coronavirus crisis

En un mundo donde no cae una hoja al suelo sin que lo dictamine la mafia luciferina que maneja el cotarro en este Planeta, es absurdo pensar que los acontecimientos catastróficos que afectan a la humanidad en su conjunto no están diseñados y planificados por la élite psico y sociopática obsesionada por el globalismo y el Gobierno Mundial.

Partiendo de esta certeza, desde el primer momento supe que el virus no se había escapado de ninguna sopa de murciélago, certeza que empezó a alimentar mis dudas, las cuales acabaron por conformar una constelación de interrogantes e incertidumbres que había que investigar, al margen, por supuesto, de los canales mediáticos del sistema, que vierten a espuertas su espuria propaganda, haciéndola pasar por información.

El conjunto de estas preguntas conforman una especie de rompecabezas, donde cada interrogante es una pieza que hay que encajar con las demás, una a una, poco a poco, hasta conseguir ver el dibujo final, la imagen definitiva, que nos da la visión acabada del propósito de la trama escondida en esta pandemia, es decir, de qué es lo que pretenden conseguir con ella quienes la diseñaron y ejecutaron.

La estrategia para desarrollar una investigación de este nivel parte de una premisa inicial muy sencilla, pero sumamente eficaz: esta pandemia, ¿a quién beneficia?: ¿Qui prodest?

Sin embargo, no es del todo punto exacto afirmar que el dibujo final de este rompecabezas está oculto, escondido bajo siete llaves y bajo incontables velos de misterio, en mazmorras carbonarias… No, ni mucho menos, ya que la casta luciferina que marionetea el mundo no tiene ya ningún reparo y ningún tapujo en declarar abiertamente sus malvados propósitos, en la confianza absoluta de que las masas de borregomatrix que han lobotomizado durante tanto tiempo no van a entender nada ni de lo que digan ni de lo que hagan los prebostes que dirigen sus vidas hacia el despeñadero.

Oigamos, por ejemplo, al jefe supremo del NOM, al ultramegaconspirador David Rockefeller, fallecido hace poco, que decía estas palabras memorables en una cena con embajadores la ONU ―creada bajo su auspicio, hasta el punto de que incluso cedió en la Gran Manzana el solar para que levantaran allí el edificio que la alberga―: «Estamos al borde de una transformación global: todo lo que necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial». ¿Gran crisis?: voilá, aquí la tenemos ya.

El primer interrogante que debemos hacernos es si el coronavirus es natural, o ha sido manipulado en un laboratorio. En otras entregas intentaremos responder a otras preguntas: ¿Se originó el virus en China, o en EE.UU? ¿Por qué apareció la pandemia en China? ¿Cuál es el objetivo real de la pandemia?, etc.

Virus los ha habido siempre, pero con el avance de la medicina ―en especial las vacunas―, su poder mortífero estaba en franca decadencia, como sucede con la viruela y el sarampión, dos pandemias de amplia raigambre histórica que han diezmado con frecuencia a la población mundial, junto con el cólera, el tifus...

Pero, como ya no queda prácticamente ninguno de esos virus «históricos», asistimos al sospechoso fenómeno de la aparición en tiempos recientes de un conjunto de epidemias causadas por extraños virus que surgen de la nada, y arrasan con todo lo que pueden antes de desaparecer o quedar latentes: vacas locas, grite aviar, gripe porcina, SIDA, SARS, MERS, Ébola, Zika,... y ahora asistimos al dantesco espectáculo del coronavirus.

En un mundo altamente tecnificado, donde existen laboratorios de biotecnología capaces de crear microorganismos en sus siniestras retortas para usarlos como armas bacteriológicas y virológicas, y donde el mal que infecta a las élites satánicas que controlan el mundo es absolutamente pasmoso ―derivado de su odio atávico a la especie humana―, no hay que caer en la conspiranoia para sospechar que esa nueva generación de virus puede haber sido creada a propósito para conseguir oscuros fines, que, por supuesto, van encaminados a la facilitación del Nuevo Orden Mundial.

Y no es que esto sea una mera sospecha o posibilidad, ya que es un hecho plenamente demostrado y documentado que todos los virus que antes hemos mencionado tienen su patente respectiva, lo cual quiere decir que han sido fabricados. Otro factor importante a tener en cuenta es que los prebostes de las empresas multinacionales en el campo de la farmacéutica, del material sanitario, y de las dedicadas a la biotecnología forman parte de esta casta luciferina correveidile de Lucifer.

De los siete coronavirus conocidos que pueden infectar al ser humano, solamente tres han causado brotes epidémicos de cierta relevancia: el SARS-CoV (2002-2003), el MERS-CoV (2012-actualidad) y ahora el SARS-CoV-2 2019, que se desconoce hasta cuándo estará presente.

En el año 1994, el Instituto Médico Howard Hughes ―con una dotación de 18,2 mil millones de dólares, es la segunda organización filantrópica más rica en los Estados Unidos y la segunda Fundación de Investigación Médica mejor dotada en el mundo, con la que colabora la Fundación Bill & Melinda Gates― publicó un exhaustivo estudio científico titulado «Coronavirus: cómo se replica y transcribe un genoma viral de ARN», donde se desarrollaba una hoja de ruta sobre la posibilidad de crear nuevos coronavirus. A raíz de este trabajo, en 2003 surgió el coronavirus llamado SARS-CoV, y en 2013 hubo un nuevo brote vírico, provocado por el coronavirus MERS-CoV.

En diciembre del año 2015, la Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU, perteneciente a los Institutos Nacionales de Salud, publicó un documento científico bajo el título de «Un grupo similar al SARS de coronavirus de murciélago circulante muestra potencial para la emergencia humana», en el cual se reconoció públicamente por primera vez que se podía crear un nuevo coronavirus en un laboratorio, lo que generó muchas preguntas sobre los verdaderos orígenes del brote de pandemia del COVID-19.

En efecto, en el año 2013 se creó un virus quimérico, consistente en un virus del SARS al que se le injertó el gen de la proteína de la corona del coronavirus de murciélagos. Este coronavirus quimera, al que bautizaron RsSHC014-CoV, lo usaron para infectar ratones que, luego, murieron de una enfermedad respiratoria severa que acababa con sus pulmones. Después, como parte del mismo experimento, tomaron ese virus y con él infectaron células pulmonares humanas. Los científicos pudieron observar cómo este coronavirus las destruía.

Las investigaciones más recientes ha mostrado que el COVID-19 se diseñó a partir del virus del SARS, modificándolo con una técnica de inserciones de aminoácidos en su genoma que podríamos calificar de verdaderos injertos, entre los cuales destaca una secuencia de aminoácidos presente también en el virus del sida (VIH), razón por la cual el pandemia actual se están utilizando con eficacia los medicamentos contra el SIDA para combatirla. Para decirlo de otra manera, al virus del SARS se le quitaron cuatro de esas «púas» que forman su corona ―formadas por proteínas de espiga― para injertarle cuatro púas del virus del SIDA.

Estas «púas» o «espinas» se unen a la proteína ACE2, presente en la membrana de un grupo de células humanas, presentes especialmente en el aparato respiratorio, actuando de igual modo que si fuera una llave abriendo una cerradura, y luego, una vez dentro, replican su material genético, creando copias que destruyen la célula y después infectan otras.

El gran problema que presenta este virus es que solamente se acopla a la célula mediante este receptor, por lo cual su acción es más lenta, y esto provoca que la persona infectada tarde más tiempo en mostrar los síntomas, por lo cual puede contagiar a muchas personas sin saberlo en el trascurso de su actividad cotidiana, al no saber que está contagiado. Sin embargo, otros coronavirus se acoplan a la vez a distintos receptores celulares humanos, con lo cual los síntomas se manifiestan rápidamente, hecho que llevaba persona infectada a aislarse, evitando así contagiar a otras. Es por ello que provocan más mortalidad que el coronavirus actual, ya que el SARS tiene una letalidad del 2%, mientras que la del COVID-19 en circunstancias normales es del 2%, a pesar de que la enfermedad que provocan es bastante similar.

Aquí radica la gravedad de la pandemia, ya que, al aumentar el número de contagiados en el COVID-19, se colapsan los servicios sanitarios, fomentando sigue la alarma social.

El investigador estadounidense experto en armas biológicas Francis Paul asegura que este coronavirus es un subconjunto de los virus llamados “agentes biológicos” que su ADN —ácido desoxirribonucleico que contiene las instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos— es manipulado en los laboratorios científicos para mutar su estructura nociva en una más agresiva para los seres vivos y destinarlo así a actividades de guerras biológicas.

Entre los virus que se engendran mediante manipulación humana, este experto señala que el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) surgido en 2002 también en China y el síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS, por sus siglas en inglés) aparecido en 2012 en Arabia Saudí al igual que el carbunco, más conocido como ántrax, todos se han producido en laboratorios de la Universidad de Carolina del Norte ―el llamado Chapel Hill―.

En tal sentido, Paul sostiene que los experimentos e investigaciones sobre estos virus o armas biológicas se llevan a cabo en laboratorios llamados «niveles biológicos de salud» y en particular se desarrollan en los de Nivel 4. Cabe destacar que Estados Unidos cuenta con 12 laboratorios de este Nivel 4 en toda su red de laboratorios de este tipo.

Hay incluso científicos que postulan que las alteraciones del virus del SARS para mutarse en el COVID-19 pudieron hacerse a través de las radiaciones electromagnéticas del 5G. En este sentido, el Doctor Dietrich Kilnghardt, especialista en trastornos autoinmunes en lo que se refiere a los campos electromagnéticos, descubrió que la tasa de mortalidad más alta en estados unidos encuentra en la zona de Kirkland (Washington), dándose el hecho de que Kirkland es una de las cinco ciudades en el país que ya han sido cableadas para el 5G, y que el hospital Evergreenhealth ―donde se ha producido el mayor número de defunciones― es el único del país conectado a la red 5G: de diez pacientes diagnosticados con el virus, 6 fallecieron (60% de mortalidad).

Según Renee Parsons, de Global Research, «Si hemos aprendido algo desde 1963, es cuestionar todo lo que nos dice el Big Government, Big Media y Big Money, ya que siempre hay más que la historia “oficial”. Con demasiadas incógnitas aún por responder, no hay duda de que un bio-bicho de orígenes inciertos, quizás orientado electromagnéticamente 5G, está suelto dentro de la atmósfera de la Tierra».

El más firme defensor de la teoría de que la progresiva implantación del 5G está originando la pandemia es Thomas Cowan ―vicepresidente de la Asociación de Médicos para Medicina Antroposófica― quien, en el transcurso de una conferencia que dictó el pasado 3 de marzo afirmaba que «Cada pandemia de los últimos 150 años coincide con un salto cuántico en la electrificación de la Tierra», exponiendo las pandemias producidas por la introducción de las bandas de radio, de los radares, y de los satélites.

Y, ¿cuál fue la primera ciudad del mundo en implementar el 5G?: pues Wuhan. También opera en Milán, la ciudad italiana más afectada por la pandemia: ¿Casualidad?

▶️ El VÍDEO censurado de la RAI que predijo en 2015 la creación del coronavirus

Laureano Benítez Grande-Caballero
Autor: Laureano Benítez Grande-Caballero
Laureano Benítez Grande-Caballero, nacido en 1952, es licenciado en Historia Contemporánea, y profesor jubilado. Conferenciante, articulista político en periódicos digitales, ha escrito 35 libros. Sus dos últimas obras son 'El Himalaya de mentiras de la Memoria Histórica' y 'La Patria traicionada: España en el Nuevo Orden Mundial'.
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