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No es brecha salarial, es brecha de género

brecha de genero

Seguimos de resaca por el Día Internacional de la Mujer y ahora vienen los balances serios.

Si viste a un montón de señoras, señores y señoros pedir igualdad en el salario, hablarte de techos de cristal, de igualdad de oportunidades y/o montar pollos en los platós de televisión como buenas histéricas porque de todos es sabido que cuanto más se grita más razón se tiene, tengo que contarte qué pasa realmente en el mercado laboral, en la alta dirección y en el mundo femenino profesional fuera del gallinero.

Muchas empresas han tomado conciencia de la importancia que tiene el papel de la mujer en el mundo empresarial. Tanto es así, que aquellas empresas que apuestan por la paridad, obtienen mayor facturación en líneas generales.

La buena noticia es que España es el país pionero de Europa donde la cuota de mujeres en puestos directivos ronda el 30%. Insuficiente pero alentador.

En ciertos sectores se da un caso llamativo: la mujer supera el 52% de la plantilla pero cuando miramos en los equipos directivos, el hombre representa el 70%. Es decir, hay más mujeres trabajando pero mandan menos.

¿Cuál es el motivo de la brecha de género?

Las propias directivas consideran que la inseguridad de las mujeres por asumir tantas responsabilidades en un puesto directivo y la falta de ambición personal también han sido factores determinantes para no romper con la dinámica del liderazgo masculino.

Y aquí viene uno de los grandes y graves problemas de la mujer del s. XXI: decidir entre su carrera profesional y dedicarse de lleno a ella o conformarse con un puesto más modesto y dedicarse a su familia.

La brecha de género laboral empieza en el momento en el que las mujeres irrumpen en el mercado no como apoyo para tener ingresos en la unidad familiar sino para dedicarse de lleno.

Esto con veintipico años es genial y una mujer apuesta por sí misma volcándose en su carrera hasta que pasados los treinta y cinco, empieza a pensar que se le pasa la vida trabajando y aún no ha creado su propia familia. Empieza el dilema propio de a qué renunciar porque es imposible compatibilizar ambas responsabilidades si es se desea vivir en plenitud la maternidad y crianza de los hijos.

De ahí a que nos hayamos encontrado con múltiples tipos de mujeres en el campo laboral: las que querrían quedarse en casa cuidando de sus familias pero que necesitan los ingresos para el mantenimiento de la economía del hogar, las que optan por compaginar modestamente un trabajo y su vida familiar sin grandes aspiraciones y con jornadas reducidas, las que quieren mejorar su situación laboral pero que se ven obligadas a renunciar a ello porque deben atender sus responsabilidades familiares y las empresas no les ofrecen soluciones para la conciliación, las que deciden sacrificar su vida familiar, las que deciden tener familia y delegar su cuidado a terceras personas mientras desarrollan su carrera profesional y así.

Las mujeres que hoy desempeñan cargos de responsabilidad no se quejan de la brecha salarial, algo que hoy está penado por ley. Se quejan de la falta de planificaciones empresariales que les den la oportunidad de compaginar su vida personal y familiar.

No solo eso, sino que en sectores específicos, echan en falta el propio talento femenino.

Las chicas no estudian asignaturas relacionadas con el futuro como son las ingenierías o las matemáticas, no porque no haya igualdad de oportunidades, ni igualdad de posibilidades, sino porque no les llama la atención y no se siente motivadas. Hasta un 60% de mujeres rechazan desarrollar su carrera en este sentido.

Así que cuando veas a alguna de esas mujeres hablar de brechas salariales gritando como una auténtica loca, recuerda que no tiene ni idea de lo que dice y que lucha sin saber cuáles son los problemas reales de la mujer.

Y chicas, cuando dentro de diez o quince años no haya mujeres en puestos directivos recordad que la mayoría no quería estudiar esas materias que serán determinantes en la forma de concebir el futuro profesional.

Como decían las madres, luego vendrán los lloros.

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