Última actualizaciónSáb, 08 Ago 2020 6pm

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Un hombre tiene que huir de su piso de alquiler en Madrid para no ser violado por su casera

acoso

La realidad siempre supera a la ficción. Pongamos que usted viaja a un país extranjero, llega a la casa compartida donde se hospeda y lo primero que hace su propietario o propietaria es cerrar la puerta con llave e intentar besarlo o besarla repetidamente. Ante su negativa, amenaza con echarlo o echarla a la calle sin sus pertenencias si no se baja los pantalones y accede a sus deseos sexuales. Es lo que ha denunciado un joven estadounidense que le ha pasado España, según informa el diario The New York Times.

Jacob López llegó el 4 de julio a Madrid. Había reservado una habitación en una casa que encontró a través de la plataforma de alojamiento compartido Airbnb. Quedó con su anfitriona en el metro y, una vez en su casa, empezó la pesadilla. En tal situación, López escribió a su madre para que pidiera ayuda. Le explicó que la propietaria le había encerrado y que estaba en la cocina jugando con unos cuchillos como forma de presión para que se sometiera al acto sexual, siempre según The New York Times.

La madre llamó a Airbnb, que se negó a proporcionar la dirección del lugar donde se hospedaba su hijo. La remitieron a un teléfono de la Policía de Madrid, quienes deberían llamar a la plataforma de viviendas compartidas para solicitar dicha dirección. Pero eso nunca sucedió porque el número al que llamó la mujer conducía a una grabación automática, y en Airbnb no volvieron a cogerla el teléfono.

Al final, fue López, según su versión, quien logró que su supuesta secuestradora -que también había cortado el acceso a internet- le liberase. "Me decía a mí mismo que iba a tener que matarla o me mataría ella. Pensamientos que nunca deberían pasar por la mente de nadie comenzaron a entrar en la mía. ¿Cómo se puede vivir con uno mismo el resto de su vida habiendo matado a alguien? Pero, de no hacerlo, no tendría una vida".

López descartó esa idea y se inventó que había quedado con otras personas que conocían su ubicación y que llamarían a la policía si él no acudía a la cita. Al parecer, eso convenció a la mujer de que debía dejarle ir.

Ya de vuelta en su casa en Massachusetts (Estados Unidos), el chico se encuentra bajo terapia por la agresión sexual que declara haber sufrido. La casera niega las acusaciones y afirma que el sexo fue consentido.

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