la Fiscalía otorga el grado de dirigente, en particular como responsable de lo sucedido ese 20 de septiembre. "Aparecen Jordi Sànchez, Jordi Cuixart y Lluís Llach, que preguntan por el mando. Me acerco a hablar con ellos. En un primer momento, para ser sinceros, la actitud del señor Jordi Sànchez fue altiva, fue prepotente y fue complicada para mí, muy complicada. Porque me exigió que retirara la brigada móvil. Me dijo que esto que 'estáis haciendo no es lo que hemos acordado, largaos de aquí'. Yo le dije que tenía una órdenes muy claras que era que llegara a la Consejería y sacar a la comitiva judicial y a los compañeros de la Guardia Civil. Y el señor Jordi Sànchez saca un teléfono móvil y me dice que va a llamar al president y al conseller y que yo me voy a ir de allí, me voy a largar". Y así lo hizo: "Saca su teléfono, hace una llamada, no sé si habla con el president o con el conseller. Sus palabras iniciales fueron [el mayor Josep Lluís] 'Trapero está loco, ha perdido la chaveta, saca a la brigada móvil de aquí".

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Más adelante, el testigo ha declarado que la actitud de Sànchez cambió en un segundo encuentro y que se mostró colaborativo. Le pidió que ayudara a desalojar la puerta del teatro contiguo por la que iba a salir a escondidas la comitiva judicial. Sànchez dijo que lo haría y en 10 minutos no quedaba nadie allí, lo que sirve tanto de indicio de su colaboración con la policía como de su control sobre la multitud. Ese dominio sobre lo que estaba ocurriendo es esencial en la acusación de la Fiscalía contra Sánchez. También contra el responsable de Ómnium Cultural, Jordi Cuixart, que ha salido mucho mejor parado que su tocayo.

Tras un receso de media hora, la defensa del responsable de la ANC apenas ha hecho unas breves preguntas. En alguna de las respuestas, tampoco favorable a su cliente, Jordi Pina ha querido interrumpir pero el tribunal le ha dicho que le dejara terminar. Algo más tarde, y frente a lo que es habitual, la Fiscalía del Supremo ha declinado hacer preguntas, considerando que ya no era necesario que el testigo añadiera nada más.

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