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El PP, sin apoyos para aprobar los Presupuestos, amenaza con elecciones

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Rajoy vive un momento agridulce. Elogiado en Europa por el giro copernicano de la economía española y por haber podido resistir en La Moncloa el embate de la crisis, la irrupción de los populismos, la ola de malestar social..., afronta sin embargo en casa una situación delicada en un clima de tensa calma. Fuera de la zona de máximo confort que proporcionaba la mayoría absoluta, el Gobierno se asoma a una etapa de alto riesgo. Los pronósticos de asesores y analistas la sitúan en plena primavera y preparan al presidente para un «mayo explosivo».

Lo publica el diario El Mundo.

Hay pocas posibilidades de sortear los peligros que empezarán a gotear en las próximas semanas. El primero, como explican en el círculo de Rajoy, es inminente: el decreto de la estiba, que no cuenta con garantías de ser convalidado en el Congreso de los Diputados, un tropezón que de confirmarse sería «muy grave», en opinión de un Gobierno muy poco acostumbrado a perder.

Y de inmediato, llegará la batalla de los Presupuestos. El Ejecutivo tiene previsto aprobar el proyecto el viernes 31 de marzo y remitirlo a las Cortes el martes 4 de abril. Será entonces cuando se abra de verdad una negociación vital entre el Gobierno y su partido y el resto de las fuerzas parlamentarias. Una negociación con pocas posibilidades en la que el foco se situará sobre el PSOE instalado de nuevo en este contexto en el «no es no».

«Emprenderemos de nuevo la lucha por intentar el apoyo o como mínimo la abstención de los socialistas, y no será fácil», explican en La Moncloa conscientes de que la postura del PSOE, inmerso en su grave dilema interno, se radicalizará.

En el Gobierno han estudiado minuciosamente el calendario y las perspectivas no son buenas. Los cálculos apuntan a que en torno al 2 o 3 de mayo la Cámara estará votando las enmiendas a la totalidad del proyecto de Presupuestos para 2017.

Es éste un trámite que con el apoyo -aún no amarrado- del PNV podría superarse. La votación de la Cámara arrojaría un empate de síes y noes a 175. De ser así, los diputados votarían tres veces y, de repetirse el mismo resultado, las enmiendas de devolución quedarían rechazadas. Pero sería una victoria pírrica que sólo abriría la puerta a un calvario de nuevas negociaciones y votaciones sobre cada una de las secciones del Presupuesto. Todas han de ser aprobadas. Una sola votación fallida sobre uno de los capítulos de las cuentas del Estado impide la aprobación de todo el proyecto.

El Gobierno mantiene contactos con los nacionalistas vascos para intentar sumar apoyos pero el PNV, explican en la dirección parlamentaria del PP, se resiste a dar el respaldo si no hay garantía cierta de que las cuentas vayan a ser aprobadas. «No les gusta la idea de apoyar y retratarse junto al Gobierno para finalmente no llegar a nada. Para ellos supone un coste político que no quieren asumir sin tener aseguradas las contrapartidas del éxito».

Y Rajoy, hoy por hoy, no puede ofrecerles esa seguridad. Justo cuando se voten las enmiendas a la totalidad se cumplirá el plazo establecido por ley -el 3 de mayo- a partir del cual el presidente del Gobierno recupera la facultad de convocar nuevas elecciones. «El fantasma del adelanto electoral aparecerá en los artículos de todos los analistas y se repetirá a cada tropiezo del Gobierno», vaticinan en La Moncloa. El secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón, insiste en que el presidente rechaza de plano la posibilidad de la convocatoria anticipada. «Intentará cumplir con su obligación de gobernar hasta el último minuto», asegura aun siendo consciente de que las posibilidades se agotan en la misma medida que el PSOE se enroque.

En torno al 20 de mayo, los socialistas, «abiertos en canal» -en expresión de un alto cargo del Gobierno-, acudirán a sus primarias. En las dos semanas previas el PSOE se habrá sumido en una espiral de pronunciamientos por parte de sus candidatos a cada cual más duro. Ninguno, ya sea Sánchez, López o Díaz, querrá emparejarse ni de lejos con ninguna de las tesis gubernamentales. El ambiente se radicalizará.

«Si vence Pedro Sánchez tendremos graves problemas», admiten en La Moncloa. Y advierten: «Su discurso del no es no implica un doble no al país: el primer no es al crecimiento económico y la estabilidad y, el segundo, es un no a defender la unidad de España junto a los partidos constitucionalistas».

En todo caso, aseguran en el entorno de Rajoy, el presidente intentaría entenderse con quien lidere el PSOE. «Lo intentaría», insisten, «hasta el final, pero si constata que se estrella contra un muro, entonces no habría más remedio que pensar en el adelanto de las elecciones».

En La Moncloa han percibido con claridad dos etapas en la relación con la Gestora socialista. Un antes y un después del anuncio de la precandidatura de Sánchez. La primera estuvo marcada por un «entendimiento muy aceptable»; la segunda, por el aumento de la tensión y el alejamiento. En el círculo del presidente lo ven lógico. «Pedro Sánchez ejerce una influencia clara en buena parte de la militancia en la que prenden sus eslóganes muy alejados de la moderación. En Ferraz son conscientes y ha cundido el miedo a que se vea a la Gestora y a su candidata favorita, Susana Díaz, excesivamente emparejada con los postulados del PP».

Por ello, en buena medida encuentran explicación a la postura intransigente que hoy por hoy mantiene el PSOE ante la perspectiva de negociación de los Presupuestos. «Y el mayor problema», afirman en el Gobierno, «no serían los de 2017, un año que podemos superar con los de 2016 prorrogados, que al fin y al cabo son unas cuentas muy nuestras, muy de Rajoy, y el techo de gasto aprobado; el gran escollo se produciría con el proyecto de Presupuestos para 2018, que debería empezar a tramitarse en septiembre». Si no salen adelante las Cuentas de 2017 entraremos, en opinión del Gobierno, «en un periodo de inestabilidad», si bien afirman que «no habría convocatoria de elecciones por ello». Otra cosa es, y aquí nadie se atreve a hacer vaticinios y poner la mano en el fuego, si en otoño no salieran los Presupuestos de 2018.

Para el Gobierno, una de las derivadas del embrollo socialista radica en la «contaminación» que ejerce sobre Ciudadanos. El «socio preferencial» -como le denomina Rajoy- ha empezado a dar señales de claro alejamiento. Las últimas, esta semana a cuenta de la imputación del presidente de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, y de la reticencia del PP a aceptar la creación de una comisión de investigación sobre su caja B.

«Todo discurría razonablemente, incluso bien, hasta que el PSOE, arrastrado por el miedo a Pedro Sánchez, ha tomado distancias», explican en el Gobierno. Según su análisis Rivera teme verse a solas al lado del PP. En definitiva, mientras podía percibirse una cierta alianza a tres -PP, PSOE, Ciudadanos- en los asuntos clave, el partido de Rivera se sentía cómodo. Podía explotar su papel de mediación y facilitación de diálogo en pro de los intereses generales. Ahora que el PSOE se aleja, C's se ve tentado a aproximarse más a él que a los populares.

En esta situación, los de Rivera aseguran que los últimos roces con el Gobierno no condicionarán su previsible apoyo a los Presupuestos Generales del Estado. Pero en el Gobierno ya desconfían y avisan: «No nos saldrá barato».

 

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