Libération, el diario de la izquierda francesa: 'El nacionalismo catalán es racista y supremacista'

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El diario francés 'Libération' de corte izquierdista ha publicado un artículo que describe a la perfección el nacionalismo catalán. Un nacionalismo al que define como "racista, supremacista y de desprecio de clase". Además, la publicación francesa advierte que, si Cataluña consigue la independencia, podría ser un fortísimo golpe para Europa, ya que supone quebrantar las leyes de un país democrático como España.

'Libération' (también conocido en Francia como Libé) es un diario editado en París y fundado en 1973 por el filósofo Jean-Paul Sartre y los periodistas Benny Lévy y Serge July. Su línea editorial es de centro izquierdas y es uno de los principales diarios en venta del país.

"El futuro de Europa se juega (de nuevo) en Cataluña.

Después de la crisis del euro, de la guerra en Ucrania, del Brexit y de la deriva de Hungría y Polonia, Europa se enfrenta a otra crisis que pone en peligro la existencia del proyecto de seguridad - físico, material, legal y, hasta cierto punto, social, que es el proyecto comunitario: el desafío a la democracia española a través del separatismo catalán. Frente al boulevard dado a la narrativa separatista en los principales medios europeos, la pusilanimidad de los llamados al "diálogo" o al ensordecedor silencio de las instituciones comunitarias y los gobiernos de los estados miembros, se requiere un esfuerzo pedagógico, a días de un referéndum ilegal de importancia trascendente.

La narrativa separatista se basa en el nacionalismo obtuso y excluye.

Cualquier narrativa nacional es un gesto histórico y el de Cataluña no carece de hechos de gran valor: a la lejana memoria de los poderosos cargos se suma la más reciente de la valiente resistencia del pueblo catalán al fascismo durante la guerra civil, a la que George Orwell rindió un poderoso homenaje. Y si bien la región se ha afirmado como el laboratorio de la modernidad industrial, política, social y cultural en España desde la segunda mitad del siglo XIX, debe reconocerse que se debe en parte al surgimiento de una conciencia nacional propia, de la esencia de élite como en la mayoría de los nacionalismos, pero socialmente progresista. La contribución de Cataluña a la transición democrática también ha sido esencial, y basta con volver a leer las páginas dedicadas por el madrileño Jorge Semprún en emoción en la primera "Diada" (1) autorizada en 1977 a entender que la recuperación por los catalanes del derecho a su cultura, fue una conquista para todos los demócratas españoles.

Y sin embargo, la narración hábilmente desplegada por el campo separatista está a mil leguas de este movimiento democrático, europeo y cultural abierto. En su lugar, encontramos, repetido como un mantra, todos los clichés del nacionalismo más obtuso, teñido de racismo, desprecio de clase o incluso una forma de supremacismo cultural: por un lado, el "nosotros" un educado, trabajador, progresista, honesto, republicano y europeo. Por otra parte, "ellos", una rama ibérica retrógrada, perezosa y corrupta, adscrita a una monarquía desmonetizada por escándalos y permanentemente rezagada detrás del tiempo europeo. No hay que oponerse a la "catalanización" de la sociedad europea en su conjunto desde la muerte de Franco, ni al hecho de que algunos de los casos de corrupción más jugosos de los últimos años, se ocupan precisamente del nacionalismo catalán, que es una tez teñida, cuya conversión al separatismo coincide con su frecuentación de los tribunales españoles. En esta narración, que alinea los hechos alternativos, "Espanya ens roba" (España nos roba) y el activismo de las jurisdicciones españolas en materia de corrupción política, es sólo el reflejo, a veces de una corrupción generalizada, a veces de una persecución de los patriotas catalanes.

La inmovilidad de Mariano Rajoy no es la causa principal del estancamiento político.

Esta narración tiene ciertamente un aliado "objetivo" en la persona de Mariano Rajoy. En el cargo desde 2011, el líder del gobierno del Partido Popular ha sobrevivido a los escándalos repetidos que han salpicado su gestión, así como a dos elecciones legislativas que han sacudido al bipartidista español sin lograr hacerlo perder su sillón a la Moncloa. Su pintoresca actitud de espera verá acentuada la gravedad de la crisis abierta con Barcelona, privándola de cualquier escape político. Además, hay una fuerte tentación de hacer el llamamiento constitucional del partido popular, entonces en oposición, contra el nuevo Estatut de Catalunya aprobado por referéndum en 2006, el pecado último abriendo el camino para la secesión unilateral. Además del hecho de que más del 90% de Estatut fue validado por la Corte Constitucional (14 artículos censurados a partir de 223), los elementos fueron revocados, enfocados principalmente al irreversible reconocimiento de una nación catalana dotada de un primado y derechos lingüísticos que invadía en gran medida los poderes del régimen, constituía un casus belli constitucional, incluso en un estado federal de facto. Si se trata sin duda de un error político fatal, el recurso contra el Estatuto no exime de ninguna manera al actual gobierno catalán de su huida de cualquier marco jurídico y de cualquier mandato político unívoco. El conjunto, a costa de una polarización social muy fuerte dentro de la sociedad catalana, de la que una generación entera de hijos e hijas de emigrantes del interior hizo descansar su ascensión social sobre la promesa de una identidad trunking - catalán, español y europeo -.

El desafío separatista es un asunto europeo.

De los resultados de esta crisis depende mecánicamente el futuro de toda Europa. Que una región pueda ejercer el derecho a la libre determinación, unilateralmente, en el contexto del Estado de Derecho, a los pueblos bajo el dominio colonial o imperialista, y que la intangibilidad de fronteras establecidas al precio de la sangre. Que un solo orden constitucional -húngaro, polaco o hoy, español- sea derrocado por la subversión de las normas democráticas en favor de un partido o coalición hegemónica y mesiánica, y es Europa como un área basada en la separación de poderes y la jerarquía de normas, ese obituario debe ser escrito. Que un nacionalismo obtuso, excluyendo y articulando una narrativa histórica alternativa, triunfe otra vez, y que el estatuto de los hechos (políticos, históricos, jurídicos o sociales) disminuya, en favor de las virtudes taumatúrgicas y demiúrgicas de la narración para el uso de las masas.

Frente a estos riesgos que nuestros gobiernos están luchando por tomar, podemos entender el dilema que enfrenta un gobierno del Partido Popular: entre la impotencia, por falta de legitimidad absoluta para ejercer todo el rigor de la ley para preservar los derechos de todos los españoles, incluidos los catalanes, y el pan bendito ofrecido al campo separatista por la imagen de las urnas y boletas de votación confiscadas por la guardia civil ... Como tal, el derrotismo que se produce dentro de una sociedad escindida y unido por su historia a la paz civil, frente al carácter irreversible del desafío separatista, es un presagio oscuro para Europa".


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