¡Es oficial! La vagina se llamará a partir de ahora 'agujero delantero' para no ofender a los genderqueer

 genderqueer

El debate sobre el lenguaje inclusivo está abierto y sangra: en los últimos meses, la cuestión no sólo se ha colado en las conversaciones de los bares sino en el programa político del nuevo Gobierno. La vicepresidenta, Carmen Calvo, levantó un zafarrancho mediático al proponer revisar el texto de la Carta Magna para que sea más inclusivo -y menos machista-, recordando, como decía Wittgenstein, que “lo que no se nombra no existe”. “Tenemos una Constitución en masculino", de "ministros y diputados, que se corresponde a hace 40 años", lanzó, antes de encargar la tarea a la RAE y que los académicos se pusiesen de morros.

Pérez-Reverte hasta amenazó con abandonar su sillón si la institución cede a las peticiones de Calvo. “Escribo novelas y artículos, y la lengua española es mi herramienta de trabajo. Necesito que sea limpia y clara para intentar contar con eficacia lo que quiero contar. Por eso no puedo permanecer indiferente cuando la vuelven confusa o la degradan. Es simple defensa propia”, deslizó en una de sus últimas manifestaciones sobre el tema. La cuestión se sigue estirando como un chicle: mientras que muchas feministas aceptan el masculino como neutro o genérico y se contentan con conceptos más inclusivos como “ciudadanía” o “alumnado”, hay otros colectivos que también tienen cosas que decir.

La última de la ideología de género la publica la periodista Lorena G. Maldonado desde las páginas de El Español. Y prometemos que no es broma.

Las personas de género no binario -las que no se sienten hombre ni mujer-, por ejemplo, llevan tiempo reivindicando el pronombre “elle” en lugar de “él” o “ella y la terminación -e. Se trata del tercer sexo, el que exige su lugar en la RAE y en los documentos oficiales, como contamos en este reportaje. Pero hay más. La última recomendación viene de la web médica Healthline, que propone que los documentos didácticos incluyan también lingüísticamente al colectivo LGTBI. “Es fundamental que las guías de sexo seguro se vuelvan más inclusivas con las personas LGTBI y no binarias”, ha explicado.

Va más lejos aún: señala que el hecho de que este colectivo padezca peor salud sexual -y tasas más altas de VIH- viene condicionado por lo poco inclusivo que es el lenguaje médico con ellos. “Nos referiremos a la vagina como ‘agujero frontal’, en lugar de usar únicamente el término médico ‘vagina’. Lo haremos para reforzar el lenguaje inclusivo de género. Muchas personas trans no se identifican con las etiquetas que la comunidad médica le da a sus genitales”, relata. 

“Por ejemplo, a algunas personas trans y no binarias, asignadas mujeres al nacer, les gusta el sexo con penetración, pero experimentan una disforia de género cuando a esa parte del cuerpo se le llama ‘vagina’. Una alternativa que se está haciendo cada vez más popular entre las comunidades ‘trans’ y ‘queer’ es hablar de ‘agujero delantero’”

La tesis es que cuando la educación sexual se volvió una materia dirigida al “público general”, “el contenido se centró en educar en la pubertad a las personas cisgénero, a los heterosexuales, especialmente para prevenir el embarazo y reducir las infecciones de transmisión sexual. Durante mucho tiempo ha existido un gran estigma y una enorme discriminación asociados al ser lesbiana, gay, bisexual, transgénero, queer, intersexual o asexual. Los términos inclusivos de género como ‘no binario’ y ‘trans’ aún no habían permeado en el lenguaje y la cultura dominantes”. Por eso ahora, a su parecer, es obsoleto emplear los mismos conceptos de siempre, es decir, los que han estado empapados de machismo.


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