Ana Julia Quezada denuncia al padre de Gabriel por 'acosar a su familia' y pide protección

ana julia quezada

Ana Julia Quezada pasó parte de la Nochevieja en la enfermería de la prisión de Huelva donde está ingresada desde el pasado marzo por el asesinato del pequeño Gabriel Cruz, hijo de su expareja. Pese a que en un principio trascendió que la interna había intentado suicidarse, fuentes de Instituciones Penitenciarias aseguran al diario ABC que en absoluto se trata de un intento de quitarse la vida.

El parte médico del día 31 cuando fue asistida recoge que presentaba «pequeños arañazos» en las muñecas sin necesidad de puntos de sutura ni de grapas y añade que sin «ideas autolíticas», es decir suicidas. Las mismas fuentes niegan que utilizara una cuchilla, basándose en el tipo de marcas.

La presa, que ya ha dado sobradas muestras de su carácter, tuvo una discusión con otra interna el día 30 de diciembre, que no fue a más, el típico problema de convivencia que se produce con frecuencia en prisión. Al día siguiente, Ana Julia Quezada presentó una instancia en la que pedía que se le aplicara el artículo 75.2, es decir, medidas restrictivas para garantizar su protección personal. Ese mismo día, la dirección de la cárcel se lo autorizó, lo que supone una enorme limitación de movimientos.

Pero para que no estuviera sola en una celda se designó, según las mismas fuentes, una presa que la acompañara, no una presa de apoyo, matizan. Fue esta interna la que descubrió al compartir espacio con Ana Julia que su compañera tenía marcas en las muñecas y avisó a los responsables del módulo. A continuación se trasladó a la reclusa hasta la enfermería donde, como se ha dicho, ni siquiera le dieron puntos, dado el carácter levísimo de los arañazos.

No es la primera instancia ni la primera vez que Ana Julia se dirige a los responsables de la prisión. Entre otros motivos lo ha hecho para enviar varias cartas desde la cárcel. La más asombrosa la que mandó al juez del caso pidiéndole que Ángel el padre del niño y su expareja dejara de mandar mensajes a la familia de la reclusa.

«Mi familia a [sic] recibido unos mensajes de Ángel, el padre de Gabriel y no me parece bien lo que ha dicho a mi familia, de las cosas que le ha dicho es que quiere que yo me pudra en la cárcel». Así empieza la carta que Ana Julia Quezada, la asesina confesa del pequeño Gabriel, envió al juez instructor y que está fechada en la cárcel del Acebuche (Almería) el pasado 11 de agosto. En ella se muestra ofendida con los supuestos mensajes del progenitor del niño, su expareja, y pide la mediación del juez.

Ana Julia, en prisión desde marzo se apresuró a enviar esta carta en la que, una vez más, no muestra ninguna empatía ni cercanía con el niño al que mató y escondió en el cortijo de su propia familia ni con el sufrimiento de sus padres. Su único interés es que no la perjudiquen a ella y a sus pequeños devaneos entre los muros de la prisión almeriense. Una actitud que coincide con la imagen que se pudo ver durante los días de la angustiosa búsqueda de Gabriel y con su comportamiento posterior ante la Sala


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