La Patria llora: ¿qué harán los españoles?

diaz ayuso llora

Pasa el ángel exterminador, Abbadón, blandiendo su guadaña por las calles desiertas, por los bulevares abandonados, por las tabernas desvencijadas y las fábricas enmohecidas, por los campos de pan llevar y las vastedades de pinos…

Ay de mi España, ayayay, Patria en almoneda, con sus naves incendiadas, sus áridas barrancas, sus crematorios a toda marcha, dantesco espectáculo contemplado por los españolitos desde sus balcones, bajo un implacable arresto domiciliario, donde unos bailan la jota y practican sanfermines en sus ventanas, mientras otros no pueden ni despedirse de sus muertos.

España, a la cabeza de víctimas per cápita de la pandemia, país pinturero que, por más que pasen los años, sigue y seguirá siendo diferente: segundo país del mundo en contagios y en fallecimientos, de entre un total de 194.

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Nos vinieron los musulmanes, suscitando en nuestro solar una epopeya bélica que no le ocurrió a casi ningún otro país europeo; nos invadió también la gabachería, perpetrando latrocinios y destrozos sin cuento; sufrimos el despiadado asalto  bolchevique de la Segunda República y el Frente Popular, pues por algo dijo el calvo genocida mongol que España sería el segundo país comunista del mundo; y actualmente, oh prodigio, un país que se presumía democrático, desarrollado y europeo está a los pies de las hordas marxistas y los orcos separatistas, algo impensable en ningún país de nuestro entorno… Para colmo, nos vienen ahora los Covids, a invadirnos con una saña que nos pone a la cabeza de la devastación, en modo record Guinness.

¿Nos han echado un virus más mortal que a otros países? ¿Es otra prueba más del karma patrio? ¿Es que acaso algún poder del inframundo nos tiene manía por haber sido el baluarte de la cristiandad y los divulgadores de la fe católica? ¿Es ésa la razón por la que entre todos los países del mundo los dos más atacados han sido justamente los dos más católicos: Italia y España?

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Pero, españolitos, ya sabéis que los responsables primeros y últimos de esta devastación son los miembros de esa patulea socialcomunista que nos desgobierna, que ha cometido tantísimos errores en la gestión de esta crisis, que algún mal pensado podía pensar que está confabulado con ella, como haciendo todo lo posible por agravarla: decían que sólo sufriríamos algunos casos aislados, desoyeron las recomendaciones de los organismos internacionales de tomar medidas para su prevención, evitaron tomar medidas para contener la pandemia con tal de no perjudicar a las manifas de las tiorras perturbadas y las femimarxistas, dijeron que no necesario usar mascarillas, desprotegieron al personal sanitario y a las fuerzas de seguridad al no proporcionarles los medios profilácticos indispensables para evitar su contagio, declararon que la Sanidad ostentaría el mando único para después recomendar que cada Comunidad se buscara la vida por su cuenta, compraron test falsos, mantienen al frente de la gestión de la crisis a personajes absolutamente ineptos y hasta ridículos, no dieron instrucciones para que se usara un medicamento tan eficaz como la hidroxicloroquina, confiscaron el alcohol necesario para la elaboración de geles profilácticos, rechazaron todas las iniciativas para la construcción de respiradores que presentaban empresas españolas…

¿Sabías que todo lo que está pasando ya estaba escrito?

Y, en medio de todo o pandemónium, a la misma vez que los españoles van cayendo bajo las garras del virus, se dedicaron a intentar la exhumación de Queipo de Llano, promulgaron leyes de libertad sexual, se bajaron los pantalones ante los independentistas, elaboraron una propuesta de ley para despenalizar las injurias al Rey y a España, hablan de confiscaciones y nacionalizaciones, organizan caceroladas contra el Rey, dan ayuda a los países del Magreb

Y, cuando pase esta infierno orwelliano, y podáis abandonar vuestros balcones, ¿qué haréis, españolitos? ¿Os movilizaréis para defender vuestros derechos esquilmados, vuestras libertades pisoteadas, vuestra dignidad humillada; para reclamar vuestro bienestar perdido, y exigir la dimisión de un Gobierno no solamente impresentable, sino algo mucho más allá, y mucho más grave? ¿O acudiréis en manada a vuestras amadas terrazas cerveceras, a apurar las copas de licor, a enzarzaros en vuestras típicas tertulias latinas, como si no hubiera un mañana, para recuperar el tiempo perdido? ¿Iréis también en masa a los estadios de fútbol a cantar vuestros seráficos goles?

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Sí, ¿Qué haréis, españolitos, antaño bravos guerreros, raza gallarda que asombró al mundo? El que tenga oídos, que escuche esta parábola de Buda sobre una casa en llamas:

«No hace mucho vi una casa que ardía. Su techo era ya pasto de las llamas. Al acercarme advertí que aún había gente en su interior. Fui a la puerta y les grité que el techo estaba ardiendo, incitándoles a que salieran rápidamente.

Pero aquella gente no parecía tener prisa. Uno me preguntó, mientras el fuego le chamuscaba las cejas, qué tiempo hacía fuera, si llovía, si no hacía viento, si existía otra casa, y otras cosas parecidas. Sin responder, volví a salir. Esta gente, pensé, tiene que arder antes que acabe con sus preguntas. Verdaderamente, amigos, a quien el suelo no le queme en los pies hasta el punto de desear gustosamente cambiarse de sitio, nada tengo que decirle».

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Laureano Benítez Grande-Caballero
Autor: Laureano Benítez Grande-Caballero
Laureano Benítez Grande-Caballero, nacido en 1952, es licenciado en Historia Contemporánea, y profesor jubilado. Conferenciante, articulista político en periódicos digitales, ha escrito 35 libros. Sus dos últimas obras son 'El Himalaya de mentiras de la Memoria Histórica' y 'La Patria traicionada: España en el Nuevo Orden Mundial'.
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