Rocío Carrasco denuncia los malos tratos de Antonio David Flores: 'Me intenté suicidar'

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Pocas veces se recuerda haber visto en la televisión una entrevista como la de Rocío Carrasco en el documental 'Rocío, contar la verdad para seguir viva'. Su rostro, sus lágrimas, sus temblores, sus palabras fueron el grito desesperado de una mujer "juzgada y maltratada" por la sociedad desde hace mucho.

Paralizada, creo que es la palabra que mejor define ver y, sobre todo, escuchar anoche a Rocío Carrasco en los dos primeros capítulos del documental Rocío, contar la verdad para seguir viva. Estaba claro que cuando una persona calla durante 25 años, aguanta lo que Rocío Carrasco asegura haber aguantado, toca fondo como llegó a tocarlo y un buen día decide que se acabó, que ha llegado su turno, era para contar una historia terrible, La verdad de Rocío Carrasco más que desgarradora, la verdad de la madre de dos hijos, de Rocío Flores y de David, las víctimas sin atisbo de dudas de una cruenta guerra. Pero nunca imaginé que podía llegar a ver lo que se vio anoche en Telecinco, y sobre todo lo que va a suponer para muchos escuchar uno de los testimonios más dolorosos que se han escuchado en televisión. Fue su verdad, la que nunca se ha escuchado. Una verdad que ahora servirá para juzgar públicamente a los que siempre se dio voz, igual que la juzgaron a Rocío Carrasco. La historia se repite.

¡Ay, la televisión! La misma que anoche le dio voz -el programa lo vieron 3.787.000 espectadores de media y el 33.2% de share-, pero también la misma que ha sido cómplice del sufrimiento de Rocío Carrasco. Una televisión que ha contribuido, que ha ayudado, que ha sido el altavoz de todo lo que anoche denunció durante la entrevista y se puede decir que hasta gritó sin alzar la voz la hija de Rocío Jurado. Una televisión que anoche dejó de ser verdugo para colocarse en el lado del otro, en el lado de la que hasta hace unas horas era "la mala madre" de Rocío Flores y de David.

Ahora sí, ahora Rocío Carrasco ya es una víctima para los que nunca lo fue; ahora, por fin, no sólo se la ha escuchado porque ella ha decidido que se la escuche, sino que ahora la que lleva 25 años siendo juzgada en los medios de comunicación ha dejado de ser la mala y ha pasado a ser lo que debió ser o, al menos, haberla dejado ser, lo que en realidad siempre ha sido: una mujer destrozada, hundida... Ahora sí, antes no. Y más allá de todo lo que contó anoche Rocío Carrasco en el documental hay una lección que nos deberíamos grabar a fuego: nunca las verdades son completas cuando falta por escuchar a la otra parte, cuando falta por escuchar a quien también lo ha sufrido.

Habrá quien hoy piense que el testimonio de anoche de Rocío Carrasco es un espectáculo más, un nuevo capítulo del lado más dantesco de la televisión. Y sí, fue un espectáculo, un terrorífico show, pero no por lo que ella contó sino por lo que es un show business que siempre busca lo mismo. Eliminemos todo eso, dejemos sólo a esa Rocío Carrasco sentada junto a un proyector, abriéndose en canal, intentando no ahogarse mientras relataba su verdad en la entrevista y borremos todo lo demás. Borremos el inicio del programa con la interpretación en directo del representante de Eurovisión de Suiza de la canción que ha servido de banda sonora para el documental; olvidemos a ese Jorge Javier Vázquez cruzando una puerta alada para iniciar el programa; olvidemos a los colaboradores y sus opiniones; olvidemos el cómo se da de comer a la bestia. Quedémonos sólo con Rocío Carrasco, sólo escuchando su testimonio, sólo viendo a una mujer a tumba abierta.

Rocío Carrasco y su intento de suicidio

Tengo claro que cada palabra que se vio anoche de Rocío Carrasco, cada gesto, cada lágrima, cada temblor de manos, cada mirada perdida, cada agonía no es sólo la historia de Rocío Carrasco, la historia de la hija de la Jurado puede ser la historia de muchas mujeres. De mujeres que viven un auténtico infierno y que no pueden gritarlo a los cuatro vientos ni hacerlo en la televisión mientras te ven millones de espectadores. Rocío Carrasco anoche se convirtió en la voz de muchas víctimas y lo hizo por una sola razón, por ella, porque había llegado el momento de derribar los muros, de acabar con el armamento que durante décadas dispararon sin piedad contra ella.

"Es algo que tengo que hacer, me lo debo a mí y a la gente que me quiere y ha estado conmigo. A mi marido, a mi suegra, a mi otra familia, a la que no es de sangre", comenzaba Rocío Carrasco el capítulo 0 de Rocío, contar la verdad para seguir viva. Segura de lo que iba a hacer, pero "muy, muy nerviosa", Rocío Carrasco se sentaba en una silla, junto a un proyector y una pantalla blanca tras de sí y no podía ni sostener las lágrimas. "Tengo muchas ganas de llorar", confesaba. Un llanto presente durante toda la entrevista que se sumó a un dolor que le ahogaba. De hecho, hubo momentos en los que se oía perfectamente ese intento por respirar cuando la agonía no te lo permite. Porque a Rocío Carrasco se la ha enterrado en vida y todavía sigue intentando salir del hoyo. Un hoyo de odio, mucho odio, de rabia, mucha rabia, y de rencor, de muchísimo rencor.

Un hoyo en el que han echado tierra no sólo "la mente diabólica", como ella calificó a Antonio David Flores, su ex marido y padre de sus dos hijos, Rocío Flores y David, que la ha llevado hasta donde está hoy, sino también a los que siempre la juzgaron, siempre contribuyeron a todo eso, siempre dieron voz a su "verdugo", siempre le creyeron y que anoche sorprendentemente vieron como el "maltrato" que contó y describió Rocío Carrasco no sólo fue el de su marido, fue el de muchos otros, el de los que la llamaron "mala madre", los que la pusieron en duda, los que cebaron al "monstruo". El testimonio de una mujer "juzgada y maltratada" por la sociedad.

Ahora el "monstruo" es otro, ahora resulta que todos sabían el infierno que estaba viviendo Rocío Carrasco, ahora parece haberse olvidado los programas y todas las horas de televisión en las que se dio voz sólo a una parte, en las que se dejó y se permitió que sólo uno contara su verdad, en las que, en muy contadas ocasiones, se intentó -especialmente sus amistades- dar su versión y siempre se silenció o se miró para otro lado. Ahora, se escucha a Rocío Carrasco y rápidamente políticos, periodistas, personajes públicos le dan voz a ella, se colocan de su parte, la entienden, la comprenden, la 'protegen' y alaban su entrevista. No creo que esa fuera la intención de Rocío Carrasco, no creo que ella quisiera alzarse como la adalid de nada. Eso lo han hecho los que se suben al carro siempre que el carro parece ponerse en marcha. Creo que Rocío Carrasco simplemente quería contar lo que no ha podido contar nunca, creo que quería mostrar el otro lado de la moneda. No la juzguemos de nuevo por lo que ahora la quieran convertir los demás. 

¿Y antes? ¿Qué pasaba cuando alguien cercano a ella intentaba contar sólo una pequeñísima parte de lo que Rocío Carrasco estaba pasando? ¿Qué ocurría cuando se quería mostrar el otro lado de la moneda? Pues que Rocío Carrasco no era tan buena, ni tan víctima, ni tan nada. Si Rocío Carrasco ha sido juzgada, ha sido increpada por la calle, ha sido insultada y todavía hoy lo sigue siendo, ha sido, primero, porque durante décadas sólo se ha escuchado a su "verdugo" y, segundo, porque sólo se ha querido dar voz y mostrar su versión, nunca la de ella. "Nunca se le ha cuestionado a él, siempre han dado por veraz lo que decía de mí". No creo que haga falta decir nada más. Dio muchos titulares, pero para mí esta es la frase que a más gente condena.

Es verdad, que ella tomó una decisión que fue no conceder ni una sola entrevista, no hablar de ello públicamente, no alimentar más lo que ya alimentaban otros. Rocío Carrasco decidió dejar todo en manos de la Justicia, de los expertos, de los médicos, de los psiquiatras. Sin entrar en líos judiciales, que en esta historia son muchos, Rocío Carrasco denunció a Antonio David Flores en el Juzgado de Violencia de Género, la juez instructora le abrió juicio abreviado, él recurrió la apertura de este juicio, ganó el recurso y nunca ha sido juzgado. Rocío Carrasco presentó un recurso de queja en el Supremo que fue desestimado, pero abrió la puerta a que se pueda reiniciar el proceso "ante la aparición de nuevos indicios o pruebas" . Eso no quiere decir que fuera absuelto sino que no fue juzgado y que si se aportan nuevas pruebas se podría reabrir la causa. Rocío Carrasco sigue luchando en los tribunales.

Los verdugos de Rocío Carrasco

Esa es la parte de la Justicia, quedaba por saber la parte de Rocío Carrasco, la verdad que le llevó un 5 de agosto de 2019 a tomarse varias pastillas, a quedarse dormida y a abrir los ojos ingresada en el hospital asegurando a los médicos que lo volvería a intentar y que siempre le quedaría el Puente de Segovia para tirarse. Ese 5 de agosto de 2019, Rocío Carrasco tocó fondo. Como ella explicó anoche, en aquel momento su situación psicológico era terrible. Días antes de aquel día, Rocío Carrasco se entera de que su hija, Rocío Flores, va a defender en plató a su padre, que entra en GH VIP. Cuando ella se entera de esto "por mi cabeza empiezan a pasar todos los 20 años anteriores y todo lo que se me venía encima otra vez, lo peor era saber que mi hija iba a un plató a defender a su padre". No quería seguir viviendo así, no quería volver a pasar miedo, no quería volver a ser juzgada, no quería volver a sufrir si es que alguna vez dejó de hacerlo.

Ese día Rocío Carrasco se dio cuenta de que lo que estuvo a punto de conseguir "era una putada para los que me querían", ese día Rocío Carrasco se fugó del hospital porque "había alguien de prensa merodeando por el parking, y fue cuando dije que me quería ir a casa, era el único sitio donde me sentía segura, y no esperé a que me dieran el alta". Volvió a su casa y empezó a construir un nuevo camino, empezó a desenterrarse, aunque no fue fácil ni lo es todavía, nunca será fácil. De hecho, Rocío Carrasco relató que cuando Antonio David Flores salió del reality "ofreció ese informe mío a dos revistas, con mensaje de 'mira lo que se ha inventado ahora'". Y eso fue el desencadenante de que decidiera que había llegado su momento, de que se acabó el que sólo se escuchara y sólo se creyera a una parte. Ese día, Rocío Carrasco decidió renacer.

"Todo esto lo he contado a muy pocas personas cercanas y a muchas extrañas, desgraciadamente, a jueces, médicos, equipos psicosociales... no me gusta despertar sentimiento de pena o hacer que gente que quiero se sienta mal", afirmó Rocío Carrasco. El documental, con más de 60 horas grabadas, es el resultado de esa decisión, es el resultado de una mujer diagnosticada de un trastorno ansioso depresivo moderado y grave crónico en el tiempo, según la conclusión del informe del gabinete psicológico en el tribunal de violencia de la mujer. Un trastorno que, según ella misma contó anoche, lleva padeciendo años por el "maltrato" al que, según su testimonio, le ha sometido Antonio David Flores. "Mis hijos han crecido, como todo el mundo, con esa versión de que soy una mala madre", explicó Rocío Carrasco. Una explicación, como todo el testimonio, en el que ella en todo momento no sólo quiso dejar claro que es la víctima sino que también lo son sus hijos. Unos hijos que hoy también se tendrán que enfrentar al testimonio de su madre, las verdaderas víctimas.

Víctima, según Rocío Carrasco, de un padre que sólo sabe pensar en él mismo, de un padre que crio a sus hijos instaurándoles en lo más profundo que su madre no era una buena madre, que su madre era un monstruo. Unos hijos, especialmente su hija Rocío Flores, que está convencida que hoy por hoy la odian.. Y aún así Rocío Carrasco prefiere que sigan pensando así, que sigan creyendo que su madre es una mala madre, que su madre es un monstruo, porque "no quiero que llegue el día en que mi hija se dé cuenta de quién es su padre, porque ese día será el más doloroso de su vida y no quiero que sufra". Ahora, igual, entendemos por qué Rocío Carrasco no está con sus hijos. "Me los arrebataron en vida", sentencia.

"Cuando venía a traerme a los niños, él me increpaba en la puerta, aprovechaba esas tomas de contacto para insultarme, y decirme 'te los voy a quitar, te van a odiar, hija de puta, voy a hacer que te odien' (...) A Rocío le quitaron la adolescencia, la hicieron responsable muy pequeña de su hermano, y de lo que le pase al padre, de como se encontrase, no tenían derecho a perturbar esa paz, y lo hicieron, y cortó el vinculo materno, lo sesgó, a mí me lo quitó (...) Es un padre impío porque no tiene piedad ni para con sus hijos, no le ha importado el bienestar de sus hijos, no puedes quitar a una niña de cinco años su figura materna, y eso es lo que ha hecho (...) Ella tenía pasión por su madre, que soy yo, la que la he parido, porque yo soy víctima, pero ellos también son víctimas de una mente diabólica". Ahora es posible que entendamos muchas cosas, ahora es posible que no volvamos a escuchar el padre maravilloso que era Antonio David Flores y lo mala madre que era Rocío Carrasco, ahora es más que probable que sean otros los juzgados.

El inicio del calvario de Rocío Carrasco

Cuando terminó el capítulo 0 del documental y se volvió a plató el silencio fue ensordecedor. Jorge Javier Vázquez esperó varios minutos donde las cámaras enfocaban primeros planos de las caras de los colaboradores. Rostros compungidos, sorprendidos, dolidos, extrañados... Desde luego no era para menos, pero la realidad es que a excepción de unos pocos, muchos de los que ahí estaban sabían desde hacía mucho tiempo parte de la verdad de Rocío Carrasco.

Y antes de que comenzara el capítulo 1 donde Rocío Carrasco contó cómo conoció a Antonio David Flores, al que en ningún momento nombra porque "no quiero ni puedo" y los primeros episodios de los presuntos malos tratos, los que estaban en plató, no les quedó otra que entonar el mea culpa. Un mea culpa leve, que no se oyera demasiado, pero confirma que en esta historia ha habido demasiados verdugos, demasiadas guadañas. La primera fue Belén Esteban, la primera que dijo sentirse cómplice y haber formado parte de lo que Rocío Carrasco acababa de denunciar. Fue la primera en reconocerlo, pero no es la única culpable, ni mucho menos. Aparte del dolor y de escuchar al fin a Rocío Carrasco y su versión y su verdad, su testimonio señala a muchos, los que hasta hace días la podían sentenciar y los que hoy la aplauden y defienden. 

Terrible, tan terrible como los episodios que en el siguiente capítulo relató Rocío Carrasco. Me niego a hablar de la mesa camilla de después del capítulo 0, no quiero, no se lo merece Rocío Carrasco. La valiente, la que dio la cara, la que se enfrentó a todos sus demonios anoche fue ella. Lo demás es un ruido de fondo, el mismo ruido de fondo que tantas veces le ha apuñalado a ella. Y comienza la historia, comienza su "camino al infierno" un verano de 1994 en Chipiona, donde tras volver del internado, donde la había matriculado su madre para sacar el curso, conoce por medio de un amigo a Antonio David Flores. La historia la conocemos todos, fueron portada de las revistas durante muchos años.

Lo que no conocemos es lo que vino después. Rocío Carrasco asume en este capítulo su culpa al dejar a su madre hincada en el suelo llorando y pidiéndole que no se fuera a vivir con Antonio David Flores a Argentona, advirtiéndole que le iba a destrozar la vida. Ella se fue queriendo ser libre, sintiéndose mayor, queriendo jugar a ser adulta con tan sólo 18 años, y fue su condena, según ella misma relató. Creía estar enamorada, aunque ahora reconoce que aquello no fue amor. Se fue pese a que le advirtieron de que volvería con "un bombo" porque eso es lo que él estaba buscando. No se equivocaron.

Todo empieza a torcerse, a no encajar, pero Rocío Carrasco le seguía ciegamente. Contó hechos desconocidos y que sirven para situarse, para entenderla, para saber que ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Relató como estando Antonio David Flores bajo arresto domiciliario, ella fue testigo de una fuerte discusión entre Antonio David Flores y dos niños a los que "agredió físicamente" sin saber "que uno de ellos es hijo del cabo de la Guardia Civil. Hay juicio y le cae otra condena". Llegó el accidente de tráfico y con él empezó realmente su calvario. "Hubo alguna agresión verbal, de inútil, de no sirves para nada, estás gorda, eres tonta... Él tenía una cara de puertas para adentro, prepotente, de todo sabía y tú no sabes nada y luego estaba la otra parte cuando había cámaras, que era todo maravilloso. Cuando terminaba el día, en la intimidad, me decía que lo hacía por mi bien y tú en ese momento lo piensas, no lo ves, no te das cuenta de la gravedad que tiene, llega un momento que lo normalizas", contó Rocío Carrasco.

Fue el primero, según Rocío Carrasco, de muchos. De las agresiones verbales se pasó a las físicas ,según contó. Rocío Carrasco relata un suceso en el que Antonio David Flores le agarra del pelo y le tira hacia abajo golpeándose contra un mueble. " Yo me siento por un lado que me quiero ir a mi casa, lo cual no voy a hacer, y por otro estaba que no me podía mover pero digo me levanto y lo reviento. Pero no hice ninguna de las dos cosas. No tengo claro cómo pasó, pero pasó y fue a mayores", y Rocío Carrasco siempre perdonaba. "Lo veía normal y ahora pienso que qué poco sabía yo que iba a ser mi verdugo".

Un verdugo y una víctima que hasta ahora siempre fue al revés, porque ahora se vuelve a repetir la historia, pero ahora desde el otro lado. Nunca quiso hablar, nunca quiso contar nada, nunca quiso dar la cara. Se encerró y aguantó. Hasta anoche, hasta la noche en que por fin Rocío Carrasco ha podido hacerse a ella misma la Justicia que otros creen que le quitaron. Y sí, probablemente lo habrá hecho por una cuantiosa cantidad de dinero, el mismo dinero que han cobrado otros durante mucho tiempo. Y es sólo el principio porque ahora empieza el vía crucis del que todos hemos sido testigos antes. Sin embargo, ahora si está su testimonio, sin embargo ahora Rocío Carrasco ya no guarda silencio.

Fuente original: El Mundo

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