Una juez feminista dice que distingue a los maltratadores 'con solo mirarlos'

La historia de Javier Avellaneda -el padre que lleva casi 7 años sin ver a su hijo a pesar de que hasta el Supremo le ha dado la razón- está plagada de negligencias judiciales y policiales, como él mismo denuncia a Libertad Digital. Sin embargo, entre todas las personas que han contribuido a su particular calvario, este palentino señala a una por encima del resto: la magistrada Marisol González Encinas, una mujer maltratada a la que acusa de dejarse llevar por el "odio" que siente hacia los hombres tras la durísima experiencia vivida con su exmarido.

Las sentencias aportadas a este periódico ponen de manifiesto un comportamiento cuanto menos sorprendente por parte de la hoy titular del Juzgado de Violencia de Género de Palencia, pero más llamativo si cabe resulta que, incluso en sus propias declaraciones públicas, la magistrada presuma abiertamente de estar por encima de la ley y de los forenses, siendo capaz, entre otras cosas, de distinguir a un maltratador con sólo mirarlo.

"Conozco la materia como nadie, voy más allá de lo que una ley dice", reconocía orgullosa en Castilla y León Televisión en noviembre del año pasado. "Me atrevo a decir que soy casi como una psicóloga", añadía en una entrevista concedida a la Tribuna de Valladolid. "Sé distinguir a leguas cuando tengo delante a un maltratador (…). Eso se ve", sentenciaba.

Y lo cierto es que el caso de Javier Avellaneda -que, sin embargo, no cuenta con ni una sola denuncia por malos tratos- demuestra que esta magistrada feminista actúa en consonancia con tales declaraciones y no duda en saltarse el criterio de los verdaderos profesionales cuando su veredicto no le gusta. "Es increíble que una mujer maltratada que dice estas cosas pueda juzgar casos de este tipo. ¿Dónde queda su imparcialidad?", se pregunta Javier, que asegura no ser el único que ha sufrido su "sectarismo".

Un informe incómodo

A pesar de que el informe forense encargado por ella misma aconsejaba otorgarle a él la custodia en exclusiva de su hijo Alejandro, Marisol González Encinas hizo exactamente lo contrario: dársela a la madre. Para ello, no sólo ignoró a los psicólogos que habían tratado al menor, sino que no dudó en sustituir su labor.

Era el año 2016. Por aquel entonces, el palentino tenía sobre el papel una custodia compartida y su exmujer estaba empeñada en revocarla a toda costa. Sus apelaciones a instancias superiores no tuvieron éxito, pero pronto encontró a la aliada perfecta. La magistrada -que, en aquel momento, estaba destinada en el Juzgado nº3 de Palencia- admitió a trámite una modificación de medidas cuando ni siquiera se había dirimido una solicitud anterior y cuando, en contra de los requisitos que establece la ley, no se habían producido cambios sustanciales en la vida de ambos.

Para dictar su resolución, decidió encargar un informe forense, cuyos resultados no dejaban lugar a dudas: "Analizados todos los datos en su conjunto, se propone que lo más beneficioso desde el punto de vista psicológico en el momento actual y con las actuales circunstancias es que el menor permanezca bajo el cuidado cotidiano de su progenitor". Entre otros argumentos, la psicóloga que lo firmaba alegaba el elevado absentismo escolar al que la madre sometía al menor "con la intención de obstaculizar las relaciones paternofiliales", así como el "alto nivel de crítica" hacia su exmarido en su presencia. De hecho, dejaba entrever que el menor manifestaba opiniones contrarias a su padre sin saber explicar el porqué, lo que, a su juicio, denotaba una clara influencia materna.

La magistrada que actúa como psicóloga

En vista de que, con ese documento sobre la mesa, no tenía argumentos para darle la custodia a la madre, Marisol González Encinas decidió emitir su propio informe, poniendo en práctica esa consideración de sí misma como "casi una psicóloga". "Como no le gustaba lo que decía la forense, y en algo tenía que apoyar su decisión, volvió a llamar a declarar al niño, pero esta vez en su despacho y a puerta cerrada", denuncia Javier. Tras aquella conversación, manifestó que el menor no quería ver a su padre y que incluso tenía miedo de que lo recogiera.

En base a esa nueva valoración, la magistrada dictaba una sentencia en la que sorprendentemente otorgaba a la madre la custodia en exclusiva, ignorando por completo a los verdaderos psicólogos e incluso justificando el elevado absentismo escolar al que sometía al menor "al atender como único objetivo el bienestar de su hijo". En este sentido, la juez aseguraba que si no iba a clase era precisamente para evitar que el padre pudiera recogerlo, ya que quería proteger al menor de su "precariedad económica y otros temores" sobre los que decía no pronunciarse explícitamente "para no quebrar la sensibilidad del progenitor".

El rapapolvo de la Audiencia Provincial

La surrealista decisión y forma de actuar de Marisol González Encinas quedaría de manifiesto un año después, cuando la Audiencia Provincial de Palencia no solo revocó su decisión, sino que apercibió duramente a la magistrada, a la que acusaba de haber retirado la custodia compartida "sin ninguna razón cierta que lo justifique". En este sentido, el tribunal no solo recordaba el informe de los Servicios Sociales a favor de Javier, sino que, además, subrayaba que si alguien podía poner en riesgo la estabilidad del menor era precisamente la madre, al haber privado al padre de ver a su hijo y al impedir que el menor asistiera a clase con normalidad.

"Esta forma de actuar debe considerarse claramente reprochable, en cuanto perjudica el adecuado derecho del niño y de su padre a relacionarse entre ellos, pero es que, además, el llegar al punto de incumplir la obligada escolarización del niño supone una conducta manifiestamente perjudicial para éste (...), hecho que, por otra parte, ya se le puso de manifiesto a la madre por los responsables educativos", reza la sentencia.

La recusación que la sacó del caso

Tras el calvario que le hizo sufrir, Javier decidió presentar una querella contra la magistrada por prevaricación, pero, aunque el Fiscal se adhirió a la misma, no logró que siguiera adelante. "El corporativismo, es lo que tiene", lamenta este padre, que asegura que le consta que González Encinas "llamó al Tribunal Superior de Justicia para ver qué pasaba con lo suyo". Lo que si consiguió fue recusar a la juez que, finalmente, no tuvo más remedio que apartarse del caso.

Desde entonces no solo ha conseguido que hasta el Supremo ratifique la custodia compartida, sino que, además, ha logrado que su exmujer sea condenada en firme tanto por secuestrar a su hijo como por abandono de familia. "Ahora solo queda que la Justicia y la Policía hagan su trabajo y ejecuten las sentencias", insiste Javier. De hecho, tras la polémica originada, incluso la propia Marisol González Encinas llegó a emitir una orden en la que le daba 15 días para entregar al niño. Sin embargo, cinco años después de aquel ultimátum su mujer sigue en libertad e impidiendo a padre e hijo reunirse de nuevo.

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Mediterráneo Digital
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