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En el artículo anterior explicamos que en la actualidad ―y desde hace mucho tiempo―, además de disponer de un apocalíptico arsenal nuclear, la perversidad de una élite perturbada ha creado agentes patógenos letales que se pueden utilizar como armas biológicas, en campañas de bioterrorismo. Tal ha sido el caso del COVID-19.

Desde luego, en la historia ya se han dado casos de guerras químicas y bacteriológicas, pero habría que preguntarse si en nuestro planeta tenemos ahora personajes depravados a los que les guste el olor del napalm por las mañanas, lo suficientemente perversos como para desatar una pandemia mundial, con el horror sanitario y económico que esto implica: evidentemente, sí. Entre otras razones, porque esas  mentes luciferinas son precisamente quienes han creado las armas biológicas.

La élite diabólica del Nuevo Orden Mundial siente un profundo asco por las masas, una patológica falta de empatía por la humanidad, pues para ese perverso contubernio somos un despreciable rebaño, una muchedumbre de esclavos lobotomizados, pura mercadería, carne de cañón para sus experimentos apocalípticos, una fauna molesta que hay que reducir al máximo.

Basta solamente con utilizar el sentido común para comprender que, unos personajes absolutamente malvados que han sido capaces de construir armas nucleares que pueden destrozar la humanidad varias veces, que han diseñado y ejecutado guerras devastadoras, que han protagonizado sangrientas revoluciones para liquidar el orden natural del mundo y la civilización cristiana occidental, que provocan crisis económicas demoledoras que llevan a la ruina y al hambre a amplias capas de la población, que fumigan los cielos con sustancias ponzoñosas para cambiar el clima en orden a causar sequías y para ―dicen algunos― hacer menos fértil a las poblaciones, que ya conspiran directamente y sin tapujos con la manipulación de las mentes y la liquidación física de las personas a través del letal 5G que asoma ya en el horizonte… Es suficiente, en suma, tener un poco de sentido crítico para comprender que a este siniestro contubernio le importa una higa la suerte de la humanidad, y no solamente eso, sino que están haciendo todo lo posible desde hace mucho tiempo para liquidarla.

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La misantropía asesina siempre ha producido racismos y supremacismos engendradores de genocidios, pogromos, razzias étnicas, etc… pero tuvo su sistematización ideológica cuando cristalizó en el llamado movimiento eugenésico, que pretende seleccionar la población mundial de manera que una etnia ―la raza blanca, por supuesto― ocupe la cima de la pirámide, apoderándose del derecho de disponer de la vida de las demás razas inferiores, a las cuales puede seleccionar, controlar, esterilizar, exterminar… Además ―dentro incluso de la raza blanca― también se abroga la facultad de disponer de la vida de las personas que consideran inferiores, de aquellas que presentan discapacidad, o algún grado de anormalidad.

Y, mira por dónde, uno de los primeros teóricos de la eugenesia fue Sir Francis Galton, en los años de la década de 1880, primo nada más y nada menos que del eximio Charles Darwin, quien bajo su evolucionismo a duras penas escondía sus ideas eugenésicas. No hace falta que lo diga, pero ese señor tuvo financiación de la Fundación Rockefeller, y del Instituto Carnegie ―dos joyas de la corona globalista―, y de otras corporaciones en la misma línea.

Tampoco hace falta que lo diga, pero ese tal Galton pertenecía a la logia masónica londinense conocida como X Club. En su libro «El genio hereditario», afirma que «En vez de ejecutar a los degenerados o de dejarles que mueran por su propia imbecilidad, es mejor que la sociedad pueda evitar a tiempo que los manifiestamente inútiles tengan descendencia».

Fundada la Sociedad Eugenésica Americana, dentro de las filas del eugenismo militaron unos pensadores economicistas que, partiendo de sus postulados, intentaron justificar los tremendos abusos de las poblaciones durante la revolución industrial: Jeremías Bentham, Roberto Malthus, Adam Smith

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La eugenesia se implantó con fuerza en el primer tercio del siglo XX, y en ella militaron personajes como Winston Churchill y Theodore Roosevelt, además de Margaret Sanger ―la fundadora de la multinacional del aborto International Planned Parenthood―, y el escritor H. G. Wells. Este racismo fue el anticipo del que profesaría más tarde el nazismo.

De esta misantropía eugenésica asesina ha surgido una corriente de pensamiento contemporáneo que tiene sus ideólogos, sus tecnócratas, sus libros, sus foros… un conjunto de personajes siniestros imbuidos de un odio obsesivo a la humanidad, que podemos catalogar como «nutjobs» ―que significa «chiflados»―, capaces de hacer afirmaciones que producen a la vez pasmo y terror.

Estos gurús antropófobos, imbuidos de neomaltusianismo y ecologismo exacerbado, lanzan sus manifiestos de odio impunemente, con el aplauso de los poderes globalistas a cuyo servicio bailotean impúdicamente:

Así, por ejemplo, John Maynard Keynes, economista británico, escribía esto en 1946 en la Revista de Eugenesia: «Para estabilizar la población mundial, debemos eliminar a 350.000 personas por día. Es horrible decirlo, pero igual de malo es no decirlo».

En 1955, Alan Gregg, de la Fundación Rockefeller ― ¡cómo no! ―, describió, por primera vez, el género humano como un «crecimiento cancerígeno» sobre el planeta Tierra que podría con el tiempo destruirse: «La superpoblación es un cáncer; nunca he oído que un cáncer se curara alimentándolo».

Christopher Manes, por su parte, afirma que «La extinción de la especie humana no sólo es inevitable, es una buena cosa». En esa misma línea, Maurice Strong sentencia que «¿No es la única esperanza para el planeta que las civilizaciones industrializadas colapsen? ¿No es nuestra responsabilidad que eso suceda?».

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Un destacado lugar de honor en esta galería el monstruoso lo ocupa el demente genocida Robert McNamara, obsesionado por el control de la población, que fuera secretario de defensa con Kennedy y con Johnson, responsable principal de la guerra del Vietnam, un ser de una malignidad imposible de describir, quién es autor de lindezas casi imposibles de creer: «Creo que la raza humana tiene que pensar en los asesinatos. ¿Cuánto mal se debe hacer con el fin de hacer el bien?». «Hay que tomar las medidas para la reducción demográfica del globo terráqueo, aun en contra de la voluntad de sus respectivas poblaciones. La reducción del índice de natalidad ha sido un fracaso. Por eso tenemos que aumentar la tasa de mortalidad por medios naturales, por el hambre y por la inoculación de todo tipo de enfermedades». Im-presionante.

El superecologista Jacques Cousteau, explorador francés, submarinista que cruzó los siete mares abrazando las ballenas, decía que «Me gustaría muchísimo que se impidiera por completo reproducirse a la gente incorrecta; y cuando la mala naturaleza de esta gente es suficientemente flagrante, se debería hacer eso. Los criminales deberían ser esterilizados y a los débiles mentales se les debería prohibir dejar descendientes detrás de ellos… ». Naturalmente, su iluminación interior le permitiría decir cuál era la gente incorrecta…

Sin embargo, de todas las declaraciones de esta mafia genocida, la más demencial es la que se consignó en una publicación de Pearce and Turner de 1995, que habría firmado el mismo Satanás: «Si no hay suficiente comida para alimentar el excesivo número de gente (los pobres, las masas) ellos deben ser lanzados fuera de la borda (asesinados por guerras o epidemias). Estos “razonamientos” proveen una justificación para controlar la curva del crecimiento poblacional y la destrucción del exceso de población por cualquier medio, incluyendo las guerras, los genocidios, las epidemias, las hambrunas, las depresiones económicas y hasta el terrorismo».

Como se puede observar en esta tremenda declaración, las epidemias también están incluidas en la estrategia de las carnicerías, porque ¿le temblará acaso el pulso a estos psicópatas para crear virus letales que sirvan a sus fines conspiradores? Una mente tan pervertida y corrupta como la que tienen estos gerifaltes diabólicos, ¿renunciará acaso a la posibilidad de utilizar sus perversas creaciones de laboratorio para crear pandemias que contribuyan a la instauración de su maquiavélico Gobierno Mundial?

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En mayo de 2009, el Times de Londres reportó que algunas de las «personas más ricas del mundo se reunieron en Nueva York para discutir sus causas favoritas». El grupo, ―que incluyó a personas connotadas como Bill Gates, David Rockefeller, Ted Turner, Oprah Winfrey, Warren Buffet, George Soros y Michael Bloomberg― decidió durante la reunión que su dinero sería mejor gastado en la reducción de la población mundial.

El megamillonario Bill Gates es probablemente el globalista más obsesionado con el control de la población, objetivo prístino que se esconde bajo su Fundación, maquillada como «filantrópica». Sobre este punto, hay que recordar que el cofundador de Microsoft es nieto del abogado William H. Gates I, miembro destacado de la sociedad Eugenésica americana, que participó en el año 1927 en la realización de una conferencia mundial de población, cuya principal promotora fue la ya mencionada Margaret Sanger. Por ese entonces, como propósito declarado, las sociedades de eugenesia de Estados Unidos e Inglaterra procuraban la esterilización de las «personas manchadas por su origen» o de «poco valor cívico» ―enfermos, latinos, negros, indígenas, católicos―.

Por su parte, William Henry Gates II ―el Padre de Bill Gates―, fue prácticamente el jefe de la International Planned Parenthood, por lo cual hay que ser muy ingenuo para creer que el cofundador de Microsoft se haya pasado con armas y bagajes a las filas de la filantropía, habiendo mamado tantas toneladas de eugenesia y control de la población, y más cuando su papá es el ideólogo de la Fundación Bill & Melinda Gates.

En una entrevista con Bill Moyers en 2003, Bill Gates admitió que su padre era el responsable de Planned Parenthood, que fue fundada bajo el concepto de que todos los seres humanos son «reproductores insensatos» y «malas hierbas humanas» que necesitan ser erradicadas de forma selectiva. Galton a tope, por lo que se ve.

Gates lleva unos años prediciendo la explosión en el mundo de una pandemia viral grave, lo cual, en una persona deseosa de reducir la población mundial, y comprometida en una red de empresas centradas en la fabricación de vacunas, transgénicos, y agroquímicos, resulta de lo más sospechoso.

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Por ejemplo, presten atención a lo que este multiconspirador «filantrópico» discurseaba en la Conferencia de Seguridad en Munich, celebrada en 2017:

«También es cierto que la próxima epidemia podría originarse en la pantalla de la computadora de un intento terrorista de usar ingeniería genética para crear una versión sintética del virus de la viruela. . . o una cepa súper contagiosa y mortal de la gripe.

[…] Ya sea que ocurra por un capricho de la naturaleza o de la mano de un terrorista, los epidemiólogos dicen que un patógeno en el aire que se mueve rápidamente podría matar a más de 30 millones de personas en menos de un año. Y dicen que existe una probabilidad razonable de que el mundo experimente un brote en los próximos 10-15 años».

No fue ésta la primera vez que vaticinó una pandemia mundial, pues ya había incidido en el mismo tema en el 2015, diciendo que la verdadera amenaza para la humanidad no son las armas nucleares, sino los virus». Tremendo.

Y, si se tiene en cuenta que Gates financia al británico Instituto Pirbright¸ del que se dice que fue el creador del COVID-19 ―aunque se legalizó como patente en USA― el resultado final es francamente alucinante.

Pero Gates no es el único profeta capaz de predecir catástrofes víricas ni apoteósicas calamidades para la humanidad. Por extrañas casualidades, da la impresión de que, entre oráculos y simulacros, lo del coronavirus era la crónica de una pandemia anunciada.

Dean Koontz ¿predijo en 1981 el Coronavirus?

Por ejemplo, el novelista Dean Koontz, en su novela The Eyes of DarknessLos ojos de la oscuridad―, predijo en 1981 el empleo contra China de un arma biológica denominada Wuhan-400 (¡!), o el creador de juegos de rol Steve Jackson ―Illuminati, the game of conspiracy, 1982-90―. Todo induce a pensar que alguien más que Jackson leyó la novela y la tomó como modelo y coartada.

Aparte de los jueguecitos, en los últimos años se han realizado sospechosos simulacros con pandemias, diseñando escenarios sumamente parecidos al que estamos sufriendo ahora. Por ejemplo, la Fundación Rockefeller diseñó en 2010 un hipotético escenario de epidemia de virus en China, con un estado de sitio similar al actual, simulación en la que destacaba con luz propia un ejercicio llamado Lock Step«encerrona»―, que remitía a la «cuarentena» que aparecía en el anteriormente citado juego de rol de Steve Jackson.

¿Es también casualidad que el Foro de Davos, que tuvo lugar en octubre de 2019 en Nueva York, realizara el 18 de ese mes un simulacro de una epidemia de coronavirus, con la participación del Johns Hopkins Center for Health Security y de la Bill & Melinda Gates Foundation?

El objetivo explícito del ejercicio realizado en Nueva York era planificar la respuesta de ciertas transnacionales y gobiernos ante una pandemia de coronavirus, cuando nada permitía predecir el inicio de la epidemia detectada en la ciudad china de Wuhan a inicios de diciembre.

En el simulacro participaron destacadas personalidades de varias instituciones y organismos, como Sofía Borges ―vicepresidenta de la Fundación de las Naciones Unidas, Brad Connet, ―presidente del grupo Henry Schein, líder mundial de la producción de material médico―, George Gao ―director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de la República Popular China―, Avril Haines ―ex directora adjunta de la CIA y ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, bajo la administración Obama, etc… y la Fundación Bill & Melinda Gates, por supuesto.

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Laureano Benítez Grande-Caballero
Autor: Laureano Benítez Grande-Caballero
Laureano Benítez Grande-Caballero, nacido en 1952, es licenciado en Historia Contemporánea, y profesor jubilado. Conferenciante, articulista político en periódicos digitales, ha escrito 35 libros. Sus dos últimas obras son 'El Himalaya de mentiras de la Memoria Histórica' y 'La Patria traicionada: España en el Nuevo Orden Mundial'.
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