La gran mentira progre: un mundo feliz, o la dictadura sin lágrimas

la patria traicionada

¿Cómo será el NOM, el mundo que quiere imponer el totalitarismo globalista?

Lejos de ser una utopía, o un producto de la política-ficción, empieza a existir una conciencia generalizada de que las actuales sociedades empiezan ya a presentar unas características muy significativas del totalitarismo buro-tecnocrático que constituirá la más siniestra característica del NOM, basado en la abusiva hegemonía del pensamiento «políticamente correcto» que hace presagiar que estamos ya plenamente inmersos en los arrabales del NOM, en sus primeros escarceos, pioneros, pero ya firmemente establecidos.

La putrefacta y totalmente corrompida sociedad que el NOM aspira a implantar es la que refulge con un especial protagonismo en todas las novela distópicas que diseñan un futuro apocalíptico donde el ser humano es reducido a escombros, robotizado como una grotesca marioneta totalmente controlada por los amos de un sistema que los convierte en borregos, en esclavos, en entes cosificados que se limitan a trabajar como malditos sumidos en una completa ignorancia de su trágica manipulación por una propaganda lobotomizadora.

Entre esos mundos distópicos, destacan dos: «Un mundo feliz», y «1984».

Según comenta Daniel Estulín en su obra Los Secretos del Club Bilderberg (Planeta, 2006), en 1958 Aldous Huxley «reunió una serie de ensayos que había escrito para Newsday y los publicó bajo el título de Nueva visita a un mundo feliz, en los que describía una sociedad en la que “el primer objetivo de los gobernantes es evitar a toda costa que sus gobernados creen problemas”. Describió lo que probablemente aguardaba en el futuro: “Una sociedad completamente organizada, la abolición del libre albedrío mediante el condicionamiento metódico, esclavitud devenida aceptable, dosis regulares de felicidad químicamente inducida”. Predijo que las democracias cambiarían su esencia: las viejas y extrañas tradiciones ―elecciones, parlamentos, tribunales supremos― permanecerán, pero el substrato que habrá debajo será el del totalitarismo no violento. La democracia y la libertad serán el tema de todos los programas y de todas las editoriales, pero no serán al estilo del Club Pickwick, es decir, en un sentido formal y vacío de contenido. Mientras tanto, la oligarquía dirigente y su bien entrenada élite de soldados, policías, fabricantes de pensamiento y manipuladores de mentes dirigirán tranquilamente el mundo como les plazca. En efecto, esta descripción de Huxley se ajusta perfectamente a la situación actual».

Huxley habló de un estado policial en el que al pueblo se le arrebatarían sus libertades, cuyos intentos de rebelión serían neutralizados con drogas, propaganda y lavado de cerebro, instrumentos de «la revolución final», que instauraría una «dictadura sin lágrimas», ya que sus víctimas «amarían sus cadenas», totalmente absortos en inútiles trivialidades, con el único interés puesto en mantener su comodidad y el autoengañarse creyendo que todo va bien.

La felicidad de este mundo distópico se crea a través de una manipulación de la sociedad, reduciendo la libertad de elección y de expresión, restringiendo también el ejercicio intelectual y la expresión emocional, dando como resultado una felicidad fría y artificial.

Otro «profeta» del NOM fue George Orwell, que vaticinó un mundo politizado donde las poblaciones eran reprimidas mediante la violencia, la censura, la ocultación, etc., mundo que Orwell utiliza para criticar literariamente el totalitarismo estaliniano que vivió como combatiente durante nuestra Guerra Civil, hasta el punto de que el término «orwelliano» se utiliza para calificar los universos totalitaristas.

En su obra «1984», Orwell describe una sociedad aplastada por una vigilancia masiva, un adoctrinamiento salvaje, y una feroz represión política y social, donde sobresale la siniestra figura del «Gran Hermano», el guardián y juez supremo, encarnación del Partido único, cuyo lema es «Guerra es Paz, Libertad es Esclavitud, Ignorancia es Fuerza».

Este Partido controla incansablemente a las poblaciones de los miembros «externos», la burocracia del aparato estatal, cuyas vidas sufren un asfixiante control y un adoctrinamiento lobotomizador que les quita la dignidad y les impide cualquier atisbo de crítica. Privados de todo derecho, los que no demuestren una fervorosa adhesión al partido corren el riesgo de ser marginados y humillados, incluso con la amenaza de perder la vida.

En este control del pensamiento destaca la existencia, en las calles y casas, de mecanismos de vigilancia para conocer al detalle la vida de los individuos. Incluso se instaura en esta sociedad totalitaria un neolenguaje, que constriñe el léxico con fines represivos.

Por cierto, dentro de este estado totalitario destaca la existencia de un ministerio muy singular: El Ministerio de la Verdad, cuya función es manipular o destruir los documentos históricos para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia, mantenida por el Estado. Como se ve, real como la vida misma.

Más abajo de los «miembros externos», tenemos a la gran masa de los «proles», que no tienen el derecho de pertenecer al Partido. Sometidos a unas condiciones de vida infrahumanas, sobreviviendo en la miseria más espantosa, se les lava el cerebro con mecanismos de entretenimiento para mantenerlos felices en su estado. Incapaces de pensar por sí mismos, no caben ellos la más mínima rebelión, situándolos al mismo nivel que los animales.

En estos cuadros dantescos descritos en los mundos distópicos no es difícil ver un estrecho paralelismo con el momento actual de las sociedades occidentales, donde una parte significativa del mundo orwelliano ya ha tomado forma de manera descarada y alevosa. Y aquí radica la causa más paradigmática de la decadencia de Occidente, de la degradación de nuestras sociedades.

Sin embargo, la mejor forma de entender el mundo que nos espera con la implantación del NOM es, más que recurrir a distópicos mundos de ficción literaria, tener en cuenta que ese mundo ya se ha encarnado en nuestro Planeta, que ya se ha plasmado en un sistema político concreto, en una ideología concreta: en el comunismo. No en vano, tanto el Manifiesto Comunista del demente Marx como la revolución de octubre de 1917 fueron financiados por banqueros de Wall Street como los Rothschild, conspiradores cum laude por el NOM.

En efecto, el totalitarismo bolchevique fue el ensayo, el experimento que los plutócratas luciferinos desarrollaron para probar sobre el terreno la sociedad pervertida que quieren implantar con su NOM, con el fin de hacerlo servir de conejillo de indias, de avanzadilla del futuro Gobierno Mundial, ajustando en esa experimentación el modelo a establecer en el porvenir, cuando en el mundo se den las circunstancias para su pleno desarrollo. Es decir, justamente ahora, ya.

Por LAUREANO BENÍTEZ GRANDE-CABALLERO, extraído de su libro de próxima aparición 'La Patria traicionada: España en el Nuevo Orden Mundial'.

Laureano Benítez Grande-Caballero
Autor: Laureano Benítez Grande-Caballero
Laureano Benítez Grande-Caballero, nacido en 1952, es licenciado en Historia Contemporánea, y profesor jubilado. Conferenciante, articulista político en periódicos digitales, ha escrito 35 libros. Sus dos últimas obras son 'El Himalaya de mentiras de la Memoria Histórica' y 'La Patria traicionada: España en el Nuevo Orden Mundial'.
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