Carles Puigdemont se caga vivo y renuncia a ser candidato a la presidencia de la Generalitat por temor a ser detenido

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El pavor a caer derrotado ante una ERC que ni siquiera concurrirá con Oriol Junqueras como presidenciable ha empujado a Carles Puigdemont a renunciar a ser el candidato de JxCat a la presidencia de la Generalitat en las elecciones autonómicas catalanas del próximo 14 de febrero. El aspirante de los postconvergentes se dirimirá en unas primarias con dos únicos postulantes: el consejero de Territorio de la Generalitat, Damià Calvet, y la diputada en el Congreso, Laura Borràs, quien parte como clara favorita.

«La represión española me impide ser el candidato a la Generalitat. JxCat tiene que encontrar un candidato que pueda participar en una investidura», ha argumentado Puigdemont tras constatar que no podía volver a jugar la baza que le permitió remontar a ERC contra todo pronóstico en los comicios del 21 de diciembre de 2017, los posteriores a la aplicación del 155.

En aquella ocasión prometió que regresaría a Cataluña para ser investido si vencía y el señuelo le valió la confianza mayoritaria del independentismo, a pesar de haber escapado a hurtadillas tras proclamar unilateralmente la independencia mientras Junqueras ingresaba en prisión. Volvió a utilizar el mismo gancho electoral en las europeas y de nuevo consiguió imponerse a su ex vicepresidente, sin que después se atreviera a rebasar Perpiñán.

Es por ello que en el seno de JxCat cundía la sensación de que ni el muy abnegado votante puigdemonista iba a tragar una tercera vez el mismo anzuelo. De ahí, que sectores del partido -especialmente los más cercanos a Borràs- hayan presionado para designar a un «candidato efectivo» antes del inicio de la campaña. Esto es, para presentar ya al verdadero presidenciable de JxCat, el legalmente capaz de someterse a una investidura en el Parlament en caso de victoria. Y han obtenido su objetivo.

Además del temor a caer derrotado ante el tecnócrata candidato de ERC, Pere Aragonès, la decisión de Puigdemont viene motivada por otro miedo, el de acabar detenido para rendir cuentas ante la Justicia española. Y es que en el supuesto de que hubiese ganado las elecciones, el ex presidente de la Generalitat sólo podría presentarse a la investidura si antes renunciaba a su escaño del Parlamento Europeo para convertirse en diputado del Parlament, lo que le conduciría a perder a la inmunidad que, a la espera de la resolución del suplicatorio, le otorga libertad de movimientos por el resto de Europa.

Descartado Puigdemont, la lucha entre Borràs y Calvet parece, a priori, desigual. La diputada del Congreso atesora un respaldo interno mucho mayor y cuenta con el apoyo público del inhabilitado Quim Torra; mientras que el principal aval del consejero de la Generalitat es el preso Josep Rull.

En contra de Borràs sólo juega su ansia por relevar a Puigdemont al frente de la lista, hecho que ha molestado sobremanera al ex president, quien sin embargo no ha logrado movilizar a otros candidatos de su gusto, como el consejero de Políticas Digitales, Jordi Puigneró, que finalmente no concurrirá a las primarias.

La causa judicial abierta contra Borràs por fraccionar contratos culturales durante su etapa como alto cargo de la Generalitat no es vista como JxCat como un lastre, sino como una nueva oportunidad de colocar a una mártir en la presidencia y abonar el discurso de la «confrontación inteligente» contra el Estado «opresor» que tumbó a Puigdemont y Torra, y que, llegado el día, podría hacer lo propio con Borràs.

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