El juego simbólico del Tarot

Hay cosas que te cambian la vida.

Ayer, después de hacer mi tirada en https://futurotarot.gratis, para saber si ese chico iba o no a dar el paso, acabé buscando sobre la carta que me había salido una y otra vez, el Colgado. Aunque lo intentara, no llegaría a buen puerto.

Me encontré en un viaje de autodescubrimiento, fascinante y algo aterrador hacia los abismos de mi propia mente. Freud hubiese pagado por esto.

El viaje de los arcanos

Fui la heroína y puede que… spolier, la villana también, de mi propia historia.

Empecé un juego simbólico del tarot abriendo la primera puerta y encontrándome con el Mago.

Un hombre frente a una mesa con los cuatro palos de la baraja. Era el principio de mi camino, como en toda hazaña heroica, tenía que elegir. Solo podía hacer una pregunta y solo obtendría una respuesta.

Seguí mi camino hacia la Papisa, la gran sacerdotisa, que me advertía: el conocimiento conlleva una gran carga, el sufrimiento. Podría actuar con la razón o con el corazón. Ella me dejaría pasar, tomase la opción que tomase.

La dos siguientes cartas me llevaron a la Emperatriz y al Emperador. De nuevo una elección: corazón o razón. La Emperatriz me prometía un amor de película. El Emperador, más serio y distante, me advertía que los sentimientos sin control no me llevarían a ningún sitio. Elegí el amor.

Debí saber que había tomado el camino difícil. La siguiente carta, el Papa, me miró severo y, como nexo de cartas que es, me hizo tomar el camino más largo. Llegó la carta de los Enamorados, ¿así de fácil? Llamaría a ese chico y sería yo la que daría el paso.

Luego vino el Carro, nuestro viaje juntos, pero la carta me mostraba sola y tirando de las riendas. La Justicia, tuve que hacer frente a la realidad, después de un par de citas no me devolvió las llamadas.

El Ermitaño, ese viejo afable, se ofreció a mostrarme algo de luz con su faro. No todo estaba perdido, lo volvería a ver en la cafetería de siempre y actuaría como si nada hubiese pasado. La Fuerza, la guerrera que sostiene al león, me animaba a que insistiese. Ese chico me lo iba a poner difícil.

Entonces llegó el Colgado, la maldita carta bocabajo. Había sido tan insistente que ya no quería saber nada más de mí. La Muerte me lo advirtió, me había bloqueado de todas las redes sociales. Ya no quedaba futuro para nosotros.

La Templanza, serena y calidad, me ofreció de su agua de la calma.

El Diablo quiso tentarme, me dijo que podría convencerle para que saliese conmigo.

La Torre fue la carta que me devolvió a la realidad. Un mensaje donde ese chico me era muy sincero y me decía que no estábamos hechos para estar juntos. Seríamos amigos si así lo quería, y la carta de la Estrella, la esperanza, me guiñó un ojo.

Quise engañarme, cuando la Luna y sus perros aullando me insistieron en que lo podría enamorar.

El Sol y el Juicio, me abrieron los ojos. Me habían advertido, me habían dicho mil y una veces que no funcionaría, y yo seguí el camino largo. Ahora estaba juzgada por mis actos, no volvería a poder mirar a ese chico a la cara, pero el Sol me iluminaba con su luz. Siempre hay un nuevo amanecer. El Mundo, mi carta favorita, la carta de la felicidad, se mostró ante mí. Me había encontrado a mí misma.

El Loco me ofreció todas las llaves. Era momento de disfrutar de la vida.

Este fue mi gran viaje, de una tirada de tarot a un autodescubrimiento que me cambió mi forma de ver la vida. ¿Te ha pasado alguna vez? Coméntalo y cuéntame tu experiencia.


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