Pedro Sánchez anuncia que se queda para salvar España

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Lunes 29 de abril. Día de San Pedro Mártir. Escalinata del Palacio de La Moncloa. 11.00 horas. Puntualidad poco habitual. Se acabó la cuenta atrás. 112 horas después, cinco días de bunkerización absoluta. Nadie sabía nada hasta hace unas horas. Ni sus más cercanos. Una espera, agónica para unos, exasperante para otros. Pedro Sánchez decide seguir como presidente del Gobierno. La decisión que esperaban en el Gobierno y el PSOE, que estos días se habían volcado en convencerlo de seguir adelante. Revertir su posición porque el miércoles la balanza se decantaba por irse. "La movilización social ha influido en mi decisión".

Así lo ha comunicado en una declaración institucional sin preguntas, ni siquiera se ha permitido presencia de la prensa, tras publicar, hace cinco días, una carta en la que trasladó que, tras las informaciones periodísticas sobre su esposa, Begoña Gómez, y la acción política de la oposición y judicial al hilo de éstas -lo calificó todo de "estrategia de acoso y derribo"-, ponía en cuestión si continuaría como inquilino del complejo presidencial.

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"He decidido seguir, seguir con más fuerza si cabe al frente de la Presidencia del Gobierno de España. Esta decisión no supone un punto y seguido, es un punto y aparte, se lo garantizo", ha trasladado ante las cámaras. "Sólo hay una manera de revertir esta situación, que la mayoría social, como ha hecho estos cinco días, se movilice en una apuesta decidida por la dignidad y el sentido común, poniendo freno a la política de la vergüenza que llevamos demasiado tiempo sufriendo". Y ha añadido: "O decimos basta, o esta degradación de la vida pública determinará nuestro futuro condenándonos como país".

La maquinaria que ha desplegado el PSOE estos días, convirtiendo el Comité Federal en una ola de exaltación hacia su figura y continuidad, declaraciones públicas en medios y actos invitándole a seguir, su manera de comunicarse con él debido al aislamiento que mantenía Sánchez, y las distintas manifestaciones buscaban presionar y voltear el escenario. Sánchez, que ha meditado sólo con su familia estos días, cambia el paso. Hace 10 años, Begoña Gómez también fue una figura determinante en su decisión de volver a dar la batalla para liderar el PSOE. "Mi mujer y yo sabemos que esta campaña de descrédito no va a parar. Llevamos 10 años sufriéndola. Podemos con ella".

"Por muy alto que sea no hay honor que justifique el sufrimiento injusto de las personas que uno más quiere y respeta y ver cómo se intenta destruir su dignidad sin el más mínimo fundamento", es una de las frases que ha querido dejar Sánchez.

Hace de su causa, una causa de país

"Asumo ante ustedes mi compromiso de trabajar sin descanso, con firmeza y con serenidad por la regeneración pendiente de nuestra democracia y por el avance y la consolidación de derechos y de libertades". La estrategia de Sánchez pasa por mimetizar su "reflexión personal" con una reflexión del país. Que una cosa sea la otras, convirtiendo su causa en la de todos. "Nuestro país necesita hacer una reflexión colectiva que abra paso a la limpieza, a la regeneración, al juego limpio. Llevamos demasiado tiempo dejando que en fango colonice impunemente la vida política, la vida pública, contaminándonos de prácticas tóxicas inimaginables hace sólo unos años".

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Ha sido una mañana intensa en La Moncloa. Sánchez se ha desplazado a primera hora hasta la Zarzuela para comunicar su decisión al Rey. Ninguno de los ministros del núcleo duro tenía agenda para este lunes. Y algunos, los que forman el núcleo duro -entre ellos están Félix Bolaños, María Jesús Montero- se han desplazado hasta el complejo presidencial. También forman parte de ese sanedrín Santos Cerdán, secretario de Organización, y Óscar López, su jefe de gabinete.

Que Sánchez decidiera plantearse seguir o no como presidente del Gobierno era un movimiento que nadie, ni siquiera sus colaboradores más cercanos, vieron venir. Gobierno y PSOE se quedaron en "shock". Una incomprensión que se vio alimentada por el aislamiento y el silencio del líder socialista. El miércoles pasado, tras conocer la decisión de un juez de investigar a su mujer por por tráfico de influencias y corrupción en los negocios, tras una denuncia presentada por Manos Limpias, canceló su agenda, se recluyó con su familia, y dejó en el aire su continuidad como presidente.

La posición inamovible de Sánchez hasta ahora, pese a la evidente fragilidad parlamentaria del Gobierno de coalición, y las presiones y chantajes a los que el Ejecutivo era sometido en cada votación clave por los independentistas, había sido intentar permanecer en La Moncloa hasta el final de la legislatura. Pese a su decisión, no compartida por Sumar, de renunciar a los Presupuestos de este año por el adelanto electoral en Cataluña, y pese a que sus propios socios nacionalistas veían complicado el empeño, era su fijación. Hace sólo unas semanas, el 10 de abril, con motivo de su comparecencia en el Congreso, fue la última vez que verbalizó esa intención.

"Me gustaría contar con una aritmética parlamentaria más holgada, un entorno internacional no tan adverso, y una oposición que aportara para elevar el debate público. No es así, pero ninguna de estas cosas nos va a frenar, tenemos más de tres años de legislatura". En esas fechas ya se habían publicado informaciones acerca de la actividad de Begoña Gómez.

Cinco días de infarto

La decisión de Sánchez pone fin a una situación de interinidad y parálisis inédita que se ha prolongado durante cinco días. España se sumió en un estado de stand by el miércoles 24 de abril a las 19.00 horas cuando sus redes sociales publicaron una carta, escrita de su puño y letra sin consultar con su núcleo dura, en la que exponía: "Necesito parar y reflexionar. Me urge responderme a la pregunta de si merece la pena, pese al fango en el que la derecha y la ultraderecha pretenden convertir la política. Si debo continuar al frente del Gobierno o renunciar a este alto honor".

Un periodo de impasse en el que Sánchez no consultó con nadie su proceso de deshojar la margarita, algo que aumentó el desconcierto y el pesimismo entre los suyos. Recluido en soledad en La Moncloa, bajo la única compañía de su mujer, respondía a algunos de los mensajes que le llegaban de forma lacónica, despachaba asuntos o cuestiones que no permitían demora con su jefe de gabinete, Óscar López -unas de las pocas personas con acceso a él-, y hacía deporte.

Fuente original: El Mundo

Pedro Sánchez amaga con dimitir tras la investigación de su mujer

Autor: El Mundo

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